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Pedro Simón Llorente
SIERRA DE PINARES
La
Guerra del 36 fue francamente tensa para muchas familias en la
comarca pinariega. Según los censos nacionales de población, que en 1940 se
hincharon para percibir ayudas por racionamiento. En Palacios de la Sierra se tiende
al estancamiento al pasar de 1.230 a 1.258
habitantes, cuando según el crecimiento comarcal medio tendría que haber
incrementado dos centenares de habitantes, lo que también puede ser
consecuencia de la represión a la que es sometida una localidad con una
veintena de fallecidos, similar a Quintanar con el doble de habitantes; Vilviestre
del Pinar registra seis víctimas en 939 habitantes y pudieron ser muchas más, y de lejos, Canicosa
con dos de 874 habitantes; y Regumiel con una entre 541 residentes.
Julio Martínez Hernáiz como jefe de la comandancia de la Guardia Civil de Salas de los
Infantes impuso el terror y, a toque de tambor, colocaba los bandos informando del estado de guerra, la entrega de armas y la
presentación de los que eran afectos al Frente Popular. El día 22 de julio en
sesión extraordinaria con carácter de «urgencia»,
el alcalde de Quintanar de la Sierra Aquilino Peñaranda González dio conocimiento del bando que prohibía la
comisión gestora elegida el 12 de abril de 1931 por ser afecta al Frente
Popular. Se hace cargo del ayuntamiento Salvador Ureta, de 71 años. El 23 de julio
es cesado su primer edil y es sustituido dos días después por el hijo de aquel,
Jaime Andrés Ureta, de Acción Popular y perteneciente a una importante familia
de empresarios de la localidad con intereses madereros. Era uno de los notables
cabecillas que abordan las sedes de los partidos de izquierda «no sin antes tomar buena nota de los nombres», un sistema
operativo habitual para registrar los afiliados, como se hace en Lerma y Burgos.
El sistema represivo que establece J.A. Ureta es
ponerse al mando de las «patrullas
de vigilancia»
que cercan tanto su población como las vecinas Vilviestre del Pinar y Palacios
de la Sierra para establecer una redada humana y saquear víveres. El ayuntamiento de Quintanar de la Sierra en sesión
extraordinaria de 11 de marzo de 1937 acuerda:
Reconocer
y admirar la labor desarrollada por Jaime Andrés Ureta en su doble función de
Jefe Local de Falange y Alcalde del Ayuntamiento de la villa desde el Glorioso
Movimiento Nacional, organizando personal para ir al frente en calidad de
voluntarios en número de 35 personas aproximadamente, acompañando en todo
momento, a la guardia civil en las batidas por los montes en busca y captura de
personas que habían huido, desvelándose en la organización de servicios
públicos de vigilancia nocturna que sustituyera a las fuerzas de la Guardia
Civil ausente, recibiendo órdenes de la autoridad a la que daba estricto y
pronto cumplimiento y costeando de su bolsillo particular muchos gastos que se
hacían por bien y para el bien del pueblo que los abonaba con una esplendidez
que tanto honraba a él como a la corporación municipal, amén de la infatigable
labor desarrollada en esta zona de pinares en los primeros días del movimiento
en la que defendía ardorosamente la causa Nacional por si quedaba aún alguna
persona no simpatizante con la misma.
Entre los meses de julio y agosto del 36 hasta
en ocho ocasiones el ayuntamiento de Quintanar paga facturas de bebidas, cafés
y comidas a las fuerzas públicas después de las redadas. El 20 de septiembre de 1936 el ayuntamiento incauta bienes
y efectos que pertenecen a los partidos integrantes del Frente Popular en sus
domicilios sociales y cesa a tres guardas municipales y dos serenos por ser de
la izquierda. El peón
caminero Francisco Barriuso de María es encarcelado.
Siguiendo el modelo alemán del Eintopf (una olla), se establece a nivel
nacional el Día del plato único, que por
orden del 30 de octubre de 1936 se constituye con fin recaudatorio. Los
primeros de cada mes, que se amplía por quincenas entre septiembre y marzo, se
recogen fondos de particulares y comercios, los restaurantes contribuyen con un
10% de las comidas y el 5% de la pensión completa bajo multa por incumplimiento,
así como la sanción a las corporaciones que no cumplen con las contribuciones. Se
sanciona a los que están en desacuerdo y no contribuyen en la medida de sus
posibilidades o por faltar a las recaudadoras. Desde agosto de 1937 pasa a ser semanal.
La mitad de los ingresos son destinados a fines social-benéficos y la otra
mitad para el subsidio pro combatientes, del Día semanal sin postre. La paradoja se da en tener que contribuir
forzosamente para agradecer a los sublevados el atender a necesitados cuando
ellos provocaron la situación.
Entre los días 19 al 21 de julio, según una
trama establecida en la Casa
del Pueblo, se forja el boicot a todos los vehículos que habían requisado en el
municipio los sublevados, a los que les extrajeron la pipa para imposibilitar el
arranque. Además, mediante pinos cortan la carretera Salas-Cidones en el km. 23,
negándose a su retirada excusados en que se encontraban en huelga. La sentencia
procesó sin pruebas a Sinforoso Pablo,
Francisco Rodríguez, Juan y Liborio Pascual y José
Fernández. Y a los conductores Agustín
Ayuso, Lucio Guevara, Agustín
Íñiguez Plaza, Mauro Martín Ayuso, Rolando Peñaranda Medel condenados a cadena
perpetua y fueron trasladados al fuerte de San Cristóbal, mientras quedaban
absueltos Jacinto González de Prado y Julián de Juan Elvira que eran
derechistas.
A algunos de los detenidos y puestos en
libertad… les procuraron hacerles la vida imposible, llena de sobresaltos;
tenían la costumbre de hacerles visitas con simulacros de detención a altas
horas de la noche, recreándose en sus miedos y en su terror.
Entre los motivos por los que se ceba la
represión en la localidad, aparte de consignarse como la más poblada de la
Sierra, reconocemos las habituales: mayor concienciación ideológica, donde se
enfrentan grupos sociales (por el año 1933-34 se quemó la sede cooperativa La
Piraniega); la Casa del Pueblo y la Sociedad Obrera El Porvenir de la Sierra, presidida
por los hermanos Juan y Liborio Pascual Martín, que cuenta con
70 afiliados; coexisten frente a una importante agrupación de falangistas y
requetés, que rememoran lazos históricos carlistas de enfrentamientos vividos en
un municipio donde el bando del cura Merino dispuso de un importante apoyo; el
posicionamiento eclesiástico en favor del Nacional-Catolicismo endureció la
línea represiva; y la oligarquía caciquil mira por sus intereses sin dudar en
aniquilar tanto a personas como estructuras económicas, atentando contra
industriales y en perjuicio del
cooperativismo maderero.
Entre los activistas se cuentan los hermanos
Enrique y Román Andrés Ureta, hermanos de Jaime, represores en la retaguardia o
«amas secas». Otra familia
importante fue la del tío Pichuelas, Francisco Santamaría Abad, que pregona que
hay que hacer cribas en los izquierdistas hasta tercera y cuarta generación.
Sus hijos Odón, Austraberta y Elías Santamaría Alonso se significaron hasta
llegar a ser éste el jefe local de Falange. José Villalvilla, que había sido
enlace sindical de la CNT
en la construcción del pantano de Cuerda del Pozo, se convirtió en un exaltado
falangista que toma parte en los actos propagandistas de la comarca, como es
recordado en Vilviestre del Pinar.
Al año siguiente del levantamiento, el reparto
del poder en la corporación municipal de Quintanar de la Sierra se encuentra copada
por los miembros de Falange Española: Manuel Hernando Rioja y Eulogio Gil
Martínez, antiguos miembros de la CEDA, y otros ediles como Mariano de Miguel
Chicote, quién marcha voluntario al frente al estallar el alzamiento.
En Palacios de la Sierra el poder municipal también
se reparte entre las familias pudientes. José Ayuso instruye a sus hijos: «Aunque entre los hermanos os llevéis mal, que
al menos uno se encuentre en la casa grande». Su hijo Gabino Ayuso pretende
ser alcalde, sin embargo, el respaldo mayoritario durante la república recae sobre
Pedro Simón Llorente, quién también
es presidente del Sindicato de Oficios Varios, de UGT. Empieza a darse
relevancia a las fiestas del 1º de mayo, día al que se traspasa la costumbre de
que quién remata el Prado de Nava (propiedad del concejo a subasta), invita a
los vecinos; y se ameniza la conmemoración del día de la República con los
dulzaineros. Según el TRP, prohibió las procesiones y los entierros católicos. Curiosamente,
el cura Argimiro Pascual recibe patatas del primer edil porque en el pueblo «Nadie
podía pasar hambre». En
el recuerdo de los vecinos perdura su gran oratoria en los mítines en «pro» de los trabajadores,
como gran conocedor de sus necesidades al haber sido meseguero (guarda de las tierras).
Levanta casetas en diversos pagos para que los vecinos se protegieran ante las
inclemencias del tiempo, exige el cumplimiento en el peso estipulado para la
venta del pan y tiene el valor para publicar un bando en contra del Estado de
Guerra, por lo que se ve obligado a huir al monte. El TRP lo considera un
activista que aconseja la violencia y organiza huelgas. El 24 de julio, en
ausencia del alcalde, se instituye como Alcalde-Presidente a Félix García
Domingo.
El 16 de agosto la Junta de Defensa de Burgos
emite una declaración que arremete contra la conciencia: «…que nadie se abstenga de acudir con su aportación de moneda y… el oro
que cada español tenga en su poder debe de entregarlo sin demora para esta
causa…». La corporación de Palacios «coopera económicamente» con 50 pesetas para
la Junta de
Defensa Nacional (sesión del 23-8-36). El 25% de la suscripción voluntaria va
destinada para los vecinos del pueblo que acuden al frente por el bando
sublevado y, según sesión de 27 de septiembre, se estipulan 17 pesetas para
cada individuo incorporado a filas. El ayuntamiento destina una aportación de
25 pts. para el «Avión Burgos». Además,
los vecinos deben repartirse una contribución de 800 pesetas en un plazo de
ocho días, según trae establecido el jefe militar de Salas de los Infantes –suponemos
que una cantidad proporcional se establece en el resto de municipios– (sesión
del 30-8-36); y una donación de leña –Quintanar de la Sierra había aportado tres
camiones–; e igualmente, se instaura el «Plato único» (sesión del 15-11-36). La alcaldía es
sucedida por Alberto Castrillo, que también es juez, y posteriormente los
Ayuso: Félix y Cosme.
Los dos lugares precedentes mostraron el
triunfo de las izquierdas en las elecciones de 1931, y a ellos se suma
Vilviestre del Pinar en 1933, por lo que también acusa la represión política, que
recae sobre sus ediles. La corporación destituida se atreve a incluir en el
libro de actas que lo firman bajo la fuerza de las armas. Entre las actuaciones
del gobierno de la República
en el municipio destaca la prolongación de la jornada educativa en dos horas
con horario de tarde y la creación de una bolsa de empleo para que los patronos
contraten a los obreros que se ofrecen a trabajar, en correspondencia con la Ley de Términos Municipales. En el pueblo
hay una considerable filiación política constatada en dos fundaciones:
Izquierda Republicana y otra que congrega a los jóvenes, de tendencias
socialista y comunista.
Tanto en Palacios de la Sierra como en
Vilviestre del Pinar Jaime Andrés Ureta, conocido como El Carnicero, pone en práctica el cerco de las villas, reclutando a
sus propios obreros, voluntarios falangistas y los miembros de la guardia civil.
El día 17 de septiembre se realiza la redada en Vilviestre, con un grupo de
efectivos conducidos en camiones y un autobús para establecer el acordonamiento
por el perímetro del pueblo. Lucio
Peñaranda consigue eludir el cerco, sin embargo, regresa a auxiliar a su
padre que no podía más, y es apresado y cargado en la camioneta. A su
progenitor le obligan a cumplir penitencia hincado de rodillas para que rezase en
una casa a las afueras del municipio. Ureta tiene intención de fusilarlos en
Vega Molino pero son llevados a la prisión de Salas y conducidos a la fosa de el
Palancar (Pinilla de los Barruecos) el 22 de septiembre del 36. Con Lucio se encuentran Linos Chapero, Adón Redondo y los hermanos Anselmo
y Francisco de Rioja. Junto a
ellos, van a parar a la misma fosa los vecinos de Castrillo de la Reina Anselmo Medel y Santos Salas.
Las duras delaciones partieron de las hermanas
Emilia y María Marcos Benito. Desde entonces el municipio va a ser regido en
alternancia entre El Cachabas y el maestro Máximo Cámara Rupérez, que también
ejerce como juez, aunque tampoco perderán status su hijo, el derechista José
María Cámara Martínez, y el vástago de la Tía Navarrona, Alberto Benito.
Los vecinos de Palacios de la Sierra que hicieron frente fueron conducidos al Fuerte de San Cristóbal:
- Valentín Ayuso Mediavilla. Labrador de 35 años y casado. Ingresa el 12 de septiembre del 36, condenado a reclusión perpetua por rebelión y tenencia de armas. En consejo de guerra le determinan 30 años y va Pamplona en abril del 37. Sale con prisión atenuada el 6 de julio del 40.
- Desiderio Condado Olalla. Hijo de Julio. Minero de 32 años, soltero. Sometido a Consejo de Guerra en Bilbao por auxilio a la rebelión, por lo que es condenado a 30 años, que cumple en San Cristóbal y en Orduña, donde es trasladado el 26 de octubre del 39.
- José Molinero Castañeda. Jornalero de 27 años y soltero. Se le forma Consejo de Guerra en Vitoria por «Rebelión militar». Es condenado a 30 años, reclusión perpetua, e ingresa en la prisión el 28 de julio del 36 donde se le considera como uno de los organizadores de una fuga que resultó frustrada; y el 11 de noviembre del 42 es trasladado a la Prisión Central de Astorga.
- Juan Ruiz Alonso, labrador de 22 años. En circunstancias idénticas al anterior, quien también intenta huir del fuerte de San Cristóbal y es recluido después en Astorga y Mahón. Le condenan a 30 años.

Fuerte de San Cristóbal (Navarra)
Canicosa de la Sierra no es ajena a los
altercados, además de la fiesta del comunero de Revenga, cuenta con dos
víctimas paseadas y la detención el 6 de septiembre del alcalde Lucas Bartolomé
junto a cuatro vecinos dirigidos a la prisión de Burgos. El tejero asturiano
Ángel Obeso, de tendencias izquierdistas, cuando parte el camión manifiesta «que van a defender si marchan llorando».
Fueron excarcelados el 29 de septiembre. En fechas vacacionales en el pueblo se
encuentra el maestro Constantino Ibáñez Pascual, destinado en Chamartín de la Rosa (Madrid), que según
testimonios de los vecinos a la Depuración de maestros se prodiga en discursos
en las reuniones políticas desarrolladas en la localidad. Es detenido pero sale
de prisión y supera el Tribunal al ser avalado por Nicolás Montero, miembro de
Acción Popular de Quintanar. De acuerdo con las disposiciones del gobernador,
se nombra a cuatro vecinos para que ayuden a recoger las cosechas de los
voluntarios alistados en el ejército y en caso de no faenar se les multa.
SALAS E INMEDIAIONES
El 3 de septiembre se selecciona un primer
grupo de ocho personas de Castrillo de la Reina. Aprovechando
la reducción de la marcha por el estrechamiento de carretera en el antiguo paso
por el pueblo de Hortigüela, tras rasgar la lona saltan del camión y logran
escapar atados Canuto Santamaría y Gerardo Gómez Salas, quienes propician una
fuga que les permite regresar a La
Campiña, a las inmediaciones de su municipio. A los demás les
«pasean» en la Tierra de
Germán, pasado el cruce a Mambrillas de Lara en dirección a Burgos al lado
izquierdo de la N-234 en el km. 456, en una fosa cavada por dos izquierdistas
del pueblo bajo amenaza de que les iba a pasar lo mismo por pensar como ellos.
- Julián Santamaría.
Alcalde. Resulta herido en el tiroteo y logra escapar resguardándose en un
corral donde le asiste un pastor que termina delatándole y es reconducido al
mismo lugar en otra fosa.
- Saturio Gómez. Concejal. Se le recuerda como un hombre sociable
y simpático.
- Ponciano Salas. Pescadero.
- Lázaro Esteban. Labrador
que ameniza como gaitero.
- Arturo Rubio. Cantero, de Los Chivorras.
- Nicolás Rubio. Concejal.
Cantero. Primo del anterior y por tanto de la misma familia, y se dejaron
aconsejar, convencidos de su inocencia, por un tío afín al levantamiento.
Motivos por los que se da con mayor
contundencia la represión en el municipio son los enfrentamientos políticos
locales en los que la nueva corporación republicana exige cuentas de los fondos
municipales entre 1923-27 –su alcalde Norberto González recibe fondos para
expropiar los terrenos de la línea férrea del Santander-Mediterráneo–. Con el levantamiento
pasa a ser alcalde presidente Aniceto González y se reprime a la anterior corporación,
paseando al alcalde e intentándolo con Canuto Santamaría que es concejal y presidente
de la Asociación
de Trabajadores de la Tierra,
además, el secretario municipal es destituido; y un enfrentamiento religioso: la
comisión gestora prohibió al cura la procesión en la ermita de Santa Ana porque
no había solicitado autorización. Los vecinos caldearon el
ambiente bajo la mofa con el párroco Julián Gil bajo la proclama «Que se suba la sotana». Se maneja una «lista negra» con una veintena de
vecinos del pueblo pero los lazos familiares y los intereses cruzados entre los
ejecutores lo desestima.
Rabanera no cuenta con ninguna víctima pese a
que Mariano Ovejero es alcalde electo por las izquierdas. Los vecinos destacan
que de no ser por los informes favorables del cura párroco Ricardo Cardenal y el
buen hacer del secretario no hubiera salvado la vida. Principalmente le avala
el respeto que mantuvo con el desarrollo de las celebraciones religiosas. Su
lugar lo ostenta Lorenzo de Miguel. Un vecino compungido nos comenta que un
familiar, secretario del obispo de Burgos, pone en duda la tranquilidad en el
municipio al ser conocedor del listado donde figuran dieciocho identidades a
reprimir, enumerada por sus propios paisanos.
En Salas de los Infantes se llega a detener a
más de una treintena de vecinos, entre los que se encuentra su primer edil
Pedro Regalado Martínez, que extrañamente es liberado tras dos
meses de encarcelamientoal igual que la mayoría de los apresados. Tampoco se libraron de fuertes sanciones económicas. Más caro
pagan dos vecinos foráneos: el secretario, quién en la taberna comentó que
había visto a los curas en la catedral de Burgos empuñando armas y que si
ganaban había que ir a por ellos; y el vecino Alejandro, que fue asesinado por los falangistas. Suponemos
que el dueño de la taberna, el catalán Pedro Font se libró al huir del
municipio, pues los regentes de locales donde se congregaban los izquierdistas
solían contarse entre las víctimas.
Diversas conjeturas son apuntadas por la
tradición oral sobre quién/es intercedieron para eludir un exterminio que se
presentaba atroz.
Francisco Sierra que forma parte del tribunal militar u otros funcionarios
salenses trasladados a Burgos; el cura de la Iglesia de Santa María, Emiliano García Vedía, increpaba
en sus homilías por una limpieza mediante el fusilamiento ejemplar, y comunicaba
las liberaciones por anticipado; incluso pudieron ser los empresarios
conservadores Emilio García de Abajo que era abogado, farmacéutico y dueño de
una compañía eléctrica y Jesús Aparicio Rica, toda una institución como dueño
de un comercio de comestibles, distribución de bebidas, café y salón de baile,
almacén de coloniales, fábrica de chocolate; y es elegido alcalde-presidente en
la gestora «nombrada por la superior
autoridad» en sesión de 18 de junio de 1938.
Candidatos a ser exterminados son los ex alcaldes
de la república Regalado y sobre todo su antecesor Adalberto Bengoechea,sometido a Consejo de guerra donde le
condenaron a muerte; y la familia Martínez:
Maximiliano, Benito… y Arsenio Martínez Martínez, venido de Silos, instala una
fábrica de curtidos; presidente de Acción Republicana con influencias en la
comarca, según el TRP; El alcalde Pedro Regalado y sus hermanos Maximiliano y
Federico, pertenecientes a una extensa familia dedicada al abastecimiento
cárnico, fueron detenidos y sancionados económicamente. Cómo se salvaron de ser paseados obedece a cuestiones de arbitrariedad de los que tenían la decisión y que se ha llegado a conocer por el expediente del oficial de la Guardia Civil de la localidad.
En Pinilla de los Barruecos hicieron subir al
camión a Melquíades Contreras, Alejandro Fernández, Santiago Moral, Félix
Olalla, Eulogio Sans, Hermógenes Terrazas y su hermano Esteban. Todos ellos fueron
trasladados al penal de Burgos el 20 de julio. El Juez de paz, cargo del que
dimite tras el alzamiento; y más afines al levantamiento el párroco Don Lino
Peña y Peña y, sobre todo, la mediación de un teniente del ejército de la
localidad, interceden en su liberación, condición que no se extendió a Esteban Terrazas, natural y vecino de
Villanueva de Carazo, se encontraba trabajando de albañil en Pinilla junto a su
hermano. Figura como liberado el 3 de octubre, posiblemente confundido con otro
hermano llamado Valérico quién sí se salva, y se nos cuenta en Pinilla que la
Guardia Civil le buscó en la casa de su hermano pensando que estuviera escondido.
Las declaraciones de los compañeros del penal confirman su trágico desenlace.
Como vamos a comprobar, en estos dos lugares se mediaron influencias que
minimizaron las ejecuciones si las comparamos con las que se fraguaron por el entorno.
El resultado es bien distinto entre los
detenidos de Mamolar. Nos encontramos ante el municipio del partido de Salas donde
proporcionalmente la represión se cebó de forma desmesurada. Un pequeño pueblo
que contaba con 80 vecinos, familias que suman 358 habitantes empadronados en
1935. El alcalde Mariano Bartolomé fue destituido por Blas Bartolomé. Salvo el
Gallego, que es detenido, los demás se habían entregado voluntariamente, sin
embargo, y contrariamente a su presunción de inocencia, fueron fusilados en el cerro
de el Palancar, que se conoce en el pueblo como camino de los Muertos, donde también fueron a parar las víctimas de
Vilviestre del Pinar y dos de Castrillo de la Reina. Se les recuerda
que eran gente humilde:
- Daniel Bueno. Se encontraba soltero.
- Dionisio Peña. El barbero.
- Jesús Oliva. El tejero, un
gallego casado en el pueblo.
- Herminio Peraita. El panadero, familia de los molineros de
Barbadillo de Herreros.
- Venancio Peña. Agricultor y ganadero.
- Ramón Peña. El sastre.
- Eugenio Carazo. Natural
de Hinojar de Cervera y casado en el
municipio. Partió con otros serranos en la saca del 29 de septiembre y se encuentra en
Estépar.
Los vecinos de la localidad apuntan al desmán
las acusaciones y denuncias, entre otros, del párroco Francisco Viñalar; del
cantinero Pedro Peña y Peña –hermano de Linos, párroco de Pinilla–; o el
gaitero Francisco Izquierdo Ibáñez. Tanto es así, que la lista recogía una veintena
de nombres donde aparecen los hermanos del barbero: Gonzalo y Francisco; Ubaldo
Bartolomé, quién salta del furgón
siendo tiroteado y se salva ocultándose entre los cultivos; un hombre que se
mostraba muy temeroso por lo que acontecía y no era para menos, apodado como «Tío Dios, porque nunca muere». El
Portugués logra huir a su país, y pudiera ser Francisco Bass, quién regresa
para trabajar en el empedrado de la carretera. Secundino Aguirre, natural de Penches,
guarda forestal y trabajó por los cerros de Huerta y Mamolar, fue liberado con
prisión atenuada en 1940.
¿Y el maestro? El alcalde
de la villa manifiesta la ausencia de magistrado para el nuevo curso, que por «ideas perturbadoras ha sido apresado y conducido
a Burgos…» (Carta emitida el 26 de agosto de 1936).
Acusado de ser el fundador de La
Casa del Pueblo del municipio; y pese a la propuesta de una
candidata por parte de la junta de gobierno fue sustituido por un excombatiente,
Pedro Martínez Cruces, reconocido como delator de antinacionalistas en Silos,
quien y a pesar de carecer de preparación alguna, sube al encerado de la
escuela para suplir a Leoncio Hernández.
TIERRA DE LARA
Andrés
Cristóbal, apodado el Perrete, ejercía como maestro en Salas de Bureba. Regresaba
a Mambrillas de Lara tras inspeccionar como se encontraba la situación en
Burgos y es apresado cuando se disponía a bajar del vagón en la estación de
Campolara. Los vecinos de esta localidad se opusieron a la ejecución en el pueblo
por respeto hacia los familiares que tenía en este municipio y le traslada a
San Millán de Lara para ser sacrificado. Parece ser que fue enterrado en el
mismo campo santo. Previamente sufre una brutal paliza para que delatase, siendo
rematado con una maza.
En Tierra de Lara figuran pocas víctimas, pese
a que nos encontramos con lugares más poblados que en la actualidad. A parte de
los ferroviarios, anteriormente consignados, en Lara de los Infantes
consideramos a Narciso Blanco, joven
labrador de dieciocho años que
estuvo preso dos días con El Perrete, y siguiendo su destino es sacrificado por
la noche en San Millán de Lara. Donde se dieron tres víctimas y otra en
Villaespasa.
En Quintanalara la confianza de Quinciano Cruzado de “no haber hecho
nada” le hace regresar a casa y no huye al monte como hicieron Silvano Heras,
Martín del Hoyo y Feliciano Gil. Su hermano Heraclio Cruzado fallece en el frente. Hijos del maestro de Cubillo
del Cesar y de Teresa, natural del municipio. El cura es quien informa al requeté
de qué personas son quienes debían ser perseguidas.
En Barbadillo del Mercado se respiraba cierta
conciencia de clase obrera. Por las tardes se desarrollan asambleas con
conferencias en el Comité o Casa del Pueblo. El 13 de agosto son detenidos varios
vecinos de la localidad. Marceliano
Cerrada se hizo de rogar para ser detenido al esconderse en un montón de
paja de la era y es localizado al atardecer. Se trata de uno de los mayores
impulsores del pensamiento izquierdista en la localidad. Casado y con dos
hijos, era encargado o capataz en la obra en la línea férrea. Se muestra como
uno de los personajes emergentes en la localidad al contar con una tienda de
ultramarinos con distribución de piensos, lo que le permite encontrarse bien
relacionado entre la comunidad. Por testimonios sabemos que mantuvo una dura
rivalidad con su competidor el Sr. José Moral de Hoyuelos. Otro concienciados
fueron Martín Marañón y su hijo Sebastián Marañón, quienes se ganaban
la vida como peones a jornal. Se da la circunstancia de que la vivienda de este
último, que se encontraba soltero, era la Casa del Pueblo o lugar de reunión y asambleas.
La tragedia pudo alcanzar mayores tintes al ser encarcelados Braulio Cerrada,
padre de Marceliano y antiguo alcalde de la localidad que termina siendo
reportado; mientras que Mariano Domingo, Pablo Pineda y Elías de Domingo
estuvieron dos años en el penal de Hontoria de la Cantera. En otra jornada
es apresado Vitores Heras del que no
se tiene ningún rastro.
La Revilla es otro de los pueblos donde se
ceba la represión con la corporación del pueblo. En pleno jolgorio de
celebración en la fiesta estival cuatro familias encuentran un desenlace
trágico.
- Elías Ballesteros. Molinero.
Concejal. Había sido miembro de la corporación; deja a su viuda Victoria de
Juan con dos hijos.
- Ismael Barriuso. Ex alcalde. Indiano venido de probar suerte en las
Américas.
- Ángel Gonzalo. Hermanastro del anterior y también miembro de la
junta gestora.
- Moisés Heras. Ferroviario.
Su hermano Tomás, perteneciente también a la corporación, es afectado por una
enfermedad cardiaca, muy mal tratada según nuestros informantes, que lo
atribuyen como reacción por su condición ideológica.
Los vecinos coinciden en considerar que
Torcuato Barriuso de Miguel, alcalde cuando se produce el levantamiento, no
pudo superar los trágicos sucesos vividos al no poder hacer nada por los reos,
entre los que figura su propio hermano, por lo que le da por evadirse en una
embriaguez incompatible con la vida. Melquíades Barriuso Ballesteros, cartero
de la localidad, se salva al fugarse gracias a estar sobre aviso por los
propios guardias civiles con los que mantiene buen trato en relación con su
oficio. Huye a Santander donde pretende encontrarse con su familia.
No podemos ignorar como catalizadores de la
represión por estas localidades a Los Cuesta, albiñanistas de Burgos; el médico,
vinculado a los nacionalistas –ejecutores de la represión desde la Capital–; y a
la vengativa familia de los boticarios de Barbadillo del Mercado. Alejandro
Moral es falangista y actúa por la Ribera. Los vecinos consideran que el cura
de Barbadillo del Mercado estableció que «ya está bien».
En Ahedo se recurre a la lista para cargar al
camión a Florentino Alcalde, Antolín Ontañón, Basilio Martín y Pedro González;
cuando el cura de la localidad, Basilio López Martín, (natural de Covarrubias);
se sube al camión evitando que se los llevaran. En Hortigüela, en idéntico
alarde, el párroco Máximo González del Pozo proclamó que el más rojo era él para
proteger a sus convecinos. En Contreras se juzga al zapatero; además de detener
a José María Sáez, el juez; al hijo del boticario; a Félix Bernabé, alguacil y
a Fidel Blanco, secretario del juzgado.
CENTROS
RESINEROS
A tenor del revuelo montado en Huerta del Rey,
donde los propios militantes destruyen los símbolos indicativos de su
agrupación, quemando la cartela de la sede de Izquierda Republicana, banderas
tricolores para evitar represiones…; junto a otros desencadenantes se elude la
tragedia. El gobierno se encontraba formado por una gestora de fuerzas de
Izquierda Republicana, donde Venancio Gárate es primer edil y se adapta en el
bando sublevado. La UGT
está bien representada en el municipio con una acusada militancia donde se
encuentra el médico Eliseo Navazo, quién se llama al parentesco con el coronel
Yagüe cuando es acosado por los requetés, dirigidos por el propio farmacéutico
Maximino González Marcos. El «Pregúntenle
a mi primo» resultó efectivo y con su transformación radical atenta contra los
izquierdistas. El factor determinante según los vecinos fue la actitud valiente
del vicario Raimundo Rubio que da la cara ante las milicias para evitar la
masacre.
Los resineros de Arauzo de Miel-Huerta del Rey
fueron sometidos a una represión contundente. Para José María Rojas obedece a
un escarmiento al que someten los hijos de Pascual Briongos, propietario de la
resinera local, a sus trabajadores por los actos de rebeldía del primero de
mayo. Un encargo a Blas, de Hontoria de Valdearados, uno de los cabecillas de
la represión, quien los asesina el mismo 25 de agosto que son apresados. Según
los testimonios recogidos, la selección obedece a cierta rivalidad entre
autóctonos y foráneos.
Los requetés navarros empiezan a reclutar campesinos serranos
Por los pueblos acechan requetés navarros
impartiendo conferencias que animen al alistamiento de los aldeanos, quienes en
un principio se excusan en sus obligaciones de tener que cumplir con las
labores de recolección y trilla, aunque tarde o temprano serán reclutados en el
frente. Un albiñanista narra cómo se desplazaban en jornadas diarias
aprovechando los contactos de la organización –hijos de excombatientes
carlistas del XIX–, para el alistamiento de una veintena de mozos en Gumiel de
Hizán. La
influencia carlista todavía mantenía semillas en Arauzo de Torre y Arauzo de
Miel, vinculados a Lerma y a históricos: Gregorio González Arranz, alcalde de
Roa durante las primeras guerras; y en Neila al cura Jerónimo Merino.
En Hinojar del Rey se cuenta un considerable
número de voluntarios. Pedro Hernando Sebastián niega ante el Tribunal de
Responsabilidades Políticas su pertenencia al Frente Popular, pese a haber sido
nombrado gestor por el Gobernador, donde la agrupación sólo había escrutado a
su favor una tercera parte de los votos. José Yagüe es nombrado Alcalde Presidente
hasta marchar a los pocos días al frente, aún así quedarán en la retaguardia
agitadores del talante de Aurelia Tejedor Tejedor. En el municipio prospera el reclutamiento
de «voluntariado». Entre los actos
represivos destacar a los que se vieron sometidos la familia del secretario
Lorenzo Tapia Peñalba, natural de Tubilla del Lago y casado con la nativa María
Hernando; mientras el cabeza de familia se encuentra apresado, a sus hijas
Benita y Esiquia les cortan el pelo que pasa a ser un exvoto del Santo Cristo
de la Misericordia.

Resinera de Hontoria del Pinar
En Hontoria del Pinar, los requetés simulan
una tentativa de quema de la iglesia, lo que es considerado como una
provocación para achacar su responsabilidad a los republicanos. Éstos, así lo
denuncian al no haber tomado parte en el incidente. El cura Cándido Orcajo Díez,
y el alcalde presidente Amadeo de Grado, en la misma iglesia elaboran «la lista». Se entregan
Eugenio Alonso de Pablo y Salomón Ortega,
–detenido como miembro fundador de la
UGT local, que dirige a la agrupación de resineros. El
primero de mayo en el mitin del Teatro Principal de Burgos, precedió con sus
palabras el discurso de Largo Caballero–. Fuerzas falangistas de Salas de los
Infantes y del mismo Hontoria, legitimadas con miembros de la Guardia Civil, fueron
captando a Alberto Adrado Otero, Jorge Rejas de Miguel (liberados el 13.8.36);
Fermín de Miguel Sáez y Mariano Martín Carazo (liberados el 19.8.36); y Victoriano Sanz. Siete reos que fueron
conducidos al penal de Burgos. Se tiene intención de asesinarlos en Cabezón de la Sierra, sin embargo, es
frustrada por la actuación del sargento de la benemérita Sixto Berzosa Sanz que
quiere que fueran conducidos a su destino el 31 de julio.
El 15 de septiembre, sale de la prisión de
Burgos una saca compuesta por una veintena de hombres, que fueron dispersados
para su fatal destino. Donde se cuentan los tres paseados de Hontoria del
Pinar. Entre los que también se encuentran Leopoldo
Velasco, que figura como detenido el
día 30 de julio. Había sido capataz del ferrocarril Santander-Mediterráneo y
por entonces encargado del paso a nivel en el cruce entre Hontoria y Navas, casado
y con tres hijos. Estaba afiliado al PSOE y a la UGT.
Un pastor de Rabanera, Evaristo Cebrián,
presencia el martirio cuando va en busca de un atajo de ovejas extraviado. Por
él, sabemos que les mandaron cavar la fosa para luego pedirles que se mataran
entre ellos. El ganadero fue descubierto por el ladrido de su perro con el
estruendo de los disparos, le pidieron que se marchara no sin antes hacerle
prometer que no contara nada. El buen hombre, lleno de remordimientos, terminó
por confesarse y se lo cuestiona al cura, quién le explicó que ese juramento
bajo las condiciones en que había sido ejercido no era legítimo. Cinco años
después, se lo cuenta a la familia de una hermana de Victoriano, también bajo promesa
de silencio. Afortunadamente para nuestro conocimiento, cuando lo narraba; la
historia fue escuchada por un segundo testigo. Los homicidas fueron líderes
requetés locales, y en cuanto a la fosa a la que se ofrece localizar el pastor,
se encuentra en Valdeabejas, límite entre Rabanera y Hontoria del Pinar. El
guarda forestal, Tiburcio Manchado fue avisado de que no frecuentara el paraje
esa mañana; y Emilio Sanz ese día fue de bollero y presencia momentos después
restos de botones y sangre por las inmediaciones. En el lugar se plantan pinos
con una cruz grabada, y en el suelo se tienden piedras formando una cruz, por
lo que la fosa se encontraba perfectamente localizada para los vecinos que
rehusaban acudir o rezaban en el lugar de la tragedia.
SIERRA DE LA DEMANDA Y VALLE DE VALDELAGUNA
En Riocavado se encontraba la sede de una
sociedad nutrida con obreros de la construcción del tramo de carretera a Pineda,
y trabajadores en Barbadillo de Herreros. Éste es el lugar de mayor actividad
obrera, donde llegan autobuses con jóvenes pertenecientes a los requetés y
falangistas de Burgos. El 29 de agosto terminan siendo apresados el alcalde Baldomero García Peraita, y su hermano Julio García, molineros naturales de
Valdepez. En la villa se les recuerda por su bondad al fiar el pan. El suegro
de Julio era tratante y les propuso salir a Francia, pero nunca pensaron en
marchar ni esconderse porque no habían hecho nada. Junto a ellos, seguirá el
mismo recorrido hasta su ejecución, el industrial y también al Primer Teniente
Alcalde, Anastasio García. Las
últimas noticias que se tienen de él es una carta de cariño dirigida a su mujer
para que cuidara de su hija pequeña; y en cuanto al paradero de todos ellos, fueron
conducidos en una saca que parte de la Prisión de Burgos el 5 de septiembre donde se
registran diez desaparecidos.
Los
vecinos recriminan las actitudes de una «mano
negra», el
veterinario Mateo Peraita, quién denuncia a sus primos; respaldada por los
informes del cura párroco, Félix Pérez Escolar, que los increpa por su
absentismo en las celebraciones eclesiásticas. En el lugar se prodiga mayor
conciencia social que en el resto de la comarca por la industrialización que
tradicionalmente siempre ha tenido el pueblo (las minas, el ferrocarril y las
dos principales fábricas de palos torneados para muebles, de Baldomero Ugarte y
de Vicente Verdugo con 40 y 15 empleados respectivamente).
El 15 de septiembre fueron capturados Lorenzo Salas, quién se ajustaba en
contratas, obrero recordado por sus ideas socialistas; Gayo Grandmontagne,
aunque de éste se tiene la idea de fallecer en el frente; el conocido por El
Manco logra escapar de la choza donde se refugiaban para terminar presentándose
voluntario. Benito Martínez Garachana es sometido a un encarcelamiento
prolongado. Los apresados de Barbadillo de Herreros son cargados junto a reos
de Huerta de Arriba, Valle de Valdelaguna y Riocavado. Intuyendo su trágico
desenlace, dos de éste último término saltan del camión a su paso por
Barbadillo del Pez. Se trata de Narciso
Martínez y Lesmes López, que
iban a ser cuñados al esperar un incremento familiar el segundo. Anduvieron
ocultos por el bosque, a base de suministros proporcionados por vecinos, hasta
ser descubierto su refugio del Duengo en Riocavado. Con posterioridad Lesmes es
sorprendido en el interior de una choza de carboneros en Barbadillo del Pez
donde se resguardaban, mientras que Narciso consigue huir al encontrarse fuera
de ella, pues uno de ellos siempre vigilaba desde fuera. En Riocavado
también es paseado Andrés Antolín,
quién no se cuenta en la lista para ser apresado y fue detenido en sustitución
del ex alcalde Martín Hoyuelos, interpuesto como canje por el secretario Francisco
García que protege a su cuñado. El apuntador no se atrevería a mirar a la cara
al hijo mayor de la víctima, a la vez que nunca le privó de un cigarro cuando
éste se lo requiso.
Valdelaguna es un paraje montañoso que
tradicionalmente se ha caracterizado por servir de pasto veraniego para los rebaños
trashumantes, proporcionado gran número de pastores a los grandes rebaños de
merinas y hubo quienes han llegado a conformar rebaños propios. La influencia y
respeto hacia estos ganaderos alcanza cierto respeto hasta el punto de poder
mediar para evitar que fueran detenidos los que figuraban en las listas de su
municipio, como es el caso de los Serrano de Tolbaños de Arriba. En Huerta de
Arriba, el alcalde media para liberar a los hermanos de Vilviestre Julián y Teodoro
de Pedro Mediavilla, pastores que se dedicaban a vender quesos, siendo el
primero bastante significado, y tan sólo debemos lamentar la pérdida de Pascual
Alonso Neila que posiblemente sea el que salta del camión y es tiroteado en la
proximidad de los Terreros, término de Salas de los Infantes. En Huerta de
Abajo el grupo derechista mayoritario controla la situación sin desprenderse de
las armas, pues como dice el cura: «Las
armas de caza no son para matar personas», y fueron reintegradas a sus
propietarios. Cuando llega el camión a Neila se empieza a tirar de una lista donde
aparecen los albañiles de la familia Gil y de los Mediavilla, junto al nombre
del boticario y otros. El
párroco Julián García Román se encomienda como «padre
de armas» y
no se traslada a ninguno de los vecinos. Actitud que repite ante la comisión Depuradora
de maestros, donde mantiene una postura transigente. El cuartel general del cura
Merino se manifiesta en pro de la paz. La familia requeté de los Melitón ni tan
siquiera sale de su casa.
SILOS Y SIERRA DE CERVERA
En Santo Domingo de Silos se recibe el
comunicado emitido por el gobierno civil de la provincia en el que por «Ley de 30 de diciembre de 1932, en los
pueblos donde no existan Sociedades Obreras ni Patronales, legalmente
constituidas, los respectivos vocales que han formado parte de las Comisiones
Gestoras serán elegidos por sorteo, entre cada grupo, presidiendo este un
Delegado de Autoridad Gubernativa».
En la junta gestora provisional (29-1-33), el vocal presidente era Domingo García
Gil, acompañado por Ángel Martín Martín, quién se afianza como potentado
durante la posguerra; y la maestra Teresa Bombín Sixto, a quién el
levantamiento la pilla de vacaciones en Covarrubias, aunque pasa el Tribunal de
Depuración de Maestros sin problemas gracias a impartir catequesis. La
influencia del monasterio cisterciense impone un gobierno donde el primer edil
Plácido Martínez Álamo es elegido popularmente durante la República, siendo
apolítico en una villa donde la religiosidad se encuentra afianzada.
La concienciación sindical que adquiere la
villa está condicionada por el trabajo en las peonadas para la construcción de
las carreteras de Burgos a La Vid, que se vienen ejecutando desde 1934, con la excavación
del túnel de la Yecla. En
ellas se establece una jornada de 8 horas y los domingos libre, sin poder
realizar tiempo extraordinario no justificado por el Jurado Mixto Provincial.
Apresaron al alguacil, también tamborilero,
José García Gete. Cuando llamaron a la puerta del secretario, Antonio del Álamo
Camarero, su familia elude la detención anunciando que se encuentra atendiendo
a su madre en estado convaleciente, aunque realmente la que fallece es la
suegra. Informantes nos confirman que sería detenido posteriormente sin mayor
trascendencia. Al igual que los miembros de la corporación Plácido Martínez
Álamo y Gregorio Palomero. Goyo, de Los Farrucos, se salva por la mediación
familiar que gratifica en tratos de favor a los miembros falangistas con
contribuciones para liberarlo.
Una correspondencia fechada el 17 de abril de
1933 solicita al Gobierno Civil un Delegado para inspeccionar las cuentas
municipales de la anterior corporación, acusados de malversación de fondos
entre 1928-1932, (como sucediera en Castrillo de la Reina), lo relevante es que
el escrito va firmado por tres de
los desaparecidos del municipio: Carlos
del Álamo, Pedro del Álamo y Jaime García.
Sus familiares siempre pensaron, según las
informaciones de los funcionarios del penal, que habían sido trasladados al
penal de Pamplona, sin obtener nunca noticias de ellos. Lo que sí sabemos es
que estos dos últimos constan con salida en saca de la prisión de Burgos del 15
de septiembre, la misma en la que fueron paseados los vecinos de Hontoria del Pinar
y parte de los desaparecidos de Quintanar de la Sierra.
A pesar de registrarse pocas víctimas mortales
en Tierras de Cervera, en Santibáñez del Val se conoce un asesinato macabro por
la manera como la
Guardia Civil recrimina a Juan Bengoechea, El Chatarrero, quién fue conducido al pinar para
ser tiroteado en las piernas y dejarle morir, teniendo que soportar cuatro días
de sufrimiento. Los vecinos tenían prohibición expresa de socorrerle.
Cuatro personas son paseadas el 4-8-36 en la
cuneta de Caleruega hacia Espinosa de Cervera. Ése mismo día los falangistas
fueron a comer donde el alcalde de Caleruega, quién les invita a que depusieran
su actitud. Contrariamente, la milicia arremete contra la hija del primer edil cuando
pasea con su novio. El cura de Espinosa intercede para que no se sumaran más
víctimas, no obstante, no duda en ejercer acusaciones en el expediente para la Depuración de Maestros.
El regente, Agustín Aragón Lucas, había aceptado los actos procesionales, aún
así, es conducido a la cárcel por izquierdista, ateo y desafecto al Movimiento, siendo
librado de seis años y un día de prisión porque su abogado obtuvo una declaración
en la que se reconoce que había sido nombrado primer edil del pueblo por ser el
más culto. Agustín Aragón manifiesta a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica
que «La República era eso, que un
pastorcillo como yo pueda ser alcalde de su pueblo», no sin dejar de ser recriminado
por los caciques locales. Según comenta a Diario de Burgos, el magistrado del pueblo
se percata que desde principios de año la correspondencia está siendo intervenida,
acusando al monasterio de Silos, lugar desde donde se distribuye. La Guardia Civil persigue
al maestro Andrés Sáez, quién se encontraba durante la contienda en búsqueda y
captura. La incautación del correo fue una práctica franquista habitual.
LOS HUIDOS
El número de personas que optan por refugiarse
en el monte es considerable. Franco intenta normalizar la situación con el
compromiso de no tomar represalias con los que se entregasen «siempre que no tuvieran las manos manchadas
de sangre». En Covarrubias, Damián Parga Hortigüela y su hermano lo hacen
por mediación del coadjutor Víctor Subiñas. A pesar de la ley de amnistía, el
TRP aplica correctivo para Damián de ocho años de inhabilitación para cargos
políticos y una multa de 500 pesetas. Ángel Camarero (hijo), el mayor de una
familia de siete hermanos de Barbadillo del Mercado es avisado en el monte de
que si se entrega no le sucedería nada. En Huerta de Arriba fueron varios los
que optan por refugiarse en el monte: Roque Nieto, Ildefonso González y Braulio
Cerezo.
En el punto de mira se encontraba el alcalde
de Palacios, Pedro Simón, quién
proclama ideas renovadoras como la independencia de Castilla y derechos sociales
que chocan con los intereses de la jerarquía local. Anduvo en la sierra con seis compañeros con las entregas que conseguían pasar sus familias superando los férreos controles y manteniéndose con la leche de las cabras de sus vecinos, y hemos conocido a un pastorcillo que se convirtió en sus proveedor, que pasaba desapercibido ante la Guardia Civil, para
cederle su pan y suministrarle útiles como cuchillas de afeitar que pasaba oculta en la suela de su calzado. Pedro Simón, tres meses después, según su
expediente del TRP, logra pasar por Guadalajara e ingresa como cabo en el
servicio de transmisiones de en la Unidad de Defensa Especial Contra Aeronaves
(CAVE) en Albacete, hasta que pasa a Alicante buscando la evasión pero es detenido y llevado a Paterna. Otros
paisanos suyos que deambularon por el monte elaborando carbón para subsistir, y
regresaron al pueblo, como Mateo Llorente Mediavilla y Nicolás Sanz Alonso; de
Vilviestre del Pinar, Ramón Molero y Gregorio Domingo; todos ellos anduvieron ocultos
durante toda la contienda. Alejandro Elvira era una persona culta retornada de
México, que al ser puesto en aviso de que iban a por él salta al monte (regresa
con vida pero fallece por electrocución accidental); había tomado contacto con
Sotero Chicote, de Regumiel, huido con su familia más de un año,
ambos se comunicaron con los de Quintanar de la Sierra: Domiciano Pérez y Cayo
Andrés,
Emiliano Peñaranda (El Sopero) y José
Rioja, que
anduvieron escondiéndose en cuevas durante los tres años de la contienda. El
control de la situación, la represión y el miedo eluden la guerrilla en una
sierra propicia a las escaramuzas, como hacen los maquis en los frentes del
norte en la zona de León-Galicia-Asturias; Sierra de Teruel y Levante o en el
sur en Extremadura y Sierra Morena.
Entre los huidos de Palacios de la Sierra figuran diversos
activos que intentaron contactar con el frente republicano. Cosme Alonso
Alonso, Alberto Ibáñez Castrillo y Manuel Blanco María abandonan La Campiña el
30 de octubre. Fueron ayudados por
Sinforosa Ibáñez de Hontoria del Pinar, pariente de Alberto, que les oculta en
serones de carbón y mantuvo su actuación en secreto, hasta a su marido. Se
pasaron al bando republicano en Guadalajara en el que combatieron. Terminada la
guerra fueron encarcelados por el TRP y liberados antes de un año. Juan Ruiz Alonso, huido en el monte cerca de Rabanera, es
detenido el 10-11-36. Atanasio
Munguía, Demetrio Elvira, natural
de Moncalvillo y criado en Palacios, y Fernando
Chicote, considerado como el manitas que logra abrir las cerraduras y pueden
escapar del calabozo de Almazán, no sin tener que sortear tiroteos en la fuga,
hasta ser nuevamente apresados en Berlanga de Duero. El caso de Julián Llorente es muy particular, pues
intenta aprovechar la oscuridad de la noche para pasarse al bando republicano
pero se puso a andar en redondo y termina volviendo a las tropas rebeldes que
le fusilan. Pedro Simón Llorente de
quién ya hemos comentado, sería detenido en el penal de Valencia y acusado por «adhesión a la rebelión», según sentencia
de 7 de diciembre de 1939. Sometido a Consejo de Guerra el 18 de enero de 1940
es condenado a «pena de muerte», y
ejecutado a la mañana siguiente.
LOS TOPOS
Agapito de Rioja Martínez, resinero de
Vilviestre del Pinar, es uno de los miembros fundadores de IR en su municipio,
donde era el presidente y primer edil en la República, perteneciendo a la derecha republicana
de Alcalá Zamora, hechos que niega al TRP aunque le impone una sanción de «ocho años de inhabilitación para desempeñar
cargos y una sanción económica de 1.000 pesetas». Se mantuvo escondido en
el molino donde trabaja por la noche hasta que es descubierto. Preso en la
cárcel de Burgos y posteriormente en Valdenoceda, donde es retenido hasta el
final de la contienda.
Alejandro Elvira de Castrillo de la Reina, se esconde en la
cochinera de su propia casa, donde suponemos que elabora un poema donde se hace
pasar por capitán de marina y escribe sus versos en la mar de la libertad,
cuando en realidad se encontraba oculto en la pocilga de su casa, que el mismo había
levantado al venir de América. El TRP le sanciona con 3.000 pesetas.
Luciano Muñoz Ortego,
natural de Rabanera, es ferroviario en Castrillo de la Reina. Después de esconderse una corta temporada por
el monte las Canalizas de Moncalvillo, regresó a su localidad, donde se ocultó
durante toda la guerra en la casa de sus padres.
Nicolás Sanz Alonso es de Palacios de la
Sierra. Se había afiliado a la UGT por motivos de trabajo. Huye al monte y se
refugia en casa de su hermano Agustín. La guardia civil le tiende una redada
con una treintena de efectivos de la que escapa por piernas. Su casa tenía
adosado un horno que daba a unas callejas: «Había
realizado un boquete desde la casa al horno y por ahí se escapaba cuando venían
a buscarle. Una noche un vecino le denunció porque le había visto llegar a
casa. Les levantaron a todos de la cama. Entraron en casa la guardia civil,
pincharon los colchones. Estuvo procesado por el TRP y estuvo en prisión un
mes. En libertad no le dejaban vivir. Cuando había un problema como un robo le
detenían. Una vez le dieron una paliza que le levantaron la piel. Le arruinaron
para toda la vida porque no le dejaban vivir».
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Tanto es así, que el cura párroco encabezó las firmas
recogidas para que no le mataran.
En cierta ocasión, uno de ellos ayuda a una muchacha
de Barbadillo del Pez, cuyo caballo no acertaba a levantarse al empozado en el
barro, cuando volvieron para recompensarle con alimentos no se presenta, quizás
por miedo a que pudiera ser una trampa. Precisamente cuando se encontraban
refugiados en la choza de un carbonero, se cuenta que su propietario fue quién
advirtió su presencia a la Guardia Civil.
Juan Domínguez Medina, Ecos de un Palanciano.
Jesús Cámara Olalla. Memoria emparedada, Edita CNT, Burgos, 2022. Expediente del teniente Julio Martínez Hernáiz.