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viernes, 20 de enero de 2023

DIARIO DE COLÓN - MANUSCRITO ORIGINAL DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS - Edición especial ALTAE







Motivo que decora las guardas

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DIARIO DE COLON. Libro de la Primera Navegación y Descubrimiento de las Indias. 

Facsímil + Trascripción: 2 tomos

Edición especial de 200 ejemplares numerados, estampados con técnicas artersanas, sobre papel hilo verjurado ahuesado.

Edita: ALTAE,

Madrid. 2005.

Publicado por Guillermo Blázquez. 

Encuadernación artística en dos volúmenes en tela aterciopelada con estampaciones y gofrados. 

2 tomos en estuche de cartón rígido.

(XXIII p., 67, 67 h., [6] h. de láminas en b-n y color.  

Tomo fascsímil.

150 + 80 pp., 25 x 34 cm.

Ilustraciones a toda página y grabaditos a dos tintas al margen del texto. 

ISBN 10: 8496539024  

ISBN 13: 9788496539020

P.V.P. 295,00 €


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​Relación del primer viaje de D. Cristóbal Colón para el descubrimiento de las Indias​ (1492). Reproducción y transcripción a partir del manuscrito copiado de Bartolomé de las Casas.

Introducción por Manuel Lucena Giraldo. Nos encontramos ante la transcripción del Libro de la primera navegación y descubrimiento de las Indias que se entregó a los Reyes Católicos y se encuentra desaparecido, el traslado del autor de la Brevisima relación de la destrucción de las Indias resumido y con las ampliaciones del Diario de a bordo por las notas del padre dominico. Fue conocida por el hijo del Almirante, que redacta Fernando en 1571, utilizando diferentes traslados.


De la narración empezamos el viaje desde el 3 de agosto de 1492, recogeremos el momento de duda y cansancio inmediatos al día del encuentro con la Tierra del "Nuevo Mundo" y el final del tornaviaje el 15 de marzo del año 1493:

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    Este es el primer viaje y las derrotas y camino que hizo el Almirante don Cristóbal Colón cuando descubrió las Indias, puesto sumariamente, sin el prólogo que hizo a los Reyes, que va a la letra y comienza de esta manera: In Nomine Domini Nostri Jesu Christi.

Porque, cristianísimos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos Príncipes, Rey y Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestros Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa y haber acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año a dos días del mes de enero por fuerza de armas vi poner las banderas reales de Vuestras Altezas en las torres de la Alhambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad y vi salir al rey moro a las puertas de la ciudad y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe mi Señor, y luego en aquel presente mes, por la información que yo había dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un Príncipe llamado Gran Can (que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes), como muchas veces él y sus antecesores habían enviado a Roma a pedir doctores en nuestra santa fe porque le enseñasen en ella, y que nunca el Santo Padre le había proveído y se perdían tantos pueblos creyendo en idolatrías o recibiendo en sí sectas de perdición, Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver a los dichos príncipes, y los pueblos y tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de vuestros reinos y señoríos en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me ennoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don, y fuese Almirante Mayor de la Mar Océana y Virrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase, y de aquí en adelante se descubriesen y ganasen en la Mar Océana, y así me sucediese mi hijo mayor, y así de grado en grado para siempre jamás. Y partí yo de la ciudad de Granada a doce días del mes de mayo del mismo año de 1492, en sábado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante hecho, y partí del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a tres días del mes de agosto del dicho año, en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha Mar Océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos Príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se vera. También, Señores Príncipes, allende de escribir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del Mar Océano en sus propios lugares, debajo su viento, y más, componer un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran trabajo.


Viernes, 3 de agosto

Partimos viernes tres días de agosto de 1492 de la barra de Saltés, a las ocho horas. Anduvimos con fuerte virazón hasta el poner del sol hacia el Sur sesenta millas, que son quince leguas; después al Sudoeste y al Sur cuarta del Sudoeste, que era el camino para las Canarias….

Miércoles, 10 de octubre

Navegó al Oessudoeste. Anduvieron a diez millas por hora y a ratos doce y algún rato a siete, y entre día y noche cincuenta y nueve leguas. Contó a la gente cuarenta y cuatro leguas no más. Aquí la gente ya no lo podía sufrir: quejábase del largo viaje. Pero el Almirante los esforzó lo mejor que pudo, dándoles buena esperanza de los provechos que podrían haber. Y añadía que por demás era quejarse, pues que él había venido a las Indias, y que así lo había de proseguir hasta hallarlas con la ayuda de Nuestro Señor.

Jueves, 11 de octubre

Navegó al Oessudoeste. Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje habían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla. Los de la carabela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado de escaramujos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, veintisiete leguas.


Después del sol puesto, navegó a su primer camino, al Oeste; andarían doce millas cada hora y hasta dos horas después de media noche andarían noventa millas, que son veintidós leguas y media. Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana; puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra; pero llamó a Pero Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, y díjole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y viola; díjole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en el armada por veedor, el cual no vio nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Después de que el Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir y cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que veía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes habían prometido, que eran diez mil maravedís de juro a quien primero la viese. A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda el armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias. «Yo -dice él-, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano Son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hice señas qué era aquello, y ellos me mostraron cómo allí venían gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos; que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos, en esta isla.» Todas son palabras del Almirante.

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Sábado, 13 de octubre

« Luego que amaneció vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy hermosa: los cabellos no crespos, salvo corredios y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha más que otra generación que hasta aquí haya visto, y los ojos muy hermosos y no pequeños, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues está Este Oeste con la isla de Hierro, en Canaria, bajo una línea. Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra, y grandes, en que en algunas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras más pequeñas, hasta haber de ellas en que venía un solo hombre. Remaban con una pala como de hornero, y anda a maravilla; y si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vacían con calabazas que traen ellos. Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho. Trabajé que fuesen allá, y después vi que no entendían en la ida. Determiné de aguardar hasta mañana en la tarde y después partir para el Sudeste, que según muchos de ellos me enseñaron decían que había tierra al Sur y al Sudoeste y al Noroeste, y que éstas del Noroeste les venían a combatir muchas veces, y así ir al Sudoeste a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, que es placer de mirarla; y esta gente harto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y temiendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas rescataban hasta que vi dar dieciséis ovillos de algodón por tres ceotís de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos habría más de una arroba de algodón hilado. Esto defendiera y no dejara tomar a nadie, salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestras Altezas si hubiera en cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz; más, por no perder tiempo quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango. Ahora, como fue noche, todos se fueron a tierra con sus almadías.»


Domingo, 14 de octubre

«En amaneciendo mandé aderezar el batel de la nao y las barcas de las carabelas, y fui al luengo de la isla, en el camino del Nordeste, para ver la otra parte, que era de la otra parte, del Este que había, y también para ver las poblaciones, y vi luego dos o tres, y la gente que venían todos a la playa llamándonos y dando gracias a Dios. Los unos nos traían agua; otros, otras cosas de comer; otros, cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando y venían, y entendíamos que nos preguntaban si éramos venidos del cielo. Y vino uno viejo en el batel dentro, y otros a voces grandes llamaban todos, hombres y mujeres: «Venid a ver los hombres que vinieron del cielo; traedles de comer y de beber». Vinieron muchos y muchas mujeres, cada uno con algo, dando gracias a Dios, echándose al suelo, y levantaban las manos al cielo, y después nos llamaban que fuésemos a tierra. Mas yo temía de ver una grande restinga de piedras que cerca toda aquella isla alrededor, y entre medias queda hondo el puerto para cuantas naos hay en toda la Cristiandad, y la entrada de ello muy angosta. Es verdad que dentro de esta cinta hay algunas bajas, mas la mar no se mueve más que dentro en un pozo. Y para ver todo esto me moví esta mañana, porque supiese dar de todo relación a Vuestras Altezas y también adónde pudiera hacer fortaleza, y vi un pedazo de tierra que se hace como isla, aunque no lo es, en que había seis casas, el cual se pudiera atajar en dos días por isla; aunque yo no veo necesario, porque esta gente es muy simplice en armas, como verán Vuestras Altezas de siete que yo hice tomar para les llevar y aprender nuestra habla y volverlos, salvo que Vuestras Altezas cuando mandaren puédenlos todos llevar a Castilla o tenerlos en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tendrán todos sojuzgados y les harán hacer todo lo que quisieren. Y después junto con la dicha isleta están huertas de árboles las más hermosas que yo vi, y tan verdes y con sus hojas como las de Castilla en el mes de abril y de mayo, y mucha agua. Yo miré todo aquel puerto y después me volví a la nao y di a la vela, y vi tantas islas que yo no sabía determinarme a cuál iría primero. Y aquellos hombres que yo tenía tomado me decían por señas que eran tantas y tantas que no había número, y nombraron por su nombre más de ciento. Por ende yo miré por la más grande, y a aquélla determiné andar, y así hago, y será lejos de ésta de San Salvador cinco leguas; y las otras de ellas más, de ellas menos. Todas son muy llanas, sin montañas y muy fértiles y todas pobladas, y se hacen la guerra la una a la otra, aunque éstos son muy símplices y muy lindos cuerpos de hombres.»

Ayer, después del sol puesto, siguió su camino al Sur, y antes del sol salido se halló sobre el Cabo de San Vicente, que es en Portugal. Después navegó al Este para ir a Saltés, y anduvo todo el día con poco viento hasta ahora que está sobre Faro.


Viernes, 15 de marzo

Ayer, después del sol puesto, navegó a su camino hasta el día con poco viento, y al salir del sol se halló sobre Saltés, y a hora de mediodía, con la marea de montante, entró por la barra de Saltés hasta dentro del puerto de donde había partido a 3 de agosto del año pasado Y así dice él que acababa ahora esta escritura, salvo que estaba de propósito de ir a Barcelona por la mar, en la cual ciudad le daban nuevas que Sus Altezas estaban, y esto para les hacer relación de todo su viaje que Nuestro Señor le había dejado hacer y le quiso alumbrar en él. Porque ciertamente, allende que él sabía y tenía firme y fuerte sin escrúpulo que Su Alta Majestad hace todas las cosas buenas y que todo es bueno salvo el pecado y que no se puede abalar ni pensar cosa que no sea con su consentimiento, «esto de este viaje conozco -dice el Almirante- que milagrosamente lo ha mostrado, así como se puede comprender por esta escritura, por muchos milagros señalados mostrados en el viaje, y de mi, que ha tanto tiempo que estoy en la Corte de Vuestras Altezas con opósito y contra sentencia de tantas personas principales de vuestra casa, los cuales todos eran contra mí poniendo este hecho que era burla. El cual espero en Nuestro Señor que será la mayor honra de la Cristiandad que así ligeramente haya jamás acaecido». Estas son finales palabras del Almirante D. Cristóbal Colón de su primer viaje a las Indias y al descubrimiento de ellas.


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martes, 24 de marzo de 2020

EL PIANISTA: (Memorias de Wladislaw Szpilman) LA PELÍCULA DE POLANSKI Y LOS DERECHOS HUMANOS

      La demanda de libros ha cambiado durante estos días de encierro de la que podemos considerar como la III Guerra Mundial, la primera bacteriológica del siglo XXI. Con anterioridad se dieron pandemias importantes en la Edad Media cuando en el siglo XIV hubo peste bucólica; y en el siglo XX, la mal bautizada como "Gripe Española del 18", cuando la habían traído a Europa los soldados americanos durante la I Guerra Mundial. En estos días se piden más libros de salud, de testimonios de personas que estuvieron apresados por la Alemania Nazi: Los libros de Viktor Frankl como El hombre en busca de sentido, que nos enseñan a superar los problemas con la ilusión de la vida y cómo de las experiencias malas también somos capaces de sacar lo positivo; Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio del cura anglicano Dietrich Bonhoeffer que dejó su vida al oponerse a Hitler; las memorias de Wladislaw Szpilman en El Pianista del gueto de Varsoviallevadas al cine.






EL PIANISTA, de Roman Polanski



       El alma de una película generalmente suele ser obra del director. Este es el caso de Roman Polanski que vio en El pianista el interés en llevar a la gran pantalla sus recuerdos de infancia a partir de las memorias de Wladyslaw Szpilman. Unas vivencias donde se muestra el holocausto nazi que Polanski padeció durante su niñez al ser uno de los supervivientes del bombardeo de Varsovia y del gueto de Cracovia y que afectó trágicamente a su familia, lo que veremos en su biofilmografía. Ronald Harwood ha sido el encargado de adaptar el guión a la gran pantalla, trabajo que fue reconocido con el Óscar de Hollywood.


     El Pianista se ha realizado en régimen de coproducción por lo que el título original de la película es tanto Le Pianiste, en francés, por ser el socio mayoritario en participación de la productora R.P. Productions, labor llevada a cargo por Alain Sarde;  junto a la producción del propio Roman Polanski para la polaca Heritage Films; la alemana Studio Babelsberg; y la inglesa Runteam Ltd, del productor Robert Benmussa. Por lo tanto, una película europea que también se ha distribuido bajo el título original inglés The Pianist. Un esfuerzo compartido para aumentar el presupuesto y facilitar la distribución de un film que ya de por sí trata un tema muy universal.


   La violación de los derechos humanos ha trascendido para otorgar al largometraje premios internacionales a la mejor película con la Palma de Oro en Cannes, el Óscar de Hollywood, el Globo de Oro, el BAFTA, el Cesar, el Donatello y el Goya en nuestro país. La factura del film es muy completa desde el punto de vista artístico, como en el diseño de vestuario a cargo de Anna Sheppard. La caracterización de los personajes se encuentra muy conseguida, principalmente el papel de Adrien Brody que da vida al pianista Wadyslaw Szpilman y lleva el peso interpretativo a lo largo de todo el metraje de la película por lo que su esfuerzo se ha visto recompensado con tantos galardones como kilos se fue dejando el actor intérprete mientras mostraba la miseria, y las vicisitudes que tuvo que afrontar el protagonizador de los hechos durante la ocupación alemana. La fría fotografía de Pawel Edelman ha contribuido a dar ese clima plomizo que infunde el relato y fue valorada con el Premio del Cine Europeo. El montaje de Herve de Luze facilita que su larga duración de casi dos horas y media se nos pasen desapercibidas.


           El holocausto por su dureza se ha desarrollado como un drama para reflejar el antisemitismo desde la creencia en "la supremacía de la raza aria nazi" que también fue la causa desencadenante de la II Guerra Mundial que se inicia con la invasión de Polonia, patria del director. El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invade Varsovia. Al judío Wadyslaw Szpilman le sorprende tocando el piano en la emisora de radio. A pesar de sentir los bombardeos que revientan los ventanales y el estudio no quiere interrumpir su melancólica melodía. Rápidamente vemos como el antisemitismo va coartando las libertades a los judíos que no pueden disponer de más de 2.000 zlotys en el bolsillo; tienen prohibido el acceso a lugares públicos como parques, andar por la acera y la entrada a locales; y, además, son apiñados en un gueto que no reúne las mínimas condiciones de salubridad, donde padecen hambre y miseria. La familia Szpilman, al igual que la inmensa mayoría de los judíos polacos, primero es conducida al gueto y después a un campo de concentración nazi. Wadyslaw se salva por mediación de un miembro del servicio de seguridad que le libera cuando se dispone a subir al tren. Los judíos se ven sometidos a vejaciones: eran marcados con brazaletes en el gueto a luego a llevar tatuado un número en los campos de concentración; humillados, cortándolos el paso, reírse de ellos haciéndoles bailar, cantar y pegándoles.


   Los judíos fueron sometidos a trabajos forzados para los alemanes. En la marcha de recogida nocturna donde los judíos se retiran finalizada la jornada son recriminados por los militares alemanes sin una explicación aparente. Al ser preguntados Wadyslaw no sabe por qué son fustigados y ni tan siquiera que sea Navidad. Los alemanes disfrutan pegando a los judíos mientras se emborrachan. Les obligan a que canten algo alegre y ellos optan, arriesgadamente, por entonar un tema subversivo: “himno a la bandera por la liberación de los oprimidos”, mientras, arrojan pistolas por encima del muro para fomentar la resistencia. Los alemanes se alejan complacidos por la melodía, sin percatarse del significado de la letra de la composición.


 Por mediación de los clandestinos Wadyslaw Szpilman traspasa el muro del gueto y vive oculto como topo, sin contacto con el exterior, y enferma por malnutrición. Gracias a su amiga Dorota recibe, en secreto, asistencia médica. Wadyslaw se muestra como una persona muy sensible y no se manifiesta con la radicalidad que adopta su hermano ante las injusticias a las que están siendo sometidos mientras que él se limita a subsistir y padecer la trágica realidad que le toca vivir. Dorota representa el amor, una admiración correspondida que los alemanes truncaron para hacerla imposible ya desde que se conocieron en la intervención alemana del primer bombardeo de Varsovia y que no pudieron presentarse durante más tiempo. Cuando Wadyslaw trabaja forzosamente para los alemanes levantando muros, aunque lo que quisiera es acercarse a ella no puede abandonar su puesto. Además, la ayuda a los judíos se castiga con la horca. Dorota no entiende el antisemitismo y apoya la causa de los judíos contra Hitler, pues ella, sin ser judía ha perdido a su hermano, amigo de Wadyslaw. Dorota ha rehecho su vida, se ha casado y espera un hijo. En casa de Dorata, que también es músico, hay un piano y Wadyslaw desliza sus manos sobre las teclas y siente la música que sonaría pero al igual que se encuentra privado de las libertades tampoco puede tocar el piano para no hacer ruido.


En otra situación podemos ver como Wadyslaw se sentirá agobiado al caerse los cacharros de la cocina. La vecina polaca al oír ruido en la casa donde Wadyslaw se esconde quiere delatarlo por judío e intenta apresarle. Está probado que el ser humano se pone de parte del vencedor para sentirse ganador a la vez que para quitarse problemas. Ocurrió en la Guerra Civil española cuando todos los que se encontraban en el bando dominado por los militares sublevados se hicieron falangistas, algo en lo que reincidiremos cuando hablemos de la xenofobia contra los judíos vivida por los franceses con la dominación alemana.


 Desde la ventana Wadyslaw contempla la subversión en las calles y la represalia alemana que arrasa las casas de los rebeldes con lanzallamas. En su deambular por las ruinas de Varsovia va en busca alimento que llevarse a la boca y encuentra una lata de verduras que no acierta a abrir. Se sirve para ello de los útiles que se emplean para avivar la chimenea pero el recipiente se cae y rueda hasta ir a parar a los pies de un militar de la werhmacht. El oficial le interroga mientras Wadyslaw, sigue aferrado a su lata y a petición de aquel toca al piano un tema musical que apela a la conciencia del militar. El capitán alemán cansado de la contienda se compadece del músico y en lugar de delatar a Szpilman, sin importarle que sea judío, le proporciona comida, un abrelatas y hasta le cede su capote contra el frío -deja claro que tiene otro que abriga más-, indumentaria que nuestro protagonista porta, en 1944, cuando los rusos liberan Varsovia y disparan a Wadyslaw pensando que es alemán. Una vez alcanzada la normalidad vuelve a tocar en la emisora de radio e intenta localizar al oficial alemán que medió por él sin tan siquiera llegar a desvelar su identidad. Paradojas de la vida, el destino deportó que el oficial Wilm Hosenfeld muriera en un campo de concentración soviético pagando por las víctimas judías que habían perdido la vida en campos de exterminio nazi.


       Nos encontramos ante el mayor genocidio humano que de manera indiscriminada atenta contra el derecho a la vida, conocido como holocausto nazi que tuvo como señas de identidad a la masacre de judíos en las cámaras de gas de los campos de exterminio y el modus operandi de disparar con la pistola en la nuca a personas elegidas al azar en las formación de los pelotones. La persona que no contaba con plenas facultades físicas era sacrificada de inmediato. Los muñidos, (lisiados) por inutilidad o por no ser aptos para el trabajo eran asesinados.


Los alemanes atentaron contra la libertad religiosa y de pensamiento. No se puede discriminar a una persona por discrepar con ella por sus creencias religiosas o sus ideas. Los xenófobos aprovecharon el acoso a los judíos, como hace la vecina rubia que le amenaza con denunciarle. Muchos polacos, al igual que los franceses en la ocupación alemana, se pusieron de parte de los alemanes, apoyando y sintiéndose vencedores actuaron restringiendo el acceso de los judíos a los comercios como cuando quiere ir Wadyslaw con Dora al "pub".


   La película está planteada desde el punto de vista del protagonista, quien desconoce lo que está pasando en el frente y lo que sabe de la contienda es por noticias de los demás. Wadyslaw pregunta al capitán y por él tendrá noticia del avance ruso que retira a las fuerzas alemanas de la ocupación de Polonia. Hablamos del derecho a la información y los alemanes cortaron de inmediato la emisiones de la radio polaca.


   El derecho humano fundamental contra el que atenta la Alemania nazi es el derecho a la vida. El asesinato generalizado provoca a una situación de pánico al afrontar los crímenes indiscriminados en los elegidos de las formaciones. Se mata mediante la privación a la gente de poder comer y beber, de alimentación básica y la necesidad es tal que se llega a comer la sopa entre el barro. La comida en situaciones de necesidad debe administrarse y repartirse. A los muertos no se los recoge de la calle y a lo sumo les apilan para quemarlos. Sería el derecho a ser enterrado dignamente cuando en la película vemos muertos en medio de las calles y que ni tan siquiera son retirados.


El maltrato al menor y los derechos del niño, vigentes desde la Declaración de Ginebra (1924),  carecen de contemplaciones en la Alemania nazi. Al niño que retorna por el túnel cavado por debajo del muro le propician una brutal paliza incompatible con la vida, tan sólo por haber hecho acopio de unos pocos víveres. Al niño pequeño en brazos de su madre se le priva de beber agua. La falta de educación y la visión de la guerra para un niño es traumática y ningún niño de la película se muestra feliz. No tiene que pensarse en riqueza o vida ostentosa, pensamos en el niño de La vida es bella, los niños gitanos que son felices en su cante alrededor de una fogata o los niños saharauis corriendo y jugando por el desierto.


 Cuando se concentra a los judíos en un gueto o barrio marginal se produce una situación de toque de queda, momento que se hace el silencio y no se puede salir a la calle. Se prodigan las detenciones forzadas y Wadyslaw Szpilman está dispuesto a saltar por la ventana y morir antes que entregarse a la Gestapo, otros optan por administrarse veneno.

La psicosis de las personas ante una situación de horror y pánico las enloquece, como la señora que busca a su marido y la madre traumatizada por haber ahogado involuntariamente a su hijo. La película muestra símbolos de la sin razón como esa niña triste que porta una jaula sin puerta en la que ya no hay pájaro porque se habrá escapado, lo han liberado o se lo han comido.

 La privación de libertad junto a la obligación de ejercer trabajos forzados llevan a considerar la situación de los judíos de esclavitud. Como dice Kant, no se puede utilizar a las personas, puesto que esta es fin en si misma. Se pueden utilizar objetos, pero no se puede maltratar ni esclavizar a otras personas o servirse de ellas para sus propios objetivos, puesto que estas también tienen los suyos. Los alemanes utilizaron a los judíos como mano de obra e incluso hicieron jabón con sus cuerpos. Kant ya determinó que era un estado impropio para el ser humano "obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otra, siempre como un fin y nunca solamente como un medio".


 Entramos en el derecho a la dignidad de la persona, a no ser amancillados, tratados como animales en el gueto y cuando son transportados hacinados en vagones de carga del tren.


 Los dos hermanos de Wadyslaw se adhieren a los suyos pese a que estaban descartados de ser deportados al campo de concentración. Muestra el derecho a no ser separado de los tuyos, de tu familia.


   Los alemanes no se atenían al derecho a la igualdad y muy por el contrario eran clasistas, cuentan con privilegios y ocupan en el tranvía un lugar preferente y mas holgados que los polacos.



              Comentario personal.

 En situaciones límite se vive una ética difícil de comprender: ¿pudieron admitir y querer los alemanes las terroríficas acciones del nazismo? Por otro lado, hubo gente que se aprovechó de las circunstancias para enriquecerse. El niño judío hace negocio vendiendo una porción de caramelo mientras que el padre de Wadyslaw prefiere compartir la golosina entre su familia a la vez que se pregunta de para qué querrá el dinero. Wadyslaw vende el reloj por comida y el estraperlista parece aprovecharse, al igual que el comprador del piano que ofrece una cantidad de dinero irrisoria.

 La película no opta por la vía fácil de escenas espectaculares que hubieran sido viables para una superproducción y que como coproducción hubiera podido hacerlo y, en su lugar, se centra en mostrar la soledad existencial que vive el protagonista. Todo lo observamos desde el punto de vista de Wadyslaw y se contempla desde detrás de la ventana o la puerta y así vemos a través del balcón la secuencia del señor que es arrojado desde este en silla de ruedas. Pero, como digo, Polanski no se recrea en los asesinatos combinando puntos de vista de una cámara subjetiva sino que opta por una visión mucho más limpia o clásica donde prima la puesta en escena. Prefiere mostrar una ciudad fantasmagórica que es arrasada y que contemplamos desde el expresionismo en el que se encuentra nuestro protagonista, que lesionado salta un muro en busca de víveres para intentar sobrevivir entre los escombros.

 Hay muchas cosas sugeridas que no se muestran en la película, como pueden ser los campos de exterminio donde es enviada la familia de Wadyslaw y de la que no llegamos a saber nada, igualmente son desconocidas por nuestro protagonista.

Como conclusión, la xenofobia es el principio fundamental por el que se produce el antisemitismo. La actuación de la Alemania nazi con los judíos son, por todo lo que engloba su calificación, crímenes de lesa humanidad*



* Crimen de lesa humanidad —o contra la humanidad— según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional todo aquel acto tipificado como asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales