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martes, 24 de mayo de 2022

FRANCISCA, de CRISTINA OLEBY Y MARIONA CABASSA. LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA DE GÉNERO



         La violencia de género necesita más referentes en la producción editorial tanto para que infantes e inconscientes sepan distinguirlo como para que se manifiesten los aquejados por la represión machista, como hace Cristina Farreras en La Loca. En el presente post nos centraremos en el álbum ilustrado Francisca, de Cristina Oleby y mencionamos otros trabajos interesantes como los de Edurne Portela, abordando una realidad que permanece oculta en el seno de las familias mientras emerge de la propia sociedad machista de cuño tradicional.   


UN CUENTO CONTEMPORÁNEO CON
MAGIA CLÁSICA 

   
Editorial: Oleby, 2021
Autora: Cristina Oleby
Ilustradora: Mariona Cabassa
Tapa dura, 21 x 25 cm, 36 pp.
ISBN: 9788412112351
P.V.P. 14,90€, con 5% de descuento 14,15

Recomendado de 5 a 99 años


Puede consultar disponibilidad en el correo:  


        Francisca es un cuento con apariencia de relato clásico al situar la acción en arquetipos del Medievo, sin embargo es una historia que acontece hace "mucho o poco tiempo", insinuando que pasaba desde antiguo al igual que sucede en nuestros días. 

Mientras él se sienta con vistas al exterior ella tiene la mirada hacia el muro 

    Enrique es el señor altivo que como cualquier enamorado se muestra en un principio muy atento y detallista. La naturaleza rinde honores con dos tortolitos como testigos. Según se va apagando su pasión pasa progresivamente a someter en dominio a Francisca en el castillo.

Los jardineros plantan setos para no poder ver el exterior

    Dentro de su fortaleza Enrique va ejerciendo un acoso psicológico mediante reproches, menosprecio e ignorando a su pareja.

         
Francisca se queda en casa sin salir mientras Enrique lleva una vida activa


   A Francisca se le proporciona de todo para que no tenga necesidad de salir del castillo y, por ello, se siente recluida entre las doce torres, el laberinto de plantas y los trescientas sesenta y cinco alojamientos.

Francisca teje un mantel con amor

     La metáfora del distanciamiento entre ellos en el comedor simboliza cómo se va haciendo imposible la comunicación entre ellos. 

La idea del alargamiento de la mesa la tomó la autora del relato visitando un castillo

    El personaje principal masculino no se transforma en "ogro", cuando el acoso psicológico y la modificación en el comportamiento de su carácter se manifiesta de manera progresiva hacia un ser malvado que le identifica un cuervo negro. Tampoco es intención de las autoras encasillar la historia en el pasado mientras texto e imagen resultan comedidos y exquisitos.  

La tragedia reflejada en la luz roja proveniente de la otra habitación, haciendo sufrir a Francisca. Los floridos tejidos de vivos colores, ahora se estampan con ramas secas que invaden el lecho. 

   El mérito del relato reside en la sutilidad que lo convierte en un cuento preciso y necesario. La violencia de género puede intuirse en pequeños detalles como en un dejar de hablar, faltar al respeto y cortar las "redes sociales" a la pareja con los amigos y familiares. 

El contacto de Francisca con la gente es anulado por Enrique

    El desarrollo de la trama transluce el guión de un cortometraje cinematográfico por la historia tan evocadora y la defensa de los derechos de la persona, valores en los que reincide la autora en sus obras. La idea la perfiló a lo largo de mucho tiempo y la asentó tras un viaje por los castillos de Polonia. Las historias de Cristina Oleby no se caracterizan por tener el final feliz de cuento y en este caso con mayor realismo. En El viaje de Nora la protagonista con sus muñecos no consiguen el fin cometido y se debe ahondar en que la experiencia es el tesoro obtenido. Francisca es una obra de autor, donde incluimos la contribución estética de la ilustradora.

La lluvia se introduce en la casa en donde Francisca viste de negro

    El 25 de noviembre, considerado como el día del fin de la violencia de género, la protagonista recibe la noticia de que va a ser madre y decide marcharse, liberándose junto a su hija en un final apoteósico, al galope, a lomos de un caballo blanco.

    Francisca de Pedraza fue la primera mujer española que denunció violencia de género por parte de su pareja y sería reconocida como tal, según sentencia de alejamiento de su cónyuge por la Corte de justicia de la Universidad de Alcalá de Henares, en 1624.

              

La autora escribió la obra pensando que lo ilustraría Mariona Cabassa 

    La ilustradora catalana Mariona Cabassa también se dedica a tatuar sobre la piel y está acostumbrada a trazar precisas filigranas que ejecuta para la ocasión mediante una técnica mixta de lápiz, ceras, rotulador y acrílico, aportando en sus vivos diseños el clasicismo que envuelve al cuento en una magia universal de todo tiempo y lugar.            

Artes finales de Mariona Cabassa para Francisca

     La bella fábula, resultante de las ilustraciones y su moraleja que no por su trama, anima a que todas las que porten antifaz puedan desposarse y arrojar las alforjas para superar la montaña arbórea y alcanzar la mar.  

Amar es dar sin esperar nada a cambio y debe manifestarse en ambos amantes 
Se dice de las palomas que son fieles a su pareja 

  Los varones tienen que aplicarse el cuento porque no "es cosa de niñas" y no se debe caer en el comportamiento que se critica. Se equivocan también los mayores que piensen que es un cuento infantil, así como los que crean que es un relato tan solo para los adultos. No podemos menos que sugerir la fórmula que no es otra sino el aprecio y el respeto, o lo que es lo mismo, cultivar día a día un amor hacia la pareja para que sea verdadero y perdure.    

 La obra supera la línea de lo fantástico del cuento hacia lo cotidiano, como alertan del peligro los grandes clásicos La ratita presumida y Caperucita roja, por lo que consideramos que Francisca es otro imprescindible que hay que leer hablándolo con nuestros menores y no puede faltar en ninguna biblioteca que se precie.   

Cristina Oleby con su trofeo en la 81 FLM 2022


Francisca ha sido seleccionado por la Fundación Cuatrogatos de Miami entre el centenar de libros recomendados en lengua española del año 2021. Soñemos que de la luna decreciente de la portada surja la luna nueva en la tapa final del cuento y que éste ayude al derrumbe de las fortalezas opresoras.   

Puede consultar disponibilidad en el correo:  



                          

    Cristina Fallarás aborda dos tiempos porque se retrotrae en La Loca a la reina Juana y, en tiempo actual, una mujer acosada por la violencia machista que la hace perder el habla. La autora vivió en primera persona una dura represión de género. En su libro nos muestra la violencia psicológica hacia las mujeres que antiguamente se recluían en el convento para poder ser libres y cultivarse. Se trataba de viudas que no querían volver a caer en la pesadilla de sus acosadores y las hijas que eran conducidas a clausura para que no tuvieran que soportar la violencia ejercida habitualmente por los hombres. El relato, en la actualidad, transcurre en una comunidad de mujeres que hay en la selva donde su protagonista consigue recuperarse. 



    Edurne Portela en Formas de estar lejos muestra cómo la violencia psicológica y el maltrato machista no es condición única de gente humilde y sin educación como suelen aparecer en los medios de comunicación por ser la que llega a terminar en tragedia. El acoso en la pareja se encuentra sometido desde el control y la anulación de la persona por la represión verbal y económica, pues también es muy habitual en las clases altas con un alto nivel de formación donde se oculta todavía más en secreto.                   


    Recomendamos las entradas a nuestro blog que defienden el empoderamiento de la mujer porque 8 de marzo y 25 de noviembre se reivindicarán todos los días mientras haya diferencias de género y acoso machista.



 







 

domingo, 1 de marzo de 2020

LAS SINSOMBRERO


LAS PENSADORAS Y ARTISTAS OLVIDADAS DE LA GENERACIÓN DEL 27





SABEMOS PERFECTAMENTE QUIÉNES SON FEDERICO GARCÍA LORCA, RAFAEL ALBERTI, SALVADOR DALÍ, LUIS BUÑUEL...


...SIN EMBARGO, DESCONOCEMOS A LAS MUJERES ESCRITORAS Y ARTISTAS QUE ANDABAN AL UNÍSONO DE LOS GRANDES CREADORES DE LA GENERACIÓN DEL 27




 Tània Balló - Bolsillo 9,45 €

     Este libro recupera la memoria y los avatares de varias mujeres, artistas y pensadoras de la generación del 27, cuyo legado resulta determinante en la historia de nuestro país, al igual que el de sus compañeros pertenecientes a esa ineludible generación literaria. El nivel cultural en España era muy elevado 
antes de la contienda y las vanguardias fueron referentes a nivel internacional.  

 Mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veinte y treinta. Pero la censura nacional se ceba con la creación femenina y se tardará en reconocer nombres femeninos y
 nos queda "Nada", como el título de Carmen Laforet.

 En la generación de oro de mujeres destacan escritoras, artistas plásticas, dramaturgas y pensadoras: 
Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Marga Gil Röesset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos, María Zambrano, Josefina de la Torre.




 La editorial Planeta permite acceder a la presentación del libro


Introducción 

 Un día se nos ocurrió a Federico, a Dalí, a Margarita Manso, que era estudianta [sic] de Bellas Artes, y a mí quitarnos el sombrero porque decíamos parece que estamos congestionando las ideas, y atravesando la Puerta del Sol nos apedrearon llamándonos de todo [...] ahhh, nos llamaron maricones por no llevar sombrero, se comprende que Madrid vio en eso como un gesto rebelde y por otro lado narcisista [...]. Yo me acuerdo que salía de mi casa con mi abrigo de piel de nutria y salían al balcón a ver si era verdad que yo no llevaba sombrero llevando nutria...
MARUJA MALLO






Señas de una generación 

¿Quiénes son Las Sinsombrero? Todos conocemos la Generación del 27. Tan popular grupo cultural da nombre no solo a una de las nóminas artísticas más excepcionales de la historia cultural española, sino que también identifica el devenir de unas décadas clave de nuestro país (1920-1930). 

 Durante los cuarenta años de dictadura que siguieron a la Guerra Civil, gran parte de los ilustres nombres de aquellos jóvenes intelectuales y artistas que protagonizaron ese boom de libertad y creatividad, que culminó con la proclamación de la Segunda República (1931-1939), fueron silenciados.

 Años después, con la recuperación de la democracia, algunos de los supervivientes de aquella época regresaron poco a poco a España. Su producción artística en el exilio, que durante los últimos años antes de su vuelta había empezado tímidamente a circular entre las esferas intelectuales más progresistas, les permitió ser reivindicados por una generación, nacida en plena dictadura, que estaba ávida por descubrir referentes ideológicos y creativos de un pasado que desconocían. 

 Así fue como, con su regreso, se abría, ante el nuevo paradigma político, social y cultural, la posibilidad de transformar, por fin, el imaginario colectivo e iconográfico sobre la victoria, y ellos, que habían luchado contra los fascistas y por ello habían sido condenados, podían ahora retornar como las figuras heroicas que eran. 

 Pero la historia en esa España de la Transición, dispuesta a volver a empezar, solo se reescribió en masculino.

 En el impulso de recuperar una cronología literaria, artística y social, por aquel entonces fragmentada y condicionada por un tácito pacto de silencio, no se tuvieron en cuenta las figuras femeninas que también vivieron durante años en el oscurantismo del exilio y por consiguiente fueron protagonistas por igual de aquel pasado que se estaba reivindicando. 

 Ellas también volvieron a casa, pero parece ser que la Historia no las esperaba. 

 Su ausencia en las innumerables antologías, estudios, biografías y memorias posteriores sobre el grupo del 27 (también conocido como generación de la República o de la Amistad) las enfrentó a una batalla de la que es muy difícil salir victorioso: el olvido. 

 Con el transcurso de los años, a pesar de que los textos e investigaciones que dan luz a la necesaria recuperación de sus figuras como miembros de pleno derecho de tan magnánima generación no son todavía muy numerosos, sí se consideran imprescindibles para elaborar, ahora sí, una justa relectura de la historia cultural española. Sin ellas la historia no está completa. 

 María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Margarita Manso, Ernestina de Champourcín, María Zambrano, Rosa Chacel, Ángeles Santos o Marga Gil Roësset son los nombres de algunas de estas figuras imprescindibles. No están todas las que fueron, pero es un buen inicio. 

 La descripción de los espacios comunes, no solo aquellos físicos sino también vitales y emocionales, en los que ellas deambularon construyendo un futuro colectivo son fundamentales para entender y descubrir la importancia, el talento, la lucha y los sueños de la que es la mejor generación femenina de la historia artístico-cultural de España, Las Sinsombrero. 

 Las artistas pertenecientes a la Generación del 27, al igual que sus integrantes masculinos, nacieron en un periodo comprendido entre 1898 y 1914, y tomaron Madrid como centro neurálgico, donde la gran mayoría residieron, estudiaron y desarrollaron su personalidad artística. Durante los últimos años de la década de 1920, empezaron a mostrar públicamente su obra, principalmente en aquellos lugares y espacios que acabarían convirtiéndose en los escenarios comunes de un nuevo orden cultural: Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, la Residencia de Estudiantes o el Lyceum Club Femenino, entre otros. Abiertos a los nuevos conceptos de modernidad y las corrientes vanguardistas, sobre todo el surrealismo, provenientes especialmente de Europa, pero también ávidos de recuperar la tradición popular española y sensibles a una realidad social con la que se sentían comprometidos, fueron capaces de transformar el panorama cultural y artístico de una España en proceso de cambio. 

 Y por último juntos, hombres y mujeres, se enfrentaron a un destino que rompió con sus vidas y sus carreras de forma abrupta y demoledora, desterrándolos, en su gran mayoría, a un exilio, del que algunos no regresaron. 

 Para trazar una correcta interpretación de una obra es interesante conocer el contexto que la produjo. Este «fuera de campo» —expresión a la que recurrimos la gente del cine para explicar aquello que sucede en los márgenes de la escena filmada pero que influye en la acción grabada— nos ayuda a entender lo que el autor/ artista nos quiere transmitir. Especialmente en contextos históricos. El lector o espectador de hoy tiende a interpretar lo que ve desde su propio presente, por lo que muchas veces no somos capaces de percibir el «fuera de campo», entendido como aquellos acontecimientos sociales y personales que afectan a la esfera emocional y racional del autor y, por consiguiente, a su proceso creativo. 

 En el caso de nuestras protagonistas, es importante trazar las circunstancias históricas con las que tuvieron que lidiar, sobre todo por su condición de mujeres. Porque ello afectó, y mucho, a la construcción de su autoría, y, en consecuencia, su obra se convirtió en el reflejo más fiel de su lucha personal por ser reconocidas como sujeto histórico.



El «YO existo» de una nueva mujer 

La pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) en la conocida como Guerra Hispanoamericana de 1898 sumergió a nuestro país en una profunda crisis nacional. Como afirmaba Raymond Carr en España 1808-1939 (Horas de España): 
«La destrucción pública de la imagen de España como gran potencia convirtió la derrota en un desastre moral. La derrota acabó con la confianza ya minada por la depresión económica y por la confusión política, y fue atribuida al sistema político que había presidido el desastre». 

 Más allá del plano político y económico, con cambios que propiciarían la apertura a la europeización, y con ello a la modernidad, fue en el campo intelectual donde más se hizo sentir la derrota. La conocida como Generación del 98, integrada por figuras como Unamuno, Machado, Baroja o Valle-Inclán entre otros, ahondó en lo que se llamó «el problema español». 

 Al debate sobre una nueva España se sumó «el problema femenino», sobre todo a partir del fin de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Tal como nos cuenta Núria Capdevila-Argüelles en Autoras inciertas, el ideal de mujer se fundía con la nueva patria. De esta forma, sobre el dulce ángel del hogar recaía la responsabilidad de engendrar y proteger una nueva generación de españoles que debían devolver a España su identidad. Esta corriente antifeminista y antiemancipadora recurría a las retóricas del esencialismo biológico, que se caracterizaba por sentenciar científicamente la desigualdad de los sexos, acentuando la debilidad del género femenino y señalando su nula capacidad intelectual. La mujer quedaba así recluida a su espacio privado con el único objetivo vital de ser esposa y madre: 
«El peso del esencialismo biológico en la producción textual española del primer tercio del siglo XX hasta la Guerra Civil es de hecho más grande que la legitimación patriarcal hecha desde el discurso religioso». 

 Tal como sostiene Capdevila, fueron muchos los ilustres intelectuales de antaño que dedicaron reflexiones al «problema femenino», entre ellos Marañón, Ortega y Gasset o Ramón y Cajal, siendo este último seguramente el más misógino de todos. Así, por ejemplo, afirmaba: «¿Preferirá el sabio la mujer artista o la literata profesional? Salvo honrosas excepciones, tales hembras constituyen perturbación o perenne ocasión de disgusto para el cultivador de la ciencia. Desconsuela reconocer que, en cuanto goza de un talento y cultura viriles, suele la mujer perder el encanto de la modestia, adquiere aires de dómine y vive en perpetua exhibición de primores y habilidades. La mujer es siempre un poco teatral, siempre en escena. ¡Y luego tienen gustos tan señoriales y complicados...!». 

 La aparición de la nueva mujer en Europa va de la mano de dos realidades históricas que tienen lugar durante la segunda mitad del siglo XIX. Por un lado, el paulatino afianzamiento de los primeros movimientos feministas procedentes de Inglaterra y Estados Unidos, y, por otro, la revolución industrial que incorporó a la mujer al mundo laboral. Es durante esa época cuando aparecen las primeras olas de movimientos feministas. Pero no será hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando la mujer, ante la marcha del hombre al frente, se ve forzada a asumir el lugar de este en la fábrica y los puestos de trabajo, cuando la conciencia emancipadora toma mayor relevancia, contagiándose en las capas sociales más bajas. En 1918, al terminar la contienda, esa mujer, convertida ya en un ser autónomo y más fortalecida que nunca, toma conciencia de su capacidad intelectual y de independencia, y decide no volver a un papel de sumisión. Y es allí donde se fragua la nueva mujer moderna que alcanzará su plenitud en la década de 1920, ante el estupor de una sociedad patriarcal y misógina. El escritor valenciano Federico García Sanchiz, en un artículo publicado por aquellos años en el periódico La Esfera, «La Venus actual», nos señala: 
«Rodaron los años, estalló, desarrollose y se resolvió la guerra; se ha nutrido la moral, se perfeccionaron algunos inventos que traen normas para el porvenir; en suma: cambió el ambiente del mundo, y una de sus consecuencias ha sido la creación de otro modelo femenino. Después de las madamas y de las emperatrices, de las ninfas, de las inspiradoras de cromos, vinieron los perfiles enigmáticos, las vampiresas, la musa fatal, el chic, las brujitas frívolas, y ahora llegan unas mujeres feas y adorables, sanas, desceñidas y que olvidaron el uso del corsé, reidoras con sus canosos labios, arriscadas, fuertes, que parecen heroicas junto al hombre, con sus trajes entallados y sus pulseras».

 Pero los gobiernos de las potencias europeas, debilitadas después de una encarnizada guerra que dejó más de ocho millones de muertos (la mayoría perteneciente a la población activa masculina) y una geopolítica alterada, con grandes pérdidas hegemónicas que dibujarían un nuevo mapa mundial, no vieron con buenos ojos ese nuevo estatus femenino y sus inmediatas consecuencias: aparición de los movimientos feministas y sufragistas, la nueva independencia económica de la mujer que le permitía participar de la vida pública y su acceso a la educación. Ante una Europa devastada, para el poder tradicional era fundamental encauzar un nuevo orden social y devolver la autoridad al hombre, que volvía de la guerra anímicamente deshecho, y debía recuperar el control.

 Pero no había marcha atrás. La nueva mujer emergía como un nuevo ser, cosmopolita, independiente y creativa, al tiempo que irrumpía en la esfera pública.

 En España esa mujer llega a su plenitud también por las mismas fechas y se consolida con la proclamación de la Segunda República en 1931. De esta forma lo define Shirley Mangini en Las modernas de Madrid: Las grandes intelectuales españolas de la vanguardia
«La moderna no lo era solo por su formación cultural, su vocación profesional y su conciencia política liberal (a veces feminista), sino también porque aplaudía los avances tecnológicos y reflejaba la modernidad en su aspecto físico y su modo de vestir».

 Pero seguramente fue la ocupación del espacio público por parte de esa nueva mujer una de las cuestiones más importantes en la reafirmación de esa conciencia vanguardista que tanto caracterizó a Las Sinsombrero.  

 En el caso de los hombres integrantes de la Generación del 27, ese espacio se presentaba como un escenario desde donde representar esa ruptura con el pasado como elemento caracterizador de los ideales vanguardistas imperantes en la conciencia del grupo. En cambio, para las mujeres, lo público emerge como una esfera a conquistar como elemento vital. Por primera vez, se sienten sujetos propios y, por primera vez, se presentan ante una sociedad que, aunque las rechace, se ve obligada a mirarlas. «Las artistas españolas de esos años personificaron y reflejaron en sus obras la estética, los hábitos, las conquistas y las aspiraciones de independencia y emancipación que animaban el espíritu de las nuevas mujeres. Con ellas se fracturaron las antiguas barreras de género que no permitían el paso de la mujer de objeto a sujeto de la mirada», en palabras de la ensayista Begoña Barrera López, en su artículo «Personificación e iconografía de la mujer moderna», refiriéndose a las protagonistas de principios del siglo XX en España. 

 Las obras de las artistas españolas del grupo del 27 son un claro ejemplo de ese espíritu rompedor y de modernidad que identificaba a la nueva mujer. Con ello estas creadoras ofrecían por primera vez una iconografía colectiva del fenómeno. 

 En este panorama, las figuras femeninas emergen como personajes pictóricos o literarios fuertes, emancipados, que luchan contra su destino. Como ejemplo de ello tenemos la pintura La tertulia (1929), de la artista Ángeles Santos, en la que se representan a un grupo de chicas, con un look claramente moderno, una de ellas fumando, y en una postura de contemplación y éxtasis intelectual; o las figuras literarias de Rosa Chacel, tanto en su obra Estación. Ida y vuelta (1930) como en Teresa (1940), publicada ya en el exilio, donde otorga a sus protagonistas una personalidad fuerte e independiente. 

 Son figuras, todas ellas, que transmiten un constante movimiento a la velocidad de un tiempo que se presentaba imparable. Ellas más que nadie supieron vincular su experiencia vital al artefacto creativo, y con ello atestiguar y perpetuar su ser vanguardista. Será la poeta Ernestina de Champourcín, una de las más modernas del grupo, en una carta de 1928 a su amiga y escritora Carmen Conde, quien expondrá de forma más clara esa inquietud: 
«¿Por qué no podremos ser nosotras, sencillamente, sin más? No tener nombre, ni tierra, no ser de nada ni de nadie, ser nuestras, como son blancos los poemas o azules los lirios».

  A pesar de ese ímpetu, su participación en la vida cultural e intelectual, como ya hemos mencionado, no fue fácil. La anquilosada mente de una sociedad patriarcal, que quería y temía a la vez la modernidad, fue su máximo enemigo. Seguramente por ello, la colaboración entre las mujeres de distintas generaciones que convivieron durante las décadas de 1920 y 1930 fue muy estrecha, a pesar de no coincidir en muchos aspectos. 

 Las artistas de este grupo vinieron precedidas por la Generación del 14. Mujeres como Clara Campoamor, Victoria Kent, María de la O Lejárraga o Carmen de Burgos fueron las primeras en protagonizar el nuevo rol de mujer moderna incorporándose al mundo laboral y político. Pero no será hasta la aparición de las mujeres del 27 cuando este protagonismo femenino incida también en el mundo artístico.

 Gracias a esta relación intergeneracional se construirán aquellos espacios compartidos donde consolidar su presencia en los ámbitos culturales e intelectuales y luchar juntas por su derecho a ser ciudadanas de primera. 
No solo ellos tomaban café. 
El Lyceum Club Femenino









 Tània Balló (Barcelona, 1977) es productora y directora de cine. Estudió en el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC) y cursó un posgrado sobre Documental, Investigación y Desarrollo en la Universidad de Nueva York. Sus primeros proyectos fueron dos obras colectivas, 200 Km. (2003), presentada en el Festival de San Sebastián, y Entre el dictador y yo (2005), un film donde varios directores nacidos tras la muerte de Franco reflexionan sobre su memoria perdida. Produce también el film argentino Infancia clandestina (2013), de Benjamín Ávila, largometraje de ficción estrenado en Cannes. Posteriormente aborda la producción y la codirección, con Serrana Torres y Manuel Jiménez-Nuñez, de Las Sinsombrero (2015) un proyecto transmedia coproducido por TVE que logra amplia repercusión social. 


 Si quiere ver el documental, mientras lo mantenga TVE, puede pinchar en:



- CONCHA MÉNDEZ 
- MARUJA MAUD 
- ROSA CHACEL 
- MARÍA ZAMBRANO 
- ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN 
- MARÍA TERESA LEÓN 
- MARGA GIL ROESSET 
- MARUJA MALLO 
- JOSEFINA DE LA TORRE






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¿SABÍAS DE ESTAS SABIAS?









domingo, 12 de enero de 2020

QUIERO ESCRIBIRTE ESTA NOCHE UNA CARTA DE AMOR por ÁNGELES CASO


    «Bien sabes, amado mío, lo que perdí al perderte... lo que causa mayor dolor no es el hecho de haberte perdido, sino la manera como sucedió. Cuanto más desgarradora es la pena, mayor consuelo exige. Y nadie salvo tú, tú mismo, la razón única de mis sufrimientos, puede consolarme. Tú eres la causa única de mi tristeza, y solo tú puedes devolverme la alegría o concederme al menos algún alivio. Y estás obligado a ello, pues yo he cumplido a ciegas todas tus voluntades: no pudiendo resistirme a ti ni en lo más mínimo, por orden tuya,tuve el valor de destruirme...»



            Con este fragmento extraído de una de las dos cartas recopiladas en este trabajo epistolar por Ángeles Caso, de las emitidas por Eloísa, abadesa de Argenteuil, a su amado Pedro Abelardo, se posiciona el listón bien alto al mostrar la pasión amorosa en un corazón ardiente. Una mujer que no entiende el amor prostituido por dinero y lo hace por satisfacer los deseos de su pareja mientras el querido, por su parte, mitiga la relevancia de amor como concupiscencia, lujuria y providencia celestial cuando ella llega a superponer su sentimiento a la oración religiosa que procesa por requerimiento de su amado marido. Su correspondencia estuvo censurada en su tiempo por provocadora.

                   
Un  sobre envuelto con quince rosas

                
Ángeles Caso recupera la correspondencia epistolar reveladora y fascinante de quince grandes escritoras y las introduce con sus historias amorosas que las inspiraron: Las biografías de cada autora -una suerte de «micronovelas»- las historias que les dieron origen. La recopiladora ha traducido personalmente la mayoría de la correspondencia, eligiendo los fragmentos más representativos de sus sentimientos y sus estilos literarios. 



   El título del libro «Quiero escribirte esta noche una carta de amor», es extraído de la correspondencia de Katherine Mansfield al amante que más tarde se convertiría en su marido. A través de sus cartas, inéditas hasta la fecha en español -al igual que muchas otras que recoge este libro-, su voz más íntima se une a la de otras grandes escritoras que sintieron la urgente necesidad de revelar lo inconfesable, el poder del deseo, la insoportable incertidumbre, la desesperación, el dolor de una pasión no correspondida o la inmensa felicidad de amar y ser amado.


   La abadesa Eloísa de Argenteuil se enfrenta al Infierno por escuchar a su carne, ya en la primera mitad del siglo XII, cuando la también religiosa y visionaria Hildegarda de Bingen mantuvo una posible relación lésbica con Richardis, hija de su protector y su separación supuso la muerte de ésta. La abadesa entendió que sus escritos trascenderían al destinatario, siendo la voz de Dios que hablaba a través de ella; Simone de Beauvoir se empeña en destruir cualquier rastro burgués en el amor y en la vida; Ninon de Lenclos rechaza todos los tópicos sobre el arrebato amoroso; la romántica George Sand busca morder el amor hasta sangrar; la madre del feminismo, Mary Wollstonecraft, está dispuesta a ceder todas sus libertades -e incluso a acabar con su vida- si no consigue la entrega de su ser adorado; también la brillante y talentosa Charlotte Brontë implora el afecto de su maestro de francés y, aunque monsieur se encuentre casado, ella espera la respuesta de amour a sus cartas más que un mendigo un trozo de pan. Los instructores generan un afecto y debilidad especial con sus pupilos que comprobamos en Eloisa y Richardis. 
Turner, 1978 - 10,00 €

 María Zambrano vuelca reproches en las cartas a un amor de juventud con anhelo de matrimonio, mientras, su pareja no acepta la paternidad y le "culpa" de su embarazo, por lo que tuvo que padecer, sola, la muerte de su retoño; Marina Tsvietáieva busca en el amor sin límites la fuente de su inspiración poética; Emilia Pardo Bazán se revela con gran sensualidad e infidelidad, escribiendo subidita de tono a su "ratoncito" Benito Pérez Galdós, manteniendo durante tres años una relación en su "nido" y viajando juntos para mantener la relación en secreto porque él no pretendía que se hiciera público. De las emitidas por don Benito no queda rastro y se sospecha que los Franco las destruyeron por pecaminosas; o Julie de Lespinasse quien es capaz de amar al mismo tiempo y con igual intensidad a dos hombres... 


   
Un mapa de la sensibilidad femenina a lo largo de la Historia, una inspiración para escribir cartas de amor, y para amar e, incluso de desamor para dejar un amor que nos destruye o un amor imposible o no correspondido. Cartas de amor dictadas por grandes maestras de la palabra que, a su vez, podrán conducir a sucesivas epístolas de alumnas aventajadas que esperarán con anhelo correspondencia a vuelta de correo.


«Ya que me falta tu presencia, que al menos la dulzura de tus palabras [por carta] me devuelva la dulzura de tu persona.» 




La crítica ha dicho...

«Ángeles Caso nos muestra la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano ante uno de sus mayores anhelos en la vida: amar y ser amado. [...] Un libro conmovedor y hermoso que recuerda cómo el amor es el misterio sobre el que el ser humano avanza en la vida en medio de luz, penumbra u oscuridad.»

Santiago Vargas, The Huffington Post


«Un libro espléndido. Las cartas de amor aquí reunidas no son cartas de seducción (una carta de amor nunca lo es), son cartas de rendición, de entrega absoluta, [...] piezas literarias de altos vuelos, literatura de la importante, de la que te salva. [...] Así que si la vida les parece a ratos demasiado insoportable o chabacana o si temen la llegada de las Navidades y todo lo que conllevan, ya tiene un posible remedio: abrir este libro por cualquiera de sus páginas.»
Milena Busquets, El Periódico


«Acceder a los textos íntimos de estas escritoras es un privilegio: cada una se muestra en el amor como en su obra, con su estilo y su voz. [...] Un catálogo de relaciones, una cronología universal de los amantes: profundamente enternecedor.»
Aloma Rodríguez, El Mundo (La Esfera de Papel)






   Ángeles Caso (1956) es escritora, historiadora del arte y comunicadora. Ha publicado biografías del músico Giuseppe Verdi, la emperatriz Sisí y ensayos de la historiografía de género, como Las olvidadas. Una historia de mujeres creadoras (2005), Ellas mismas. Autorretratos de pintoras (2016), Grandes maestras. Mujeres en el arte occidental (2017) y el libro infantil Pintoras (2018). Es autora de novelas de gran éxito y ha recibido galardones como el Premio Planeta 2009 y el Premio a la Mejor Novela Traducida en China 2010 por Contra el viento, y el Premio Fernando Lara 2000 por Un largo silencio. Es también traductora, articulista y guionista. Su obra está traducida a quince idiomas.









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