lunes, 9 de abril de 2018

LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA GUARDIA CIVIL

 UNA HISTORIA DE VIOLENCIA Y DESCONFIANZA


          A través de documentación inédita, Agustín M. Pulido Pérez ofrece el análisis de las relaciones, basadas en la desconfianza y la violencia, entre la institución armada y los diferentes gobiernos republicanos. Desde la insurrección de la cuenca del Llobregat en 1932 hasta los sucesos de Casa Viejas, pasando por la «Sanjurjada» o la Revolución de Asturias de 1934, acontecimientos todos ellos de extrema tensión y violencia en los que la Guardia Civil intentó garantizar un orden público que por momentos se alejaba irrefrenablemente de la serenidad requerida para la paz social. 

                                              
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        Agustín M. Pulido Pérez es oficial de la Guardia Civil y ejerce como profesor en la Academia de Suboficiales de la Benemérita. Licenciado en Geografía e Historia por la UNED es también doctor por la misma institución académica.

                 



  Tras la dimisión del general Miguel Primo de Rivera en enero de 1930, Alfonso XIII, con un gobierno de concentración monárquica, convoca una ronda de elecciones que debían servir para recuperar la legitimidad democrática. Sin embargo, en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, los republicanos triunfan en 41 capitales de provincia. El 14 de abril se proclama la República en las distintas ciudades y capitales. Alfonso XIII abandona España camino del exilio, que pasó principalmente en Roma donde falleció en 1941 poco después de abdicar en favor de su hijo D. Juan de Borbón, Conde de Barcelona.


    Desde 1929 se produce la crisis económica mundial conocida como la Gran Depresión que se prolongó hasta la II Guerra Mundial. Estos años conocieron una gran agitación política y social en todo el mundo.

          En España se produjeron desórdenes y la Guardia Civil hubo de intervenir en defensa de la legalidad. Se suceden incidentes violentos, huelgas y disturbios. El 31 de diciembre de 1931 en Castilblanco (Badajoz) el alcalde requiere al Puesto de la Guardia Civil, formado por un cabo y tres guardias, para la disolución de una manifestación que se desarrollaba en el pueblo. Cuando el cabo se dirigía a los manifestantes es atacado y al intentar repeler la agresión resulta apuñalado por un vecino. Un guardia abre fuego pero la multitud derriba y desarma a los tres, que son muertos con sus propias armas. El 5 de enero siguiente, en Arnedo (La Rioja), tras una prolongada huelga, la Guardia Civil interviene en una manifestación y al ser acometida, sin duda pesando sobre su ánimo los hechos de Castilblanco de la semana anterior, hace fuego ocasionando la muerte de once manifestantes y heridas a otros veinte.

             Se produce un tenso debate político que finaliza con el cese del general Sanjurjo como Director General del Cuerpo al que sustituye el general Cabanellas el 3 de julio de 1932. En agosto de 1932 el general Sanjurjo se alza infructuosamente contra el gobierno de la Segunda República con el apoyo de ciertas unidades del Ejército y de la Guardia Civil. La conocida como Sanjurjada tiene como consecuencia que la Dirección General de la Guardia Civil dependiente del Ministerio de la Guerra se transforme en Inspección General para pasar a depender del Ministerio de Gobernación.


La Guardia Civil procede a disolver una manifestación no autorizada en Madrid, 1932
 
           Pese a todo, los desórdenes en ciudades y campos continuaban. Un ejemplo de ello son los sucesos del pueblo de Casas Viejas (Cádiz), donde tras una insurrección huelguista de tres semanas de duración en toda España, se declara por parte de la CNT el “comunismo libertario” el 10 de enero de 1933. Los anarquistas atacan el cuartel de la Guardia Civil, donde se encontraban un sargento y tres guardias, hiriendo de muerte al sargento y a uno de los agentes. El gobierno envía fuerzas de la Guardia de Asalto desde Madrid para reprimir la sublevación, las cuales, vencida la resistencia, prenden fuego a la casa donde se habían refugiado algunos de los participantes en la rebelión, falleciendo siete personas. La acción terminó con la ejecución sumarísima de una docena de vecinos detenidos en el municipio. Como resultado, el capitán Rojas, jefe de la compañía de la Guardia de Asalto que estaba al cargo de la operación, es objeto de una severa condena judicial. La crisis fue el pretexto para una ofensiva política por parte de la oposición que culminaría con la destitución del jefe del Gobierno, D. Manuel Azaña.

            Un clima en el que los sucesos descritos de Casas Viejas, Castilblanco y Arnedo, entre otros, revelan que el Gobierno de la República  empleaba a la Guardia Civil para el mantenimiento del orden y la legalidad. 

         En el mismo año de 1933 se transfiere el control de la 5ª Zona de la Guardia Civil, bajo mando de un general, comprendiendo las cuatro provincias catalanas, a la Generalitat de Cataluña.

          En este momento la Guardia Civil está desplegada en 19 Tercios distribuidos en cinco Zonas.

          En 1934, con un gobierno nuevo surgido de las elecciones de noviembre del año anterior, estalla la Revolución de Octubre: movimiento huelguístico revolucionario que se produjo entre los días 5 y 19 de octubre. En Madrid los huelguistas intentaron el asalto a la Presidencia del Gobierno. En el País Vasco se ocupan las zonas mineras e industriales hasta el día 12, cuando la intervención del Ejército sofoca la revolución con un saldo de al menos 40 muertos. En Barcelona, el gobierno de la Generalitat presidido por Lluís Companys, proclama el Estado Catalán dentro de una República Federal Española. En Asturias, donde los mineros disponían de armas y dinamita y la revolución estaba bien organizada, se proclama la República Socialista Asturiana.

          En esta última, con la intervención de la Legión y los Regulares del Ejército de África, se consigue sofocar la insurrección el 19 de octubre. La Guardia Civil desde el principio sufrió el ataque a sus puestos. Al caer la noche del día 5, más de veinte cuarteles del Cuerpo habían caído en poder de los sublevados y 98 casas cuartel estaban destruidas. El 19 de octubre la Guardia Civil registraba más de 100 muertos, la mayor parte de los cuales pertenecían a la Compañía de Sama de Langreo que, formada por apenas sesenta guardias civiles a las órdenes del capitán Alonso Nart  defendieron su posición durante más de treinta horas de asedio. Forzado por la falta de agua, alimento y munición, el capitán Nart ordenó romper el cerco en una salida sorpresa y audaz a plena luz del día. La superioridad numérica y las buenas posiciones de los revolucionarios hicieron fracasar el intento. Los guardias se dispersaron y, aunque ofrecieron tenaz resistencia, fueron abatidos uno a uno. El propio capitán, aislado y herido por dos veces, continuó luchando hasta caer por las balas.

          El prestigio de la Guardia Civil salió reforzado, mereciendo el reconocimiento del Gobierno que, por medio de un decreto, concede al Instituto la Corbata de la Orden de la República el 12 de febrero de 1935 “para premiar como recompensa colectiva los innumerables actos de heroísmo llevados a cabo por el personal del mismo y los relevantes servicios de carácter cívico y humanitario que ha rendido a España y a la República en el cumplimiento de sus deberes”.

           En Cataluña, la Benemérita vuelve a depender del Ministerio de la Gobernación tras la desaparición del efímero Estado Catalán. El presidente de la Generalitat y sus altos dirigentes fueron detenidos, juzgados y condenados.


          La Segunda República fue uno de los periodos más convulsos del siglo XX español. Una época en la que afloraron conflictos políticos y sociales que desembocarían en una triste y desoladora guerra. La Guardia Civil, como principal cuerpo de seguridad del estado, tuvo un papel decisivo en el mantenimiento del orden público.


           La Guardia Civil, que siempre se encuentra a disposición del gobierno, temía sin lugar a dudas que la recién creada guardia de asalto a la que se había dotado 
de mayores medios con porras y gases fueran suplantando al cuerpo benemérito en el control del orden público para lo que disponían, como unidad del ejército, de armas de fuego mucho más conflictivas.

    El comportamiento de la benemérita dependió del posicionamiento de los oficiales. Mientras en Sevilla la Guardia Civil se alinea con los sublevados, en Madrid no permitieron que se tomase el palacio de Comunicaciones. En Navarra fue donde cayo el primer mando oficial que muere a consecuencia de que su subordinado era partidario del levantamiento. En septiembre desaparecerá en la parte republicana la Guardia Nacional Republicana por lo que el autor concluye aquí su estudio sin tener que implicarse.



       Recomendamos la entrada a nuestro blog a raíz del libro de Lorenzo Silva: Recordarán tu nombre






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