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miércoles, 9 de marzo de 2022

EL JUEGO AUREO: 533 GRABADOS ALQUÍMICOS DEL SIGLO XVII - STANISLAS KLOSSOWSKI DE ROLA - Editorial Siruela



     En la entrada número 500 de nuestro blog, que se encamina a las cien mil visitas, damos cabida nuevamente a un libro que pudiera parecernos esotérico y, sin embargo, interpretamos era el conocimiento científico más serio que había desde la Antigüedad hasta la Edad Contemporánea. Filósofos y científicos a la búsqueda del misterio de la esencia de la vida.






 EL JUEGO AUREO: 533 GRABADOS ALQUÍMICOS DEL SIGLO XVII

descifrados por STANISLAS KLOSSOWSKI DE ROLA

Editorial Siruela, Madrid, 1988

Encuadernación en tapa dura, recogido en estuche también en cartoné 

324 p., 23 x 32 cm.

Traducción de José Antonio Torres Almodóbar 

Diseño Gráfico de Jacobo Siruela  

Ilustraciones en b/n 

ISBN 10: 848587692X

ISBN 13: 9788478448241 


    El juego Aureo no deja de ser un libro de libros que recoge el estudio de emblemas alquímicos a lo largo del siglo XVII. A partir del Renacimiento resurgía el siglo del oro de la Alquimia. Tratados que contenían ilustraciones que trascienden al misterio y la magia por tratarse de jeroglíficos.

             


    El juego áureo es uno de los libros más bellos e importantes de los dedicados a la alquimia, reúne una exhaustiva selección de los mejores emblemas alquímicos que fueron grabados en el siglo XVII, procedentes de las mejores bibliotecas del mundo y comentados por Stanislas Klossowski de Rola, que consagró toda su vida al estudio de la tradición alquímica y que aquí investiga esta tradición visual, interpretando la simbología de las figuras.

    En la Edad Media y hasta fines del siglo XVII, en que se consolidaron los rosacruces, fue una ciencia muy importante estudiada por algunos de los más distinguidos filósofos como Avicena, Albertus Magnus, Raimundo Lullio, Elías Ashmole y muchos otros. 


    Se ofrece una detallada información sobre diversas autoridades en la materia, como por ejemplo Mylius, Lambsprinck, Maier o Böhme, entre los autores; obras como Amphitheatrum sapientiaeMutus Liber, Anatomia auri; y grabadores e impresores de la talla de la familia De Bry, Merian o De Hooghe.

Retraro de Heinrich Khunrath  en 1602, "Fiel hijo de la doctrina". Observesé que escribe con un compás.


   Stanislas Klossowski de Rola (Friburgo, 1942), hijo del pintor Balthus (Balthasar Klossowski de Rola), se educó en Suiza e Inglaterra y vivió varios años en Sri Lanka. Amigo de Eugène Canseliet, discípulo directo de Fulcanelli y conoció al lama Anagarika Govinda, una autoridad entre las sabidurías de oriente y occidente. Aparte de El juego áureo, ha publicado Alquimia: el arte secreto y Balthus. Como alquimista hasta la médula todavía se considera que vive en un castillo de Italia.

El trabajo manual y la meditación

    La alquimia occidental ha estado siempre estrechamente relacionada con el hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes Trimegisto, una deidad sincrética greco egipcia y legendario alquimista.


    Los egipcios, primeros alquimistas nos hablaron de la Piedra Filosofal, quinta esencia de la perfección que tendría los poderes divinos que mediante propiedades mágicas se llega a la perfección con la curación y la eternidad a través de la transmutación. Pensaban que se conseguiría la piedra a través del mercurio con el azufre que le proporciona el color dorado.


  La transmutación de metales corrientes en oro como la panacea universal del metal que nunca se corrompe para conseguir la perfección del alma humana lo que simbolizaba la evolución desde un estado imperfecto, enfermo, corruptible y efímero hacia un estado perfecto, sano, incorruptible y eterno.

    Los alquimistas manejan un lenguaje secreto, desde el propio nombre, restringido a los iniciados. Por ello, toman prestados términos y símbolos de la mitología bíblica y pagana, la astrología, la cábala y otros campos místicos y esotéricos. Además de este hermetismo no olvidemos que nos situamos en tiempos de la persecución a la que se encontraron sometidos desde la Inquisición. 


    Era la imagen la manera interpretativa de transmitir sus conocimientos. La iglesia prohibía a la vez que comulga de las representaciones iconográficas como las que aparecen en las catedrales con elementos alquímicos. El papa Juan XX prohibió la Alquimia. Aún así los monjes la trabajaron, como Roger Bacon que le estalló en pólvora, hacia 1200. El azufre se asoció al demonio y delató a muchos alquimistas prendiendo la hoguera.

    Matar al dragón significa efectuar la Disolución y Putrefacción de la Piedra de los Filósofos o Materia Prima. El caballero es el agente disolvente.

    Dentro del Bosque de la Obra se hallan las Naturalezas gemelas del Mercurio (Ciervo) y el Azufre (Unicornio).

 

   La búsqueda del oro va más allá y es también la de encontrar a Dios a quien el alquimista entrega su alma. La iconografía desconcierta en las imágenes arcanas para reflejar el arte secreto de la obtención del misterio de la creación en los metales, plantas y animales que poseen la propiedad de la vida. La iglesia prohibía por ética analizar el cuerpo humano abriendo por dentro en vida lo que exigía a los estudiosos como Leonardo da Vinci trabajar la intuición.

     En el estudio anatómico del hombre y los animales, Demócrito se reía mucho de las malentendidas alegorías de los sacerdotes.

     Maier consideró  muy dignos de atención al camaleón y al cocodrilo. La salamandra por sus colores asemejan el Azufre y Fuego Secreto que le ponían en un punto de mira excepcional.

    El lobo engulle al rey muerto que una vez quemado lo devuelve a la vida.

    Arriba, esquema del cabalismo cristiano. El círculo exterior con los Diez Mandamientos, las letras del alfabeto hebreo. En el centro el cristo resucitado y eterno que es como se conoce a la Piedra, con la acción del fuego, simbolizado por la Crucifixión.

   El elefante combate con el dragón, entre lo Fijo y lo Volátil (principios gemelos de la Obra), cuya muerte y posterior Putrefacción dan a luz el Primer Mercurio.

 

   La historia de Júpiter del sol y de Venus

    Aurum pluit, dum nasacitur Pallas Rhodi - (Llueve oro mientras nace Palas en Rodas, y el Sol se acuesta con Venus). 

Con un golpe de su hacha, Vulcano (El fuego) le abre la cabeza a Júpiter, aliviándole un enorme dolor y haciéndole dar a luz a Palas Atenea (Mercurio sublimado en lo más alto de la cocción).

 

    Llueve oro sobre la isla de Rodas (La Tierra Filosófica). Se debe a que el Oro Filosófico volatilizado retoma en forma de lluvia a la Materia Fija que permanece en el fondo del recipiente alquímico. La unión sexual del sol y Venus, que aparece en un segundo plano, a la derecha, es la mezcla de lo Fijo y lo Volátil, que produce la Fijeza perfecta de Apolo, representado por el Coloso de Rodas. 

   En la actualidad la Alquimia es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. La alquimia fue una de las principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias, herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias químicas y metalúrgicas. 

  La Alquimia es la búsqueda de la piedra filosofal, con la que se sería capaz de lograr la habilidad para transmutar oro y proporcionar la vida eterna. Fue materia de interés para Newton, un apasionado en su aplicación para la ciencia, o Karl Jung a través del estudio de los sueños de sus pacientes.

    La importancia de este trabajo se encuentra en los estudios de las reproducciones de los grabados en bronce del siglo XVII. Entre su fuerza estética se ocultan los misterios mitológicos de la Alquimia. Unos científicos que no solo pretendieron obtener oro como metal noble y precioso sino la esencia inmutable de la eternidad y, con ello, la de ser creadores. Los prometeos que dijeron tener el secreto en el Renacimiento pagaron con el castigo de la mortalidad. Todo palacio contaba con uno o dos alquimistas pero no es oro todo lo que reluce. Varios son los individuos que se ocultaron con el secreto como Fulcanelli a quien se le daba por vivo durante varios siglos para  alimentar la leyenda.


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 LOS PILARES DE CASTILLA EN LAS RAÍCES CELTAS DE LARA 

LAS ENSEÑANZAS SECRETAS DE TODOS LOS TIEMPOS 

por MANLY P. HALL

 


ITINERARIO DEL ÉXTASIS O LAS IMÁGENES DE UN SABER UNIVERSAL por ATHANASIUS KIRCHER


Edición de IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO



CLAVES PARA UNA TEOLOGÍA DEL UNIVERSO, VISIÓN DEL SIGLO XVII DE ROBERT FLUDD



jueves, 24 de febrero de 2022

ATHANASIUS KIRCHER. La búsqueda del saber de la antiguedad - Joscelyn Godwin

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La Torre de la Botica es una colección consagrada al estudio de los textos clásicos, así como a la edición de obras de eminente carácter humanístico, muy particularmente las consideradas dentro de las Artes Liberales.


Encuadernación en tapa blanda de editorial ilustrada.

157 pp. Tamaño 17 x 24 cm.,

ISBN 9788485595433 

ISBN 8485595432

Versión al castellano de Guillermo Lorenzo 

Ilustrado con más de un centenar de grabados


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    La búsqueda del saber, una obra filosófica y literaria que eleva al jesuita alemán a la categoría de mito antropológico, como encarnación de una figura humana que aspira al saber universal y que consagra su existencia a la búsqueda de todos los conocimientos asequibles e inasequibles en las ciencias y en las artes. 



     Athanasius Kircher  fue una de las cimas intelectuales del Barroco, nació en 1602 en Fulda, entonces bajo la jurisdicción del Sacro Imperio romano germánico. Desde los catorce años contemplaba una personificación extraordinaria del ideal de universalidad científica y artística que por entonces deseaba ardorosamente emular. Sufrió las devastadoras consecuencias de la Guerra de los Treinta Años, vagó por Europa central y enseñó en la Universidad de Würzburg, donde impartió clases de hebreo y siríaco. Tras servir brevemente en la corte de los Habsburgo en Viena, en 1634 fijó su residencia en Roma, donde pasaría la mayor parte de su vida dedicado a la docencia y a la investigación. Profesor en el Collegium Romanum de la Compañía de Jesús, germen de la actual Universidad Gregoriana, allí fundó, en 1651, un seductor Museum Kircherianum, repleto de antigüedades, fósiles y objetos exóticos de diversa índole, que más bien parece la cristalización de su propia alma universal y pintoresca. 


    Cuando falleció en 1680 en la ciudad eterna era una auténtica celebridad intelectual en Europa, y se había carteado con los principales eruditos del continente. Dueño de una curiosidad tan indoblegable como fascinante.



    Aficionado a la ciencia, inventor y coleccionista se le considera un erudito en diversos campos del saber en los que publicó diversos tratados: el estudio del chino, la escritura universal (Novum hoc inventum quo omnia mundi idiomata ad unum reducuntur, 1660) o el arte de cómo pensar. Una de sus invenciones, que nunca funcionó, fue una máquina de movimiento perpetuo, que por medio de imanes conseguía el presunto movimiento aparentemente eterno de una flecha de hierro situada en el centro del artefacto. Destacó por su estudio sobre la lengua copta y su aplicación al desciframiento de los jeroglíficos egipcios, campo en el que pese a que se le consideraba un experto no logró ningún resultado válido llegando a publicar un libro lleno de presuntas traducciones sin valor.  



     Athanasius Kircher fue matemático, geólogo, lingüista, arqueólogo, aventurero, inventor… Llamado “el maestro de las cien artes” y el “alemán increíble”, para muchos era poseedor de una cantidad ciclópea de conocimientos y de una sabiduría profunda en casi todos los campos del saber humano. No en vano, Kircher fue autor de más de cuarenta libros caracterizados no sólo por la vastísima y heterogénea erudición que exhiben, sino también por la belleza de las ilustraciones que los acompañan. 



Podemos comprobarlo en títulos, entre otros: 

  • Ars magna lucis et umbrae
  • Oedipus Aegyptiacus
  • Itinerarium Exstaticum
  • Prodromus coptus sive aegyptiacus
  • Poligraphia nova et universalis ex combinatoria arte directa
  • Mundus subterraneus
  • China illustrata
  • Ars magna sciendi sive combinatoria… 


    Lo que observamos en la obra kircheriana es un fervoroso despliegue de conocimientos y de estética, de interés por civilizaciones antiguas y remotas, como Egipto y China, por los principios de la vulcanología o por las reglas de la combinatoria matemática y lógica (en esa sugerente estela recorrida por otros grandes del espíritu, como Ramón Llull y Gottfried Leibniz); una exploración, en suma, de la práctica totalidad del saber y del ingenio humanos. A medio camino entre el Renacimiento tardío y la plenitud del Barroco, a punto de ser eclipsado por la fuerza incontenible de un racionalismo destinado a triunfar en la ciencia y en la filosofía del siglo XVII, en Kircher encontramos a un hombre a caballo entre dos mundos, a un mestizo del espíritu que habitó un copioso número de provincias del saber y de la creación: a una rara avis que, sin embargo, entronca con lo mejor de la tradición renacentista y barroca. 


  

      A Kircher merece que lo califiquemos como “el último de los sabios universales” y como uno de los más acendrados ejemplos de polimatía en las ciencias y en las letras. Sólo podemos sentirnos maravillados ante la evidencia de que en el siglo XVII aún fuera factible dominar una diversidad de ramas del conocimiento y realizar contribuciones sobresalientes a distintos ámbitos de las ciencias y de las artes. 


    Es necesario destacar una contribución perdurable de Kircher al estudio científico del antiguo Egipto y la lengua copta, sin cuyo esclarecimiento habría sido imposible elaborar una gramática del egipcio clásico (no olvidemos que el descifrador de la escritura jeroglífica egipcia, Jean-François Champollion, buscó con frecuencia orientaciones en las estructuras gramaticales coptas para completar su famosa gramática egipcia de 1836).  Además, el maestro germano había sido sacerdote católico, por lo que había aunado dos dimensiones que en esa época me apasionaban: la fe y la razón, el anhelo de tender puentes entre la teología y la filosofía.


   Estatuas parlantes. Esculturas para espiar. La música y el sonido.

   

      Se exhibían numerosas obras de Kircher, aderezadas con hermosas imágenes y exquisitos grabados, parecían exhortarnos a cruzar la senda del saber guiados por la luz de la belleza y del arte. Geología, física, teología, lenguas, arte...: todo el saber del mundo volcado en un intelecto finito, como si fuera posible derramar la infinitud del conocimiento en la finitud de una mente mortal y limitada, a imagen y semejanza de esa célebre leyenda en la que San Agustín reprocha a un ángel el absurdo de querer verter todas las aguas del océano en un pequeño hoyo cavado en la playa. Es la tragedia del ser humano, la contradicción entre nuestro anhelo y lo que en verdad podemos llevar a término. 


 

     Athanasius Kircher se convertiría en un mito, en la categoría de un hombre ansioso por saberlo todo, por acumular todos los conocimientos del cielo y de la Tierra, tarea quizás factible en el siglo XVII, pero hoy desvanecida del horizonte de nuestras posibilidades más cercanas. Athanasius se elevaría así a un plano más universal, desde el que extraer un mensaje válido para nuestra época, y se alzaría como vivo ejemplo de los ideales más puros del Renacimiento tardío y del Barroco, cual icono de una añorada fusión de saber universal y belleza.

    Su fama como "experto" en jeroglíficos movería a uno de los primeros propietarios del Manuscrito Voynich.   


     De lo particular a lo universal, de un individuo de carne y hueso que vivió en el siglo XVII al prototipo de un hombre que no quiere renunciar a su íntimo e irresistible deseo de dominar todo el conocimiento y de realizar aportaciones notables a multitud de áreas del pensamiento y de la creación estética. 


    La universalidad de los intereses humanos en todo su esplendor; un homenaje a lo que representa Kircher, ilustre sabio universal del siglo XVII, como motor para examinar las grandes ideas de la filosofía, los mayores conceptos de la mente humana, los principales debates metafísicos y teológicos: la existencia de Dios, el problema del mal, el horizonte aterrador del nihilismo, la naturaleza de la libertad y de la necesidad... Discusiones universales de la filosofía que en Athanasius se abordan desde el ideal de una aspiración al todo armonizada con la búsqueda vivificadora de la belleza. 

     Esta cadencia lírica no sólo otorga un modo más diáfano de canalizar el sentimiento humano y de resaltar las posibilidades expresivas del lenguaje, sino que remite a los albores mismos de la filosofía, cuyas manifestaciones más antiguas surgieron en forma de poemas imbuidos de metafísica. Si la ciencia y el arte son las dos alas del espíritu humano.

     La pregunta de las preguntas: ¿por qué el “porqué”? ¿Por qué no desiste el ser humano de hacerse preguntas? ¿Por qué esta tensión creadora entre lo posible y lo imposible?


Carlos Blanco, de su libro homenaje a Athanasius Kircher

ALEGORÍA DE LA BÚSQUEDA DEL SABER UNIVERSAL 

ATHANASIUS (DIDACBOOK, 2016)




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lunes, 7 de junio de 2021

MADERA DEL AYRE - José Correa - Conde de FLORIDABLANCA, 1767- Camilo José CELA, 1990

   En los primeros días de abril de 1767, un asustado caballero murciano, entrado en años, llamaba con desesperación a la puerta del cirujano de la corte, José Correa, con la pretensión de que le reconociese dos mostruosidades que, según se demostraban, eran, hablando con el respeto debido, dos palos de madera del aire o asta, del mismo color, dureza, substancia y figura que los de un cordero. Los documentos dan cuenta de que el cirujano se los amputó y el Conde de Floridablanda remitió las dos pequeñas astas al Real Gabinete de Historia Natural que, sin embargo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, heredero suyo, no conserva.


     La denominación "madera del aire" aún se recoge en el Diccionario de la Real Academia Española como: Asta o cuerno de cualquier animal.


EDITA: AYUNTAMIENTO DE LA CORUÑA - CSIC

Salamanca, 1990.

Estuche con facsímil del escrito y su transcripción. 

Grabado numerado de tirada de 108 ejemplares.

Presentación por Camilo José Cela en pliego doblado. 

Una carpeta con ocho hojas donde se recoge el facsímil del acta original. 

Transcripción en 8 hojas  


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   Un caso singular es el de un hombre murciano que en 1767 acudió a la calle de la Cava Baja de Madrid para que el cirujano José Correa le serrara unas maderas del aire que tenía en la cabeza. Los documentos que acreditan este hecho, el único caso conocido de la presencia de cuernos en la especie humana, se encuentran en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales.


 En el documento notarial: «José Correa, cirujano que vive en la calle de la Cava Baja, declara bajo juramento que uno de los días del mes de abril próximo pasado de este año llegó a su casa un caballero de distinción, de 67 años de edad poco más o menos, con la pretensión de que le reconociese dos mostruosidades, que evidentemente eran, hablando con el respeto debido, dos palos de madera del aire, o astas del mismo color, dureza, sustancia y formas de las de un cordero. El caballero manifestó haber recorrido varias tierras y lugares para que se los cortasen, y que ningún cirujano quiso encargarse de la operación, por lo cual fueron por mí separados por medio de la sierra de amputar».


   La declaración de la testigo Cándida Trijueque tampoco tiene desperdicio y dice, entre otras cosas:

«Que es cierto que en uno de los días del mes de abril llegó a eso de las nueve a la casa de José Correa un hombre embozado y con sombrero de tres picos, y estuvo hablando algún rato con don José Correa, aunque ella no entendió lo que hablaron entre ellos, pero sí vio que cuando mandaron sentar al hombre en una silla y quitarse el sombrero inmediatamente se le pusieron de manifiesto dos cuernos. La que declara, junto con los demás testigos, vio que don José Correa sacó una sierra armada con su botante de hierro y mango de madera torneado, de una longitud de poco más de media vara, y con la ayuda de los allí presentes que le sostenían se los cortó, y en esa operación habrá tardado como más de media hora. Se advierte que de los dos cuernos uno es más largo que otro y ambos tienen forma de caracol y estas de cordero».

   Eran, por tanto, más parecidos estos cuernos a la cornamenta de los bóvidos que persisten de por vida y, si se rompen, no se regeneran; que a las cuernas del venado y demás cérvidos, que caducan todos los años. Por eso en estos días encontramos los desmogues tirados en el monte, aunque en este caso han sido las células osteoclastas las que han aislado la cuerna de su pivote, actuando como una sierra.



   El Ministro Conde de Floridablanca envía a José Clavijo, director del Real Gabinete de Historia Natural una nota:

   «Remito a Vd. dos astas pequeñas cortadas a un hombre por el cirujano don José Correa, según consta del testimonio que también acompaño, y encargo a Vd. que las coloque y guarde en ese Real Gabinete con la nota correspondiente. Dios guarde a Vd. muchos años».

El Pardo, a 25 de febrero  de 1787. 

El Conde de Floridablanca.



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domingo, 2 de mayo de 2021

ITINERARIO DEL ÉXTASIS O LAS IMÁGENES DE UN SABER UNIVERSAL por ATHANASIUS KIRCHER

Edición de IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO


Ediciones Siruela,

Madrid, 2001 

Encuadernación en tapa dura de editorial 

464 páginas. 25 x 35 cm. 

Profusamente ilustrado, algunas imágenes en desplegable.

Prólogo y edición de Ignacio Gómez de Liaño.

ISBN 847844584


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   Athanasius Kircher (1601-1680) fue jesuita alemán, uno de los últimos grandes ejemplos del sabio universal que domina todas las ciencias de su época y, sin duda, el más característico del siglo XVII. 

   Barroco como su tiempo, en sus obras abarca temáticas tan diversas como la egiptología, la sinología, el magnetismo, la vulcanología, la óptica, la mecánica, la acústica, la lógica combinatoria y la scientia universalis

   Los grabados de Kircher proceden de los más de cuarenta libros en los que volcó sus profusas inquisiciones sobre disciplinas como la historia, la arqueología, la arquitectura, la filosofía, la religión, la mitología, la geografía, la lingüística, la numerología, la astronomía, la mecánica, las matemáticas, la zoología, la geología o la medicina. Orientado en todas direcciones, su afán enciclopédico

                

   Según Gómez de Liaño: "la ciencia cobra caracteres de fantasía poética, sin por ello perder los rigores lógicos que le son inherentes -donde el autor no se reniega- talante lúdico".

   Tras la introducción general, el volumen está dividido en nueve capítulos (más dos anexos) se corresponden aproximadamente con otros tantos libros de Kircher cuyas ilustraciones se reproducen. 

 Arca de Noe «Noe Arca», Ámsterdam, 1675  y La Torre de Babel «Turris Babel», Ámsterdam, 1679) reconstruye arqueológicamente, con una minuciosidad plena de desbordante fantasía, los primeros pasos de la humanidad tomando como punto de partida el Génesis bíblico. 

   El Lacio o El Reino de SaturnoLatium», Ámsterdam, 1671), libro netamente descriptivo, se centra en los paisajes y ruinas romanas, donde confecciona una preciosa y erudita guía y memoria en el tiempo de los parajes y monumentos que rodean a Roma. 


   En su Museo del Colegio Romano de los jesuitas dio cita, a lo largo de una buena parte del siglo XVII, a eruditos, príncipes y artistas llegados de toda Europa. 

   Artistas italianos como Bernini, la cábala hebrea y cristiana, la magia natural, la alquimia, ídolos mágicos egipcios, amuletos y talismanes exóticos, artefactos, máquinas, instrumentos musicales, curiosidades de historia natural, aparatos científicos, fragmentos de la antigüedad clásica, minerales, animales disecados, etc.

   La China ilustrada o el viaje a Oriente «China Monumentis, qua sacris qua profanis» (Ámsterdam, 1667), es el mayor compendio sobre sinología de su tiempo: paisajes, etnografía, fauna, arquitectura y los misteriosos sinogramas. Itinerario del éxtasis «Itinerarium extaticum» (Roma, 1657), es la explicación kircheriana de cómo el alma se precipitó del Cielo a la Tierra. 

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   El enigma de la esfinge y el Edipo egipcio «Œdipus Ægyptiacus» (Roma, 1656), está centrado en la antigua cultura de Egipto y supone el mayor e infructuoso esfuerzo de descifrar los jeroglíficos egipcios, vigente hasta Champollion. 

                             

   De la música pitagórica a la magia fonocámptica «Musurgia universalis» (Roma, 1650), supone el tratado de música y de instrumentos más completo de su época y el que gozó de mayor difusión. 


    El magnetismo del mago y el arte de la luz y de la sombra «Ars Magna Lucis et umbrae in mundo», (Roma, 1646); «Magnes sive de arte magnética» (Colonia 1641), se centra en lo estudios predominantemente empíricos sobre óptica y magnetismo. 

   Por último, El mundo subterráneo «Mundus subterraneus», (Ámsterdam, 1665) es un imaginativo recorrido por la geología, la vulcanología y otros misterios del mundo natural.

  Como escribe Gómez de Liaño, para Athanasius Kircher «lo que puede representarse mediante imágenes ha de considerarse resuelto», de ahí el detalle y la «imaginería» que caracteriza estas obras.

   Admirada en toda Europa, la colosal obra de Kircher se desglosa en una impresionante sucesión de representaciones visuales del saber.


   Edición con 520 ilustraciones, a cargo de Ignacio Gómez de Liaño, donde se recoge el corpus casi completo de la iconografía kircheriana junto con las notas explicativas y las introducciones a la obra y a la vida de Kircher, y no es sólo una perfecta iniciación a los más diversos y curiosos conocimientos intelectuales del Barroco sino también una verdadera delicia para el ojo y la imaginación.

  

   Ignacio Gómez de Liaño comenzó su actividad de escritor como poeta visual experimental. Esta faceta la fue abandonando pare centrarse en la narración, el ensayo y la investigación de ciertas disciplinas heterodoxas como la mnemotécnica, la memoria visual o los diagramas espirituales, y que dieron lugar a algunos importantes ensayos. 


   Por la paradójica combinación de saberes técnicos y creencias sobrenaturales o meras supercherías, por la inabarcable versatilidad de sus capacidades como estudioso, fabulador y medio mago, Kircher brilla en su obra con una luz extraña y cautivadora, a la vez ingenua y sofisticada. 


   Pero su abigarrada galería de imágenes no deja de reflejar, como también apunta el comentarista, la incipiente mundialización de la era del Barroco, recreada por el artista –que a su modo también lo fue– "con la vivacidad de una persuasiva fantasmagoría". No podremos ignorar a ilustres predecesores como Giordano Bruno, Robert Fludd o el mallorquín Raimundo Lulio del siglo XII, de quienes es deudor Kircher.




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 Si quieres ver como vieron la creación y el universo en el siglo XVII te recomendamos pinchar en un precedente a Kircher con la entrada a nuestro blog:


EL JUEGO AUREO: 533 GRABADOS ALQUÍMICOS DEL SIGLO XVII   STANISLAS KLOSSOWSKI DE ROLA  Editorial Siruela



CLAVES PARA UNA TEOLOGÍA DEL UNIVERSO, VISIÓN DEL SIGLO XVII DE ROBERT FLUDD


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