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viernes, 31 de enero de 2025

RECUERDOS DE MONTAÑAS LEJANAS, de Orhan Pamuk



    En primer lugar, destacar el cuidado editorial con el que se ha publicado este libro. Un "diario" especial, sugestivo y original que nos permite sentir más al autor y a toda su obra.  Enlazamos este cuaderno con la autobiografía que iniciara en `Estambul, memoria y recuerdos´, a partir de la cual arrancó esta obra, en 2008. En ella nos desvelaba su inquietud artística que abandonó con el giro que dio su vida por un incidente que impide proseguir con su amor de juventud y que nos describe en la primera obra. Ahora, en `Recuerdos de montañas lejana´ nos muestra cómo ha retomado su vocación artística y nos cuenta más sobre la intimidad y la visión del mundo de una persona excepcional que es Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura.

Recuerdos de montañas lejanas

Orhan Pamuk 

ISBN: 9788439741367

Editorial: Random House

Fecha de edición: 2023

Traductor: Robert Juan-cantavella

Alto: 16.9 cm

Ancho: 23.1 cm

Grueso: 3.9 cm

Peso: 1100.0 gr

Colección: Random House. Cuadernos ilustrados.


Desde hace quince años, Orhan Pamuk escribe y dibuja a diario en sus cuadernos. Anota sus pensamientos sobre la actualidad, dialoga con los personajes de sus novelas, confiesa sus miedos y preocupaciones, narra sus encuentros y viajes y reflexiona sobre el amor y la felicidad.    

Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura, nos muestra, a través de sus propios dibujos y reflexiones, los recuerdos e impresiones de toda una vida. «Tengo que escribir sobre el placer que siento al escribir por encima de un dibujo. Entre los 7 y los 22 años pensé que iba a ser pintor. A los 22, murió el pintor que había en mí y empecé a escribir novelas. En 2008, entré en una tienda y salí con dos enormes bolsas llenas de lápices y pinceles; luego, entre el placer y el temor, empecé a dibujar en pequeños cuadernos. No, el pintor que había en mí no estaba muerto».

Por primera vez, el escritor que soñaba con ser pintor nos muestra una cuidada selección personal de sus dibujos, una bellísima aproximación a la íntima y prolífica lectura que hace Pamuk del mundo y de la vida a través de un conmovedor mosaico de paisajes y reflexiones. Recuerdos de montañas lejanas se convierte así en un verdadero espacio artístico alejado del diario o las memorias tradicionales, dando lugar a un libro singular e inimitable.

La crítica ha dicho:

«Orhan Pamuk ofrece aquí, sin duda, lo más personal, lo más íntimo de su obra».

Jean-Claude Perrier, Livres Hebdo

«Los cuadernos de Orhan Pamuk son muy conmovedores. El autor se revela poco a poco con modestia y sensibilidad. El lector se sumerge en la génesis de sus libros. Seguimos paso a paso la construcción de una novela, la progresión de la historia, las vacilaciones y, sobre todo, el poder imaginativo del escritor. [...] Los colores son esenciales, colores que se transforman en emociones y que dan testimonio de los estados de ánimo del pintor. [...] Ver y dibujar paisajes es vivir, consolarse, reconciliarse con el mundo llevando la poesía a la vida cotidiana. La acuarela permite acceder a un mundo imaginario, plasmar las impresiones de los sueños, redescubrir los recuerdos de las montañas a lo lejos».

Jean-Marie Chamouard, Toute La Culture

«Una obra verdaderamente singular, incluso íntima, que nos permite entrar en lo que hace y en quién es. A través de sus palabras, por supuesto, pero también de sus dibujos».

Radio France Internationale

«Recuerdos de montañas lejanas permite conocer dos facetas hasta ahora inéditas del premio Nobel: la de escritor de diarios y la de dibujante. [...] Es otro Pamuk, pero a la vez es el Pamuk más auténtico porque están ahí aspectos de su vida y también algunas claves de su obra. [...]Pero sobre todo hay una inmensa declaración de amor a la literatura y muy especialmente a la novela».

César Coca, El Correo

Orhan Pamuk

Nació en 1952 en Estambul. Ha realizado estudios de Arquitectura y Periodismo, y ha pasado largas temporadas en EE UU, en la Universidad de Iowa y en la Universidad de Columbia. Comenzó a destacar con sus primeras obras, y pronto se erigió en uno de los fenómenos literarios de la nueva literatura turca. Su éxito mundial se desencadenó a partir de los elogios que John Updike dedicó a su novela El astrólogo y el sultán. Desde entonces ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales, como el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el Premio Grinzane Cavour en Italia y el Premio Internacional IMPAC de Dublín, y sus libros ya se han traducido a más de treinta idiomas. En 2005 ha recibido el Premio de la Paz de los libreros alemanes y en 2006 ha recibido el premio Nobel de Literatura.


Recomendamos encarecidamente la entrada a nuestro blog:

ESTAMBUL. CIUDAD Y RECUERDOS, de Orhan Pamuk


 

miércoles, 16 de octubre de 2024

SALTERIO DE INGEBORG. Salmos bíblicos en un manuscrito iluminado de finales del siglo XII

PRECEDENTE LIBRO DE HORAS

 

    El Salterio de Ingeborg es un manuscrito iluminado de finales del siglo XII, conservado en el Museo del castillo de Chantilly (Francia) Sig. Ms 9 Olim 1695. La obra es uno de los más significativos ejemplos sobrevivientes de la pintura gótica temprana. Este salterio, o libro de salmos, fue creado alrededor de 1195 en el norte de Francia para Ingeborg de Dinamarca, reina de Francia y esposa del rey Felipe II de Francia. Se desconoce la persona que encargó el Salterio, aunque se cree que pudo ser Étienne de Tournai o Eleanor de Vernandois, condesa de Beaumont-sur-Oise.

Edita Ars Milleni, impreso en los talleres de Alfonso y Miguel Ramos

Madrid, 1999

Aproximadamente 400 páginas 

Formato: 21 x 32 x 8 cm

Peso: 4100 gramos

ISBN: 3201012742 

9788493021184

Ejemplar completo, en perfecto estado y correspondiente a la coedición española numerada.

    Edición limitada de 500 ejemplares, impresa en Austria por la Akademische Druck und Verlagsanstalt en Graz (Austria), de los cuales 120 lo vinieron para España, incluyendo el facsímil que realizó en 1999 Adeva, encuadernado especialmente en piel vuelta labrada en seco y estudio en volumen aparte. Ambos libros se presentan en un estuche abierto, tipo guardapolvo. El libro estudio complementario con textos en español, encuadernado especialmente para este ejemplar en piel editorial y guardas de agua artesanales, con la traducción al castellano del texto original por Florens Deuchler. 

    El manuscrito fue un libro de oraciones para devocionales privados y contiene un calendario, los 150 salmos en latín y otros textos litúrgicos. Cada salmo y cada oración se introduce con una inicial. El texto de los salmos sigue la Vulgata Latina. 

    En total 400 páginas, de las cuales 51 contienen ricas miniaturas a página completa y con gran profusión de pan de oro, así como numerosas y espléndidas iniciales. El texto está escrito en letra gótica minúscula temprana.  

   Está escrito en la llamada littera psalteralis, una escritura de libro utilizada alrededor del año 1200. Las letras son tan uniformes y de una caligrafía de tan alta calidad que es imposible distinguir entre diferentes escritores. Las oraciones litúrgicas concluyen el libro. Originalmente fueron formulados con inflexiones femeninas, que fueron cambiadas en algunos lugares por un usuario masculino posterior. Cada una de las doce páginas del calendario contiene un mes en el que se introducen los días festivos, festivos y conmemorativos. Es un calendario perpetuo con letras de la A a la F en lugar de los días de la semana. El encabezado de cada mes es un hexámetro que indica el número de días. El calendario era el esquema habitual del calendario de los santos de la época. 

    Para la escritura se utilizaron cuatro colores, además de tinta negra, azul, rojo y dorado, y los días de mala suerte marcados D[ies], por ejemplo = dies Ægyptiaci (= días egipcios) se marcaron en rojo. Las fiestas de los santos, marcadas en oro, se añadieron al esquema ya trazado por el pintor de los medallones. Más tarde, Ingeborg o su escriba agregaron algunas entradas necrológicas. En cada página hay dos miniaturas en marco redondo sobre fondo dorado, el signo del zodíaco, que se inserta junto al día en que el sol entra en la constelación correspondiente, y una escena de la vida cotidiana correspondiente a cada mes, por ejemplo la oveja se esquila en junio y la recogida de la cosecha del vino en septiembre.

    Miniaturas de estilo gótico temprano, de media página y página completa, no están relacionadas ni en contenido ni en forma con los textos, sino que forman una Biblia ilustrada independiente que, además de escenas de la vida de Jesús. 

Beso de Judas. Cristo es cogido por la muñeca.

    Incluye también cuatro escenas del Antiguo Testamento y un ciclo con seis imágenes que hacen referencia a la veneración de la Madre de Dios María. Cada página de imágenes está rodeada por un marco que las separa entre sí donde hay una o tres imágenes en una página. En algunas imágenes el fondo dorado está decorado con motivos perforados. 

Abraham sacrifica a su hijo Isaac, prefiguración de la parábola al hijo de Dios

    Sus miniaturas a página completa son realizadas por dos iluminadores, uno de los cuales trabaja con una tradición más antigua que el otro, pero en todas partes hay un desarrollo estilístico que ignora esta división y presumíblemente se debe a la empresa común. Las miniaturas anteriores, del maestro mayor, tienen pliegues bizantinos más planos similares a los de la iluminación de Salzburgo, pero pronto se afilan en crestas y valles y la técnica más nueva domina el trabajo del maestro más joven, que se desarrolla en su máxima extensión. en su miniatura de Pentecostés. 

Pentecostés

    En todas las miniaturas de Ingeborg los rostros son particularmente plásticos y redondeados, pero siempre con cierto patetismo o tensión en sus expresiones; nunca exhiben la calma observable en el Salterio de Westminster. Sin embargo, sólo el maestro más joven consigue dar una plasticidad convincente a los cuerpos cubiertos. Como era de esperar de un libro de esta importancia, se ha debatido mucho sobre la fecha y procedencia del Salterio de Ingeborg. La sugerencia definitiva más reciente es alrededor de 1195 en el noreste de Francia, posiblemente en la diócesis de Noyon; pero el debate continúa.

El árbol de Jesé

    Charles de Sourdeval lo introdujo en 1864 como Salterio de San Luis. Tres años más tarde, Léopold Delisle lo relacionó con la princesa danesa Ingeborg, consorte de Felipe Augusto, rey de Francia.

    El códice contiene primero un calendario con el zodiaco, seguido por miniaturas de página entera y el texto. Los textos de los salmos en littera psalterialis, van acompañados de diversos textos litúrgicos. El manuscrito se puede calificar como el antecedente de los libros de horas.

Calendario con horóscopos

    Erwin Panofsky, en uno de sus estudios, indica que la importancia del manuscrito consiste en que éste marca, en la pintura, el estadio estilístico que representan las esculturas del crucero de la Catedral de Chartres en las artes plásticas; sin embargo, estos estudios el manuscrito nunca había sido prestado a ninguna exposición de manuscritos del momento. Además, su procedencia y su datación son demasiado amplias (desde el este del río Rin hasta el sur de Inglaterra y entre el 1190 y el 1220, respectivamente).

    Günter Haseloff ayudó a esclarecer el problema relacionándolo con el Psautier glosé Ms. 338 de la Biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York, afirmando que se puede atribuir a los miniaturistas del Salterio de Ingeborg.


    Por otro lado, Eric. G. Millar relacionó en 1928 el Salterio de Ingeborg con una Biblia de Londres (B.M., Add. Ms. 15452), algo posterior, que constituye el punto de partida para la evolución de los manuscritos miniados en Francia en la primera mitad del siglo XIII.

   Estas obras son las que, gracias a extensos estudios, permiten establecer una unión entre el estilo asociado al siglo XII con un estilo denominado propiamente como gótico con influencia bizantina, siendo el Salterio de Ingeborg un claro reflejo de ello.



    El nivel en la iluminación de los manuscritos es tal que sólo puede describirse mediante epítetos y superlativos. La magia deslumbrante que proporciona el dorado idealiza las escenas representadas. La historia sagrada se encuentran idealizadas con una iconografía simbólica que descifra Florens Deuchler en su estudio de los gestos y acciones de los personajes y por detalles de los elementos compositivos. 


Recomendamos las entradas a nuestro blog:


LIBRO DE HORAS: 

SANTA MARÍA REINA 

de Federico Delclaux



BEATO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA: ASPECTOS TEXTUALES Y CODICOLÓGICOS





jueves, 5 de septiembre de 2024

BERNARDO LORENTE GERMÁN Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU TIEMPO 1680-1759, de FERNANDO QUILES GARCIA E IGNACIO CANO RIVERO


  Editorial: Villaverde Ediciones

Edición: Madrid, 2008

Idioma: Castellano.

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta ilustrada

353 páginas

24 x 31 cm.

2.100 gr.

ISBN 9788493464035

P.V.P. 45,000 €

El nacimiento de san Pedro Nolasco, de Zurbarán

    Un interesante libro de pintura centrado en la figura de Bernardo Germán Llorente y su tiempo con un gran estudio pictórico, como se puede ver en el índice de contenidos sobre la escuela andaluza y el siglo de Oro, además de incorporar un importante apéndice de fuentes documentales.  

    Bernardo Germán Llorente  (Sevilla, 1680-1759). Pintor español. Se formó con su padre, modesto pintor local, y después con un poco conocido Cristóbal López (c. 1671-1730), que hizo fortuna realizando imágenes devocionales para el mundo americano. Su obra se inscribe en una corriente de artistas que siguieron a Murillo y fueron capaces de adecuar su estilo a los cambios estéticos del XVIII, en especial tras recibir la influencia directa de la pintura francesa a partir de la llegada de la corte de Felipe V e Isabel de Farnesio a Sevilla en 1729. 

Retrato de Don Antonio Hurtado de Salcedo y Mendoza 
Bartolomé Esteban Murillo

    En este sentido, el conde del Águila afirmaba que «dióse a copiar e imitar a Murillo» pero, sin embargo, aceptó en su pintura determinadas influencias que la acaban individualizando, como la de los pintores franceses que trabajaron en Sevilla durante el lustro real y el gusto, común en la escuela granadina, por oscurecer los lienzos con betún contrastando las sombras con los toques de luz. Por otro lado, en el conjunto de su producción cabe destacar la desigualdad técnica según los diferentes encargos, lo que podría explicarse por el exceso de trabajo en el taller, situación que sólo le permitiría esmerarse en determinadas obras.

    Vivió toda su vida en Sevilla, donde se dedicó fundamentalmente a realizar obras religiosas para retablos, cuadros de altar y cuadros de pequeño formato de contenido devocional, así como algunos retratos y obras de naturaleza muerta. Pintor de ejecución rápida, poseyó una técnica suelta y un estilo en el que predominó claramente el color sobre el dibujo, con gran interés por los contrastes cromáticos y el protagonismo de la luz. La Iglesia fue su principal cliente y realizó numerosos cuadros de la Divina Pastora, siendo uno de los principales difusores de esta iconografía, creada por Alonso Miguel de Tovar, hasta el punto de ser llamado por Ceán «el pintor de las pastoras». Lorente representa el culmen de modernidad de la primera  generación de pintores del siglo XVIII en Sevilla junto a Domingo Martínez y Alonso Miguel de Tovar. 

Arcángel San Gabriel, de Alonso Miguel de Tovar

    Su pintura más temprana conocida es San Agustín. Firmada y fechada en 1717, se conserva en el convento de carmelitas descalzas de Jaén. El San Francisco de Borja es de 1726 y se guarda en una colección particular de Madrid; quizá formara pareja con un San Francisco Javier de Sevilla, en ambos destacan las vánitas con los instrumentos de mortificación. Influido por el contexto en el que vivió, representó con frecuencia las escenas populares de tradición murillesca, como el Grupo familiar comiendo melones y el Grupo familiar comiendo uvas y sandía, de colección barcelonesa; igualmente, en cuanto a las “Pastoras”, imágenes de la Virgen en una escenografía bucólica tan queridas en la Sevilla del siglo XVIII, son significativos los ejemplos de la iglesia del Santo Ángel y la parroquia de Brenes (Sevilla). La mayoría de las series que pintó Lorente para los conventos han desaparecido, como la serie de seis lienzos encargada por los monjes de la cartuja de Jerez de la Frontera en 1743 sobre la Pasión de Cristo. Este tipo de producción se puede conocer gracias a La Santa Cena y El prendimiento de Cristo, de la capilla del Baratillo en Sevilla, obras de gran formato y esmero compositivo, fechadas en 1735. Los cuatro lienzos para los monjes trinitarios que se conservan en la iglesia de los salesianos de Sevilla también pueden asimilarse con estas series.

    En contraposición a los anteriores, el San Fernando —también de colección particular sevillana— deriva de la iconografía murillesca. Más sorprendente resulta su interés por las representaciones mitológicas, de las que se conservan dos ejemplos en una colección madrileña, El rapto de Europa y El Triunfo de Anfítrite, escenas inspiradas en las obras de Cartari.


    Su repertorio temático fue mucho más amplio que el religioso: una destacada faceta de su producción fueron los retratos. Durante la estancia de la Corte en Sevilla —entre 1729 y 1734—, la calidad de los retratos que pintó le hizo ganar una propuesta para incorporarse al grupo de pintores reales cuando los Monarcas abandonaron la ciudad. Sin embargo, no aceptó la invitación, prefirió permanecer en Sevilla hasta el final de su vida. Ceán Bermúdez difunde estas noticias y lo describe como un hombre melancólico y de trato reservado, en cierta forma lo encasilla como “pintor de las Pastoras”, cuando no pintó esta iconografía, tan demandada desde 1703, en mayor medida que otros artistas. el propio artista, en carta a José de Hermosilla, declara que se le cerraron las puertas de la corte por envidia. Sin embargo, hacia 1730 pintó un retrato del infante Felipe de Borbón, futuro duque de Parma, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en el que se aprecia la influencia francesa impuesta por los Borbones. que fue muy del gusto de su madre la reina Isabel de Farnesio, mostrando en él, como en otros de su mano, un evidente eco francés, especialmente de Jean Ranc. José Milicua comenta, gracias a una carta del propio Lorente del supuesto enfado y casi “muerte” de disgusto de Ranc al contemplar el retrato infante que él no había sido capaz de pintar con semejante parecido y rapidez.

San Fernando, hacia 1730

    En los años siguientes su producción fue abundante y muy valorada. El mismo sello cortesano es evidente en los retratos de Don José Vicente Urtusaustegui y su hermana, Doña Manuela Petronila Urtusaustegui, fechados en 1735 y conservados en una colección particular de Madrid, así como los de sus descendientes —La familia del marqués de Torrenueva—, guardados en Sevilla.

    Destaca la pintura de trampantojos por su calidad técnica. Son magníficas las Alegoría del vino y Alegoría del tabaco, pintadas entre 1730 y 1740 y conservadas en el Museo del Louvre de París; probablemente formaron parte de una serie dedicada a los cinco sentidos, en este caso, aluden al gusto y el olfato. Igual esmero en su ejecución se observa en la Alacena abierta, obra que figura en la portada del libro y que se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

  Tuvo éxito y cierto reconocimiento, pero no parece, por la documentación conservada, que tuviera un taller muy grande ni numerosos discípulos entre los que sí se cuentan Lorenzo de Quirós y Felipe de Castro; no sólo pintó para la clientela sevillana y consiguió una desahogada posición económica.

 El cuadro La Divina Pastora de Llorente, conservado en el Prado, en los inventarios de 1814, estuvo atribuida a Bartolomé Esteban Murillo. Se inscribe en una corriente de devoción que hizo fortuna en este periodo en la capital andaluza, la cual contribuyó a poner de moda esta iconografía que se difundió por toda España. Su aprecio por la cor­te se revelaría no solo en los ofrecimientos y agasajos que nos relata Juan Agustín Ceán Bermúdez, sino que cuando en 1756 Llorente solicitó desde Sevilla el nombramiento de académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de ­Madrid se le concedió inmediatamente debido al prestigio que le reconocieron los consiliarios. 


San Miguel Arcángel

Casi al final de su carrera, en 1757, pintó el aparatoso San Miguel luchando contra los demonios de la catedral de Jaén.

Por el inventario realizado tras la muerte de su esposa en 1738, sabemos que poseía una interesante biblioteca compuesta por treinta libros, entre ellos El Arte de la Pintura de Pacheco, los Discursos Apologéticos de Juan de Butrón, textos religiosos, de matemáticas y perspectivas, además de unas seiscientas estampas, las que con toda probabilidad utilizaría como inspiración y soporte para sus composiciones.

En sus últimos años fue distinguido como académico de mérito de la Real Academia de San Fernando “en atención a la fama notoria de pericia y singular habilidad del pretendiente”. Hacia mediados de siglo se conoce  su labor como tasador entre la clientela sevillana, civil y religiosa.

    El conde del Águila afirmó que Lorente «diose como todos los de su tiempo a copiar e imitar a Murillo». Aunque Lorente no copia literalmente composiciones de Murillo tan frecuentemente como lo hicieran otros pintores, es un pintor que estilísticamente está conectado con aquel.

    Su obra se concentra sobre todo en Sevilla, aunque en los últimos años han salido a la luz varias pinturas suyas en otros puntos de la geografía española, lo que nos lleva a pensar que su fama debió de transcender el ámbito sevillano. Algunos estudiosos del pintor como Pedro Galera, han analizado algunas de estas obras que se encuentran desde antiguo en la provincia de Jaén en iglesias y en colecciones particulares, o las pinturas de San Andrés y Santa Catalina de Siena del retablo de la antigua capilla de Nuestra Señora de la Concepción de la catedral cordobesa firmados por él.


Bibliografía: 

Porres Venavides, Jesús.

Jesús Porres Benavides, Jesús

Fundación Museo del Prado, Real Acadaemia de la Historia.

martes, 3 de septiembre de 2024

ESTAMPA EUROPEA DE LOS SIGLOS XV Y XVI. COLECCIÓN MANUEL ÁLVAREZ BRAVO. MUSEO SOUMAYA

Estampa europea de los siglos XV y XVI 

Colección Manuel Alvarez Bravo

Editorial: Asociación Carso - Museo Soumaya, 

México, 1998.

Encuadernación: Tapa blanda.con solapas.

258 páginas

23.5 x 33 cm.

1615 gr.

ISBN 9687794054 - 9789687794051

PVP. 55,00 € 

Puede consultar disponibilidad en el correo:  



    Catálogo de la exposición. Varios autores nos ofrecen visiones como Los coleccionistas de estampas en los siglos XV y XVI, por Alejandro de Antuñano Maurer.



     La ilustración en los orígenes de la imprenta, donde encontramos imágenes que acompañan al texto de los incunables para transmitir ideas, cultura y creencias, por Elvia Carreño.

    El grabado en los siglos XV y XVI, por Ruth Ziegler y El grabado en la Nueva España por Guillermo Tovar de Teresa. 

Grabado de Albert Durero

 Estampas europeas en la colección de Manuel Álvarez Bravo (1902-2002) por Mónica López Velarde Estrada e Iván Leroy Ayala. 

    El aspecto heráldico y simbólico en Estampas europeas en la colección de Manuel Álvarez Bravo, por Salvador de Pincal-Icaza.

Y estudio técnico del grabado en los siglos XV y XVI, por Mª de los Ángeles Sobrino F.


La mitología tan importante de épocas clásicas fue importante fuente cultural en la Baja Edad Media 

La utilización didáctica de la imagen para inculcar el tema religioso 

Se muestra cómo tuvo que sacrificarse Adan tras el pecado original 

Y la construcción de El arca de Noe.

 Aspectos de la vida cotidiana


Y de los procesos en los trabajos manuales

La confección de telas desde los capullos de seda a su tejido


Incluye referencias bibliográficas (pp. 254-257).



Recomendamos la entrada a nuestro blog:

GRABADOS ALEMANES 

DE LOS S. XV-XVI







jueves, 29 de agosto de 2024

DIBUJOS ESPAÑOLES DEL SIGLO DE ORO, Zahira Veliz. THE APELLES COLLECTION


      Desde principios de la década de 1990, el arquitecto chileno Carlos Alberto Cruz formó una de las colecciones privadas más importantes de dibujo español de los Siglos de Oro. La calidad de algunos de ellos y la presencia de nombres de referencia como Fabrizio Castello, Francisco de Herrera el Viejo, Juan Valdés Leal o Luca Giordano, muy presente en el monasterio de El Escorial.


The apelles collection 

Zahira Veliz

Museo de Bellas Artes de Asturias, 2002 

Idioma: Español 

Fecha de Publicación: 2002 

Nº de páginas: XXIV + 200 pp.

Idioma: Español

Tapa dura en terciopelo con tipografías doradas en lomo y sobrecubierta. Cinta marcadora en tela

ISBN-10: 8486889944

ISBN-13: 9788486889944

Peso del producto: 2,9 kg



Puede consultar disponibilidad en el correo:  



    La vocación con la que nació la Colección Apelles –que engloba no solo dibujo sino también pintura– quedó de manifiesto por su propietario, el arquitecto chileno Carlos Alberto Cruz Claro (1939), cuando una parte de ella se expuso en 2002 en el Museo de Bellas Artes de Asturias de Oviedo. En su texto de presentación de la muestra, que se tituló Dibujos Españoles del Siglo de Oro. The Apelles Collection, este señalaba: “Parecía un disparate, o una presunción, tratar de formar una colección de dibujos –españoles del Siglo de Oro– hoy día... 


    La responsabilidad de formarla recayó sobre la especialista Zahira Véliz, quien también dejó claro el camino marcado a la hora de formarla: “A la hora de adquirir dibujos para la colección Apelles hemos intentado aplicar dos criterios principales: en primer lugar, que daten del periodo que va desde la colocación de la primera piedra angular de El Escorial en 1563 hasta el incendio del Real Alcázar de Madrid de 1734. El segundo era que tuviesen un aspecto bello o interesante”. Así quedó de manifiesto con obras singulares de Francisco de Urbino, Luca Cambiaso, Romulo Cincinato, además de otros de maestros del XVII como Juan Carreño de Miranda, Juan Antonio Frías y Escalante, Alonso Cano o Juan Valdés Leal.

    En dicha exposición se mostraron un total de 44 dibujos que seguían dichas directrices. La presentación de los mismos ha corrido de nuevo a cargo de Zahira Véliz, que no solo ha preparado el texto introductorio sino que ha sido la responsable de las atribuciones. 

La Asunción de la Virgen de Alonso Cano.

    La alegórica Piedad de Fabrizio Castello, como demostraron recientemente García-Toraño y García Frías, de uno de los cartones sustitutivos para la decoración al fresco de uno de los medallones de los lunetos de la Celda Prioral Baja del monasterio de El Escorial, que estuvo a cargo de Francisco de Urbino entre 1581 y 1582. 

    La mayoría de este tipo de obras, tan importantes por tratarse de dibujos a tamaño real empleados directamente por los pintores escurialenses para traspasar a los frescos, se conservan aún hoy en el Monasterio, de ahí su importancia.


Muchas obras son inéditas y es la primera vez que se dan a conocer, algunos como bocetos 


Daniel. Dibujo de Francisco de Urbino, 

Hacia 1580.



Cristo expulsando al demonio de una piara de cerdos, se trata de uno de los numerosos dibujos del obrador de Diego López Escuriaz destinados a las decoraciones de los ornamentos litúrgicos del real monasterio escurialense. 









La mayoría de ellos se conservan todavía en la Biblioteca del edificio, pero otros tantos salieron durante la invasión napoleónica de principios del XIX y han ido apareciendo en el mercado internacional, de donde han pasado a instituciones públicas y privadas, así como a manos de coleccionistas, en las últimas décadas. 

San Juan Evangelista de Francisco de Herrera el Viejo. Perteneció a la colección Standish y posteriormente a la del rey Luis Felipe de Francia. Forma parte de un conjunto de Apóstoles realizado por Herrera hacia 1630-1640 del que se conserva buena parte en la Kunsthalle de Hamburgo (fueron expuestos en Madrid en 2014). Apóstoles, evangelilstas y filósofos que dialogan en pareja en la curiosa basílica de planta griega de El Escorial.

    El interés de Carlos Alberto Cruz por el dibujo andaluz, con singulares piezas de la escuela andaluza de mano de artistas como Juan de Sevilla o Antonio García Reinoso. De esta escuela destacan por su interés un Cristo con la cruz a cuestas que fue adquirido en 2007 como círculo de Murillo y Véliz propone a Juan Valdés Leal como su autor.  

Juan Valdés Leal 

 

    Dibujos como Apóstol erguido, hacia 1642, atribuido a Francisco Herrera El Joven.

Prueba de que el boceto superior sea de Francisco Herrera El Joven.


    La travesía milagrosa de san Raimundo de Peñafort, hacia 1667, atribuidos a Juan Antonio Frías y Escalante

    También se encuentran presentes otros autores como Juan Carreño de Miranda, Claudio Coello o Juan Martín Cabezalero. 


Inmaculada Concepción, hacia 1668-69. Francisco Meneses Osorio

    Eliab, arquitecto del Arca de la Alianza, de Luca Giordano. Además de su procedencia, la antigua colección Félix Boix (posteriormente pasó por Ruiz Linares hasta ser adquirido para la Apelles en 2002), se trata de un dibujo preparatorio para uno de los lunetos de la basílica de El Escorial que el napolitano llevó a cabo en 1694.

Guardas del libro


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CIUDADES DEL SIGLO DE ORO

LAS VISTAS ESPAÑOLAS DE 

ANTON VAN DEN WYNGAERDE