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martes, 25 de junio de 2024

ARTE POP EN EL DEPORTE: POPSPORT DE ANTONIO DE FELIPE

STAR POP ART
MÁS ALLÁ DEL DEPORTE

    Terminó la 83 Feria del Libro de Madrid con una edición dedicada al deporte. Después de la polémica de las animaciones por Inteligencia Artificial, de la que Mikel Casal salió airoso mediante la sencillez en el icono antorchado que se arropa de barras con los colores de los aros olímpicos transformados en libros para el cartel principal. Antonio de Felipe diseñó en Pop Art una campaña en 'Popsport', de apoyo a la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos 2016 donde se cruzan lo simpático y gamberro con lo erótico y provocador. Recuperamos una antología de la obra de este creador que se nos pasó, aunque no lo haya hecho de moda. Homenaje al gran acontecimiento deportivo donde se compite por las mejores marcas 2024, en París.
Merchandising de la 83 FLM 2024

Popsport, Antonio de Felipe 
Ayuntamiento de Madrid 
307 páginas
30,5 X 30,5 cm
P.V.P. 30,00 €

Puede consultar disponibilidad en el correo:  


  
  Catálogo antológico de la obra del autor para la exposición de Casa de Vacas con especial interés por el deporte como muestra el prólogo del que fuera presidente del Comité Olímpico Internacional Juan Antonio Sasmaranch. El libro incorpora una entrevista de Laura Revuelta a Antonio de Felipe donde salen a relucir sus claves creativas, partiendo desde una entrañable infancia de pinturas y visionado de dibujos animados; pasando por la influencia del arte con la pintura religiosa de ángeles y Vírgenes transformadas en madonnas. 



    En el trabajo de Antonio de Felipe como creativo en publicidad no podían faltar las grandes marcas de refrescos de cola promocionados por Meninas que abandonan al peluche por un refresco o la producción enlatada desde las ubres de una vaca para demostrar que el secreto de la fórmula de la marca es la leche. 



    Tintín cambia a su perrito Milú por La vaca que ríe, mientras, descubrimos que Blancanieves fue la culpable del mordisco a la manzana en el icono de la marca electrónica. 


        El cine es sin lugar a duda otra de las grandes fuentes de inspiración de este gigante artista.


  

    ANTONIO DE FELIPE nació en 1965 en Valencia, ciudad en la que se licenció en Bellas Artes. Al mismo tiempo que estudiaba, trabajó como creativo en una agencia de publicidad, forjando así un estilo propio, una seña de identidad que ha sabido imprimir en cada una de sus obras. Artista Pop en el más amplio sentido de la palabra, vive y trabaja en Madrid desde hace más de doce años. Su trabajó de publicista marcó su estilo pictórico y la forma de transmitir mensajes impactantes en sus creaciones.


   En 2015, en el artículo publicado por El País, el artista puntualiza “La gente cree que es un estilo facilón y solo decorativo. Pero mis cuadros son mucho más profundos. He trabajado para dignificar el pop art”. En otra ocasión apunta “[…] cuando yo empecé, el pop no estaba de moda, se llevaba la pintura matérica. En los concursos no me seleccionaban por raro, porque estaba fuera de onda”. Hoy en día su obra se encuentra en importantes colecciones públicas y privadas como en el Museo Reina Sofia, el Thyssen-Bornemisza o el IVAM, frente a las críticas se defiende “[…] yo no pinto para gustar; yo pinto como siento”.

Consideramos pueda ser la Vaca número 10 que buscan Nuru y Patricia Gayan pero no es de Fernando Noriega. Nos encontramos ante un ser que se siente distinto


    Antonio de Felipe ha desarrollado su extensa obra en diferentes series, entre las más importantes podríamos citar: LOGOTIPOS, dedicada al mundo del arte y la publicidad, con obras como la “In-fanta de naranja”, o “El Buen Pastor con Norit”; VACAS, con cuadros como la “Vaca Top Model (Vogue)” o la escultura “Vaca Coca Cola”, siendo el pionero, y luego plagiado, creador de estas vacas; CINEMASPOP, dedicada al mundo del cine y en la que rescató a Audrey Hepburn como icono pop, con creaciones tan conocidas como “Black Audrey” o “Desayuno con diamantes para la eternidad”; y POPSPORT, dedicada al mundo del deporte, en la que el artista mezcla de forma inverosímil el mundo del arte y los dibujos animados con alusiones a distintas disciplinas deportivas, como en “La Menina de Cibeles”.



    En sus más de veinte años de trayectoria ha realizado más de setenta exposiciones individuales, tanto en España como en el extranjero, y otras tantas colectivas, como por ejemplo en Casa de Vacas y la Galería Seiquer de Madrid; en la Galería María José Castellví, y en el Museu Picasso de Barcelona, en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) y en el Museo de la Ciudad, de Valencia; en la Fundación Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK), en las Diputaciones de Cádiz, Córdoba y Sevilla, en las galerías Levy de Hamburgo, Therminus de Munich, Andipa de Londres, Salvador de París, GKM de Suecia, FMR (Franco Maria Ricci) de Roma, en el Museo Soma, o la Galería de Lee en Seúl, entre otras.

El glamour de las Star System con poses de Las señoritas de Avignon

    Ha hecho incursiones en otros campos creativos que van del cine a la prensa, colaborando con Pedro Almodóvar en la película “Carne Trémula” realizando un retrato a Ángela Molina, creando cortinillas de continuidad para Telemadrid; diseñando vajillas para la firma Santa Clara, carteles y portadas de discos y colaborando con importantes publicaciones como ByN Dominical, El País, El Magazine de El Mundo, Marie Claire, ELLE, Qué leer, y la revista Rolling Stone, entre otras.

Sara Montiel comiéndose a la naranja del mundial de España 82

    Importantes colecciones públicas y privadas, tienen en sus fondos obra del artista, como el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), la Fundación Sydney Besthoff de Nueva Orleans, la Col-lecció Testimoni de la Fundació La Caixa, la Colección Carmen Thyssen-Bornemizsa, la Colección de Arte Kneip en Luxemburgo, y la Montblanc Cultural Foundation.


Variante de Las señoritas de Avignon con las protagonistas de dibujos animados 

    Es el pintor Pop español de referencia internacional, siendo el único representante nacional en la exposición sobre Marilyn Monroe “Life as a legend”, que ha recorrido ciudades como Londres, Estambul, Madrid, Lisboa, Helsinki, Chicago, y Dallas.


    Cabe destacar la faceta de retratista de Antonio de Felipe, que le ha llevado a pintar a un gran número de personas, tanto anónimas como de relevancia social. Uno de los cuadros que ha realizado, por encargo del periódico ABC, ha sido un retrato de su alteza real Don Felipe de Borbón cuando todavía era el Príncipe, para conmemorar su cuarenta aniversario.


    La temática de su obra es variada y en su exposición PopSport decidió rendir homenaje al deporte. Se trata de un conjunto de unas 60 obras en la que el pintor recrea el mundo del deporte llevándolo a su terreno, poblado de referencias del cómic, la publicidad y los clásicos del arte. La muestra sirvió para reforzar la idea de fusión entre deporte y arte y con ello colaborar en la promoción de la candidatura olímpica de Madrid 2016 que acabó recayendo en Londres. Desde el Ayuntamiento de Madrid se impulsaron diferentes iniciativas para promover a la Capital como sede de las olimpiadas con el logo de aquella manita que diseñó Joaquín Mallo, elegida por aclamación popular. Antonio de Felipe indicó en una entrevista que “no fue una exposición de encargo” aunque sí sirvió para promocionar el proyecto olímpico Madrid 2016. Según palabras del artista “El deporte es la excusa, hablo de mucho más. Mi pintura tiene dobles y triples interpretaciones”. 



    De Felipe confiesa que con esta serie ha superado el reto que se planteó tras el "pánico escénico" que le causó el éxito de su anterior serie dedicada al cine y que le "catapultó" a países como Corea, Reino Unido o Portugal. Según el creador "Cuando se tiene un éxito así el nivel de exigencia es mayor y quería hacer algo distinto aunque sin dejar de ser yo porque lo más complicado para un artista es lograr una personalidad propia; no quería pasarme la vida pintando 'Audreys' aunque la adoro y creo que he conseguido ser más yo que nunca".



    Un original montaje que invita al espectador a contemplar obras inspiradas en grandes creaciones del arte universal -desde Mirón a Lichtenstein pasando por el Equipo Crónica- salpicadas por emblemas de marcas publicitarias, como el popular toro de Osborne, o los protagonistas de dibujos animados.
 
Repetición seriada a lo Andy Warhol

    El nadador Mark Spitz rodeado por los enanitos de Blancanieves, la Pantera Rosa asomada tras el trasero del 'Discóbolo', el coche de los trogloditas de los autos locos corriendo junto a un Ferrari y una jovencísima Sara Montiel a punto de morder a 'Naranjito' o el homenaje Mediterráneo a la Malvarrosa con los dibujos de la regata de los protagonistas de los dibujos de Hanna Barbera ante los sonrientes niños de Sorolla que se revuelcan en la playa son escenas que componen la muestra. 



Indurain a lomos de su bicicleta: "Siempre nos quedarán los Campos Elíseos" 


El fútbol es el tema central de las conversaciones

Hay vida después de la Eurocopa de fútbol

Después, vendrán las olimpiadas:




Echaremos de menos las crónicas deportivas de las olímpicas de Francisco Ibáñez.


jueves, 17 de diciembre de 2020

DE VENTA AQUÍ. LA IMAGEN DE LOS COMERCIOS EN EL CARTEL PUBLICITARIO POR CARLOS VELASCO

Llegando estas fechas navideñas recordamos cómo todos los vecinos del barrio nos afanábamos a los comercios que rivalizaban para que su calendario tuviera el honor de presidir el mayor número de hogares con la promoción de su local durante todo el año venidero. Unión Española de Explosivos encargaba una obra a un reconocido pintor y algo similar hacían otras muchas empresas. La imagen del negocio particular ya no se encuentra personalizada porque se imprime la identidad comercial debajo del motivo y da igual que sea una ferretería o una perfumería porque los modelos comerciales son los mismos y los elige China para todo el mundo. Con qué perro se identifica el lector con el que se duerme leyendo o el que jura leer, poniendo atención todo el año a nuestro blog que es la imagen de nuestro negocio. Muchas gracias por estar ahí.
¡¡¡Que les apasione la lectura!!!.
 



Montar un negocio e impulsar la imagen de marca de una empresa familiar obliga a promocionarse mediante la creación de un diseño corporativo para que el comercio se de a conocer. Las estrategias que impulsan a la venta mediante los carteles fueron utilizados como marketing publicitario y promocional, tanto del producto que se despacha como de la tienda. Como así hizo una marca de anís cuando empleó a un simio a modo de mascota para diferenciarse del resto de las destilerías vecinas y, vamos que le funcionó en popularidad, que terminó convirtiéndose en el nombre de la marca. De la promoción de los negocios mediante la cartelería trata el libro que presentamos con texto del propio autor.



Publicado por Mercasa. Madrid. 2008.

Distribución y Consumo nº100

Encuadernación en tapa dura de editorial con sobrecubierta ilustrada.

171 pp. 25 x 31 cm. 

Ilustrado en color

Colección de carteles de Carlos Velasco Murviedro 

Depósito legal: M 26614-2008


   Si te apasiona la publicidad o simplemente quieres conocer o recodar cómo era el siglo pasado, te recomendamos este libro: De venta aquí. La imagen de los comercios en el cartel publicitario.


            


  Repaso por la cartelería desde los orígenes del cartel publicitario moderno, a finales del siglo XIX, hasta la irrupción de la televisión y las técnicas publicitarias actuales, en el último tercio del siglo XX. Está incluido dentro de la iniciativa editorial cultura alimentaria que pretende abrir un nuevo territorio de conocimiento y divulgación sobre el comercio y la distribución. En un principio eran abacerías y tiendas de comestibles que pasaron a ser tienda de ultramarinos con productos de las colonias que crecen a supermercados e hipermercados para terminar en los grandes almacenes que desembocan en los actuales centros comerciales. La imagen de estos últimos ya no tiene escaparate a la calle son grandes lugares cerrados donde entras para comprar compulsivamente.

                  

   La relación entre comercio y publicidad es tan antigua como la propia actividad comercial. De una u otra forma, en función de las épocas y los medios disponibles, los tenderos siempre han buscado llamar la atención de la clientela, atraerla hacia sus establecimientos, animarla a comprar. Para los consumidores actuales más jóvenes, la imagen de marca de los distribuidores es, en muchos casos, la mejor garantía; más allá de las características o la relación calidad/precio con la satisfacción que les ofrece el producto o el servicio que están dispuestos a comprar, ya sea por necesidad o por mero hedonismo consumista.

   Así ocurre sobre todo con las tiendas/marcas de ropa, atuendo deportivo, perfumes, los abalorios que se definen bajo el eufemismo de complementos o incluso los productos de consumo cotidiano, en los que se registra una presencia creciente de marcas de distribuidor, asociadas cada vez más a una garantía por parte de la empresa que las vende y no tanto a un menor precio y, por tanto, peor calidad.

   De una u otra forma, lo cierto es que la evolución del comercio en las últimas décadas ha generado un escenario en el que el equilibrio de poderes entre el producto y el establecimiento se decanta claramente hacia este último. Ya no se trata tanto de qué comprar sino de dónde hacerlo. La tienda, la marca del tendero, se convierte así en el elemento central de la acción comercial.

   Una realidad que tiene su reflejo consecuente en la publicidad. Por un lado, a través de los mensajes procedentes de las empresas distribuidoras –en muchos casos también fabricantes–, cuyo objeto es crear y mantener su propia imagen de marca, identificándola con los segmentos de mercado a los que quiere llegar. Y, por otra parte, mediante las campañas de las grandes empresas industriales, que tienen que redoblar esfuerzos para diferenciar sus marcas, compitiendo con el resto de las marcas de fabricantes y, cada vez más, con las que llevan el sello del distribuidor.

  Pero no siempre ha sido así. Y no hay mejor apoyo para observar y comprender el presente que echar una ojeada al pasado más reciente. A ello pretende contribuir este libro, que recoge una amplia selección de carteles publicitarios de establecimientos comerciales de todo tipo de productos y servicios.

   Vienen siendo relativamente habituales las recopilaciones de viejos carteles y anuncios de productos de gran consumo. Pero la originalidad de este libro es, precisamente, recopilar carteles de los establecimientos, poniendo el foco sobre el escaparate de los comercios que se afanaban en ganar clientes mediante carteles publicitarios, unos artísticos y de gran belleza, otros curiosos por su forma y su intención; y algunos simplemente informativos, con mensajes que hoy nos parecen ingenuos en muchos casos, pero que en su momento resultaban muy efectivos.

   El repaso de los carteles que se recogen en este libro, todos ellos procedentes de la colección del profesor Carlos Velasco, confirma el tradicional protagonismo del producto frente a la tienda. De ahí el reiterado y recurrente “De venta aquí”, porque el buen nombre del establecimiento se ganaba asegurando a los compradores que se ofrecían los mejores productos, los más demandados.

   Un viaje hacia atrás de cartel en cartel,  la publicidad y el comercio. El cartel es realmente el anuncio por antonomasia, protagonista de color en paredes de viviendas (calendarios de cartón y cartulina), fachadas de comercios y tiendas (chapas en relieve o anuncios en cristal y espejo), desplegables en suelos y escaparates (en cartón), y vallas exteriores en solares y medianeras de edificios (en papel litografiado de grandes dimensiones).

              

   Los productos de un siglo: alimentos, farmacia, droguería, automóvil, perfumería, agricultura, industria, papel de fumar, prendas de vestir y del hogar, licores, refrescos y vinos, seguros, papelería e impresos, etc. El cartel de publicidad es una representación fundamentalmente gráfica (puede tener texto, pero la imagen es lo que le da especificidad), mientras que los anuncios de prensa, por ejemplo, eran lo contrario, con apenas ilustración y mucho más texto.

   Sin ser un componente relevante considerado de forma aislada, la parte escrita, el texto del anuncio en el cartel, caso de existir (hay carteles con ausencia total de texto, salvo el nombre del producto o del comercio), configura un continuo entre imagen y escritura que resulta también único y singular, por la necesaria brevedad e impacto significativo que debe procurar conseguir con el mínimo de palabras.

   Otra nota clara, determinante y de gran relevancia es el color. A diferencia de otros muchos anuncios en prensa o en revistas que aparecían sólo en blanco y negro, sepia o azul, o del valor cultural, etnográfico y artístico de la fotografía desde mediados del XIX, se encontraban con la limitación de la falta de color, aspecto este que el cartel litografiado que estamos considerando sí tenía.

   Este color del cartel fue, al final, y sobre todo en nuestro país, la única nota de alegría y verdadero color en una España en blanco y negro, pobre y gris.

   El cartel, por definición, se imprimía en papel, cartón, chapa o cristal de forma autónoma, es decir, que su vida como medio publicitario se derivaba de esta vida independiente que pretendía desde su origen.

   Por el contrario, un anuncio (que podía incluso ser idéntico de contenido y dibujo a otro de un cartel) impreso en una revista no se concibió como el anterior, y aunque estéticamente podría ser igual al cartel, no lo era, pues era más pequeño, estaba impreso por detrás (recuérdese que era una página impresa por las dos caras), y para autonomizarse como el cartel…, debía ser arrancado de la revista que fuese.

                     

   El cartel tuvo una primacía clara como soporte publicitario sobre los otros existentes a lo largo del siglo largo considerado. Por el contrario, prensa, revistas, radio o televisión tuvieron una menor consideración y protagonismo. Por lo que se refiere a la duración o mantenimiento de los carteles una vez impresos y expuestos para su contemplación, en las bibliotecas y archivos de donde se ha conservado forman parte de una sección llamada Efímera, indicándose con ello la poca o nula voluntad de persistencia que se tenía cuando vieron la luz (junto a recordatorios funerarios o de primera comunión, paipáis, gorros, etiquetas de bebidas, tarjetas postales, cromos, etcétera).

   Al no tener ninguna valoración cultural en su origen (como sí lo tuvieron en cambio los cuadros, los libros o la propia prensa y revistas, que se conservaban y no se tiraban), no se guardaron apenas, y por ello son hoy tan escasos y difíciles de encontrar.

   Un caso curioso es el de los calendarios publicitarios, los cuales precisamente por idearse para servir no sólo de referencia temporal, sino también de adorno en el salón o cocina de muchos hogares humildes sin ningún otro elemento decorativo, se mantuvieron a lo largo de años colgados en una pared.

   Un aspecto que resulta de la mayor relevancia en cuanto a la unicidad que estamos comentando es el que se refiere al cartel comercial conectado a imágenes descriptivas del producto anunciado (comida, bebida, chocolate, bicicleta, etc.) o comercio (bodega, tienda, escaparate, mostrador, etc.) de una forma tan elemental que, precisamente por ello, nos sumerge de forma única en la vida cotidiana de un momento determinado. Es la gente normal la que aparece representada, con los vestidos y peinados de la época, en sus casas o trabajos, divirtiéndose en el bar o en una fiesta, sola o con la familia, etc.

   En sentido contrario, el otro elemento gráfico tradicional más cercano al cartel, el cuadro existente en un museo, aunque también nos habla de cómo se vestía y peinaba la gente, o cómo se divertían o hacían la guerra, se referían en una gran parte de los casos a sólo una parte de la población, la más acomodada (reyes, ministros, militares, empresarios, nobles, clero, etc.), que era la que podía encargar los cuadros y no el hombre y la mujer normales, de la calle, que son, sin embargo, los que aparecen recogidos protagonizando los carteles.

   Otra característica del mayor interés hace referencia a la transversalidad del conocimiento que permite el cartel o, lo que es lo mismo, la posibilidad de su análisis interdisciplinar a nivel de vida (economía), formas de vestir y hábitos cotidianos (sociología y antropología), modos de comunicar el mensaje (psicología y publicidad), calidad y características de la ilustración (arte), formas de vida colectiva y diferencias de género (cultura), acontecimientos políticos (historia), creencias y costumbres (religión).

   

   El cartel lo entiende todo el mundo, y tal vez por ello su contemplación gusta a todos también, al confluir en él sencillez del mensaje, curiosidad, entretenimiento, interés, color, afectividad, nostalgia, cercanía, etc.; en definitiva, tal vez porque se vea la realidad tal como era, sin necesidad de elaboración intelectual de ningún tipo.

   Hubo un tiempo sin televisión y sin teléfonos móviles, también hubo una época en que apenas existían las grandes superficies. Y fue en esas circunstancias cuando el comercio de cualquier bien pasaba casi todo por su vertiente minorista, y se hacía en tiendas y comercios tan abundantes en número en las diferentes calles de cada ciudad como en variedad de productos en cada uno de ellos: ultramarinos, bodegas, mercerías, farmacias, perfumerías, mecánica y automoción, papelerías, bares, electrodomésticos, etc. En este punto es cuando aparece la conexión temática entre el cartel de publicidad y las distintas  tiendas y comercios que iban a querer anunciar los productos que distribuían y que el consumidor y cliente podría estar interesado en adquirir.

  También, como hoy, muchos comercios intentaban ya fidelizar al cliente, procurando que repitiera sus compras en su comercio, y que supiera en todo momento los precios de lo que vendían. “Valiosos regalos” en el corcho de debajo de la chapa; los cupones mercantiles LEVANTE “aquí se obsequia con...”; el cupón EXTREMADURA “pídalo en este establecimiento”; “una peseta por cada diez etiquetas” de Leche El Niño; “valiosos premios que la casa hace a su consumidores” de alpargatas La Mariposa. Por lo que se refiere a los precios, el sindicato de peluqueros hacía públicos los suyos (lo más barato, 1 peseta, era... la “corona de sacerdote”), y Osram, en 1934, los de sus lámparas (sólo había entre 10 y 60 watios, y parece que no había de 100, que entonces debía ser poco menos que un lujo).

   El cupón EXTREMADURA, y la imagen de él, con una joven bella y de formas muy marcadas, estilo americano (pin-up, Norman Rockwell), nos permite citar algunos otros de  contenido similar, acorde con la influencia que los Estados Unidos iban teniendo cada vez más: Leal, Nazario González, J. Cura, Hilario Vicent, J. A. Biosca, etc.

   Los anuncios reflejan ese tal como éramos de hace cincuenta o cien años: el exterior de las tiendas de entonces, con sus fachadas, escaparates y productos entrevistos tras los cristales, o el interior de esos comercios de antaño, con sus estanterías, anaqueles, mostradores, cajones, trastiendas y, lógicamente, el mancebo o la dependienta que, es de suponer, atendían solícitos al cliente que entraba a comprar algo.


Puede consultar disponibilidad en el correo:  

librerialibropasion@gmail.com

 

   Ese local era ejemplo de ese segundo hogar y esa segunda familia para muchos dependientes que trabajaban en él casi toda su vida, y muy diferente al movimiento laboral y al desapego de relaciones humanas que hoy caracteriza el mundo económico en todos los órdenes, y también en el de tiendas y comercios.

   Esas fachadas, de toda clase de productos y servicios, se reproducían en alegres dibujos en las aucas o aleluyas, con sus numerosas viñetas (en colores o en blanco y negro) que, con los pareados humorísticos que llevaba cada una, ayudaban a recordar cada comercio en cuestión Gran Barcelona, Tortosa, o los Almacenes Alemanes, con sus numerosos productos en venta.

   Imágenes de fachadas de edificios de Estados Unidos podían servir para anunciar automóviles (Dodge), y otras de tiendas de automóviles de allí para un taller de reparación de ellos (Nazario González, que se puede contemplar al final del reportaje). Asimismo, y con un estilo de casas centroeuropeas, el escaparate de chocolates Juncosa presenta varias niñas mirando sus golosinas a través del cristal, de forma similar a una mercería del siglo XIX (Juan Deulofeu), una droguería en Valencia, curiosa por estar frente a varias barracas (Antonio Fuster), una botica también de hace más de un siglo (Seigel), una sombrerería (La Imperial), también con calzado “del Reino y extranjero” en sus tres preciosos escaparates y, finalmente, las imágenes de la sastrería del Padró, en Barcelona, no sólo con la tienda en sí, sino con todo el bullicio y el ambiente vivo y vital de un día cualquiera de la España de los años cuarenta.

   Las ilustraciones del grupo último se refieren a los interiores de las tiendas. La primera, también de estética norteamericana, es de unos dulces de Leal, donde humorísticamente se ve al dependiente derramando mermelada y manchándose, por su arrobo ante la guapa clienta. En las destilerías La Pajarita, por su parte, se reproduce una escena de cante y tertulia dieciochesca con guitarrista, maja y torero. El caso siguiente es el de un estanco en que una dependienta ofrece a un elegante caballero, tras el mostrador y delante de los estantes repletos de puros y labores de tabaco, un librillo de papel de fumar "Jean"; una camarera sirviendo barros de cerveza "El Águila" en un establecimiento en 1909; los almacenes Timagada, en el Puerto de La Luz  de Las Palmas, con tres vistas del interior y sus abarrotados estantes de productos probablemente de importación; las gráficas Condal, también en tono humorístico y de los años cincuenta, ilustraban el trabajo en una imprenta.          

  Un caso doble curioso es el de la farmacia Albert, con imágenes muy vistosas del laboratorio (boticario que mira las cartas de su oponente mientras el mancebo le distrae y hace un preparado en el almirez), y de la tienda con los tarros en los anaqueles y el susto de la señorita que al pesarse a resaltar la poca estatura del mancebo que la atiende. 


El último caso recogido es también muy agradable y gráfico, pues en la mercería Laureano la dependienta, delante de medias, lanas, botones, cintas, tarros de colonia, etc., está vendiendo a una elegante señora unas medias, posiblemente “de cristal”, como se llamaba a las de los años cincuenta.

     Los carteles que se recogen, hasta un total de 220, están agrupados, sin una transición expresa entre bloques, por tipos de establecimiento, en función de la oferta de productos y servicios. La recopilación está realizada con un criterio abierto, intentando recoger una representación lo más amplia posible de tiendas, ciudades y pueblos de España, y épocas históricas diferentes. La leyenda que acompaña a cada cartel indica la empresa anunciante, las características del cartel, el autor cuando se conoce y la época en que se realizó, con el año expreso si es posible o por aproximación dentro de una década, cuando no se dispone del dato exacto.

Carlos Velasco Murviedro


   En una España de posguerra donde el nivel de vida era limitado y con una enorme diferencia de clases estas imágenes en color tenían un gran impacto visual. “Caminar por calles grises e inundadas de pobreza y ver carteles absolutamente coloridos que anunciaban bicicletas, cognac, o detergentes era algo extraordinario

   En los carteles de la primera mitad del siglo pasado se derrocha el casticismo y lo autóctono, como este bautismo en la  huerta valenciana donde visten los trajes tradicionales y el padrino arroja caramelos y otras golosinas a la chiquillería; mientras que, desde la apertura al Bienvenido Mister Marshall, se imita el modo de vida consumista del sueño americano con enormes coches que empequeñecen más a nuestro Seat 600, edificios monumentales y en una estética femenina muy cuidada de las mujeres.

 







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