domingo, 24 de junio de 2018

FILOCALIA: LOS PIONEROS EN LA DOCTRINA CRISTIANA



           La Filocalia es una obra de Nicodemo el Hagiorita y Macario de Corinto. 


   Edición crítica de cuatro volúmenes introducida y anotada por M. Benedetta Artioli y M. Francesca Lovato, de la comunidad de Monteveglio, y supervisada por el Dr. Luis Glinka ofm, profesor de Patrología en la Universidad Católica Argentina.

   La Filocalia, que se presenta por primera vez en español en su edición íntegra y crítica, representa un hecho cultural y religioso de enorme importancia. La Filocalia es uno de los clásicos más profundos y prestigiosos de la literatura y de la espiritualidad del mundo greco-oriental y eslavo-ortodoxo. El influjo que estos escritos han ejercido en el cristianismo oriental puede ser equiparado al de las Confesiones de san Agustín y la Imitación de Cristo en Occidente.


            El primer volumen contiene los textos de 
Nicodemo el Hagiorita, Antonio el Grande, Isaías el Anacoreta, Evagrio el Monje, Casiano el Romano, Marcos, el Asceta, El presbítero Hesiquio, Nilo el Asceta, Diadoco de Fotice, Juan Carpacio y Teodoro de Edesa. Los escritos de este volumen señalan la actividad espiritual unida a la práctica de los mandamientos, de las virtudes morales y evangélicas, mediante la invocación continua del Nombre de Jesús y el fuego de Dios que devora las pasiones. Aquí, los místicos proponen un método de oración, pero sin imponer la unificación, sino respetando la libertad y el modo particular de cada uno. 

   Filocalia es un aporte y un homenaje que Occidente rinde a la sabiduría y el "Amor a la Belleza" (tal es el significado de "filocalia") del cristianismo oriental.




INTRODUCCIÓN

   En 1782 fue publicada por primera vez en Venecia, gracias al mecenazgo de Juan Mavrogordato, príncipe rumano la recopilación de la Filocalia, en la cual colaboraron Nicodemo el Hagiorita, monje del Monte Athos (1749-1809) y el obispo Macario de Corinto (1731-1805). Se trataba de un voluminoso infolio de XVI-1207 páginas, divididas en dos columnas. Su nombre retornaba aquel ya dado por Basilio Magno y Gregorio Nazianzeno a una colección de pasajes de Orígenes por ellos elegidos. 

 La Filocalia es uno de los muchos textos o conjunto de obras patrísticas, de las cuales se ocupó Nicodemo, justamente en su ansia por poner al alcance de todos, los grandes textos de los Padres. De modo particular, él no se cansó de buscar aquello que pudiera servir para transmitir a todos la doctrina de la oración continua y, mediante ella, el estímulo a practicarla. Su genio, pero sobre todo su gran alma cristiana, formada en la escuela de las ideas derivadas de las Escrituras y de la tradición, le había hecho intuir cómo, el respiro profundo de la oración continua debe ser -más allá de las distintas formas que pueda asumir - la expresión viva de una vida cristiana alimentada por los sacramentos y, a la vez, un medio poderosísimo para la unión divina. Una oración, sin embargo, que como vemos nace, avanza y alcanza su plenitud sólo mediante la constante disposición a la sobriedad del corazón y del intelecto. 

   La sobriedad es ese estado de vigilancia continua que mantiene el alma en una especie de ayuno espiritual, no excitado por los pensamientos y por las imaginaciones que producen pasiones, las que perjudican la oración y corrompen la sanidad transmitida por los sacramentos, obstaculizando su potencia deificante justamente por ello, la recopilación de Nicodemo llevará el nombre de Filocalia de los Padres Népticos, es decir, "sobrios." 



Editorial Lumen, 1998. ISBN: 9789507247804 
   


   De cada autor se hace una presentación, como las que apuntamos en principio, y a continuación, de todos ellos se recogen los pensamientos espirituales, de los que exponemos algunas muestras de distintos padres del pensamiento cristiano.


 ANTONIO EL GRANDE

             Conocido también como "Antonio el Ermitaño" o "San Antonio de Egipto," vivió entre los años 250 y 356, aproximadamente. De familia cristiana, más bien rico, habiendo quedado huérfano de muy joven y con una hermana pequeña a su cargo, un día fue fuertemente golpeado por la palabra del Señor al joven rico: Si quieres ser perfecto, ve, vende todo aquello que posees, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en los Cielos. Luego, ven y sígueme (Mt 19:21). 


   Sintiéndose aludido, enseguida empezó a vender lo que poseía y a darse a una vida de oración y penitencia en su misma casa. Después de algún tiempo, confió a su hermana a una comunidad de vírgenes, y llevó una vida de oración y penitencia en su misma casa. Después de algún tiempo, confió a su hermana a una comunidad de vírgenes, y llevo una vida solitaria no lejos de su pueblo, poniéndose bajo la guía de un anciano asceta de quien se alejara, luego, para retirarse en el desierto, en una de las tumbas que se encontraban en aquella región. 

   Su ejemplo fue contagioso, y cuando se retiró al desierto de Pispir, el lugar no tardó en ser invadido por cristianos. Lo mismo sucedió cuando sucesivamente se retiró cerca del litoral del Mar Rojo. La vida consagrada al Señor, en soledad o en grupos, ya era una costumbre, pero con Antonio, el fenómeno asumió dimensiones siempre más amplias, tanto que podemos llamar a Antonio - según una conocida expresión de entonces, - "el padre de la vida monástica." 

   También en Occidente su influencia fue grandísima, sobre todo gracias a la rápida difusión de la Vida, escrita por Atanasio poco después de la muerte de Antonio. Atanasio había conocido bien a Antonio en su juventud. La biografía que escribió debe ser considerada como un documento histórico de peso, si bien, obviamente, al escribirla, el autor ha usado procedimientos corrientes en la literatura de su tiempo, como el de poner en boca del protagonista largos discursos nunca pronunciados. Se atribuyen a Antonio siete cartas escritas a los monjes, además de otras dirigidas a diversas personas.  




 EVAGRIO EL MONJE

             Hombre sabio e insigne que floreció alrededor del año 380, fue promovido por el gran Basilio a la dignidad de lector y, por el hermano de éste, Gregorio de Nisa, fue ordenado diácono. Fue instruido en las Sagradas Palabras por Gregorio el Teólogo: por éste fue incluso nombrado archidiácono, cuando le fuera encargada la iglesia de Constantinopla, según Icéforo Calisto, libro 11, capítulo 42. A continuación, abandonadas las cosas del mundo, abrazó la vida monástica. Siendo realmente sutil al entender y habilísimo en exponer lo que entendía, Evagrio ha dejado el  discurso a los hesicastas y sus capítulos sobre el discernimiento de las pasiones y de los pensamientos.

  Las noticias a propósito de Evagrio nos fueron proporcionadas especialmente por Paladio en la Historia lausíaca. Su nacimiento se sitúa alrededor del año 345 en Íbora en el Ponto. Tal como nos lo dice Nicodemo, fue promovido a lector y luego a diácono. 

   Bastante tentado por la vida mundana, en momento de serio peligro para su castidad, mientras se encontraba en Constantinopla, a continuación de un sueño premonitorio, partió para Jerusalén. Allí vivió por un breve período en la casa de Melania la Anciana, ilustre dama romana, quien había convocado a su alrededor, en el Monte de los Olivos una comunidad monástica. Durante su estancia allí, muchas dudas asaltaron a Evagrio, con respecto a su decisión de abandonar el mundo pero, apoyado por Melania y tomando como una nueva señal divina una enfermedad que lo aquejara, partió hacia Egipto poco después. Se estableció primeramente y por dos años, en el desierto de Nitria y luego en las Celdas, donde vivió hasta su muerte que sobrevino aproximadamente en el año 399.

   Profundamente convencido respecto del valor de la austera vida monástica en el desierto, Evagrio la conoció - y la vivió - acudiendo a las fuentes, manteniéndose en frecuente contacto con Macario el Grande, iniciador de la vida monástica en el desierto de Scete, conociendo también al otro Padre Macario. El ambiente en el cual Evagrio vivió hasta su muerte su vida monástica contrastó, por cierto, con la estructura intelectual de la cual estaba dotado y con su gran cultura. No por ello dejó de sentir una profunda admiración por la sabiduría práctica de esos santos ancianos, frecuentemente provenientes de familias campesinas pobres. 

   Además de vivir esta vida del desierto, llegó a ser un teórico de la misma. Seguidor de Orígenes, terminó, lamentablemente por extremizar justamente las teorías más discutibles de su maestro. Esto echó una sombra sobre su figura, a tal punto, que muchos de sus escritos nos fueron transmitidos al amparo de algún gran nombre de ortodoxia más afirmada. El nombre de Evagrio fue envuelto en la condena del origenismo y, por lo tanto, condenado por el Concilio de Constantinopla III (680-681), por el Concilio Niceno II (787) y por el Concilio de Constantinopla IV (869-870). 




 CASIANO EL ROMANO

               Casiano vivió bajo el reinado de Teodosio el Pequeño, alrededor del año 331. Hemos puesto en el presente volumen, de entre todos los discursos fruto de sus fatigas, aquel relativo a los ocho pensamientos y los que nos hablan del discernimiento, ya que de ellos emana abundante provecho y gracia. A ellos se remite también el sapientísimo Focio, citando literalmente el código 197, páginas 265-66. 

   "También el segundo discurso está dirigido al mismo (es decir a Castor), y lleva como título 'Discurso a propósito de los ocho pensamientos', girando alrededor de temas relativos a las pasiones de la gula, de la fornicación, del amor al dinero, de la ira, de la tristeza, de la pereza, de la vanagloria y de la soberbia. 

   Estos tratados son utilísimos a aquellos que están dispuestos a participar en la batalla ascética... Y además de éstos, fue leído un tercer pequeño discurso... en el cual se nos enseña lo que significa el discernimiento, de cómo esta virtud es la más grande de todas, dónde es generada, Y cómo, habitualmente, nos llega desde lo más alto, etc..." El santo se recuerda el día 29 de febrero.

   Nacido en el año 360 en la ciudad de Dobrudja, en la desembocadura del Danubio, según Genadio, De Viris illustribus, PL, 58, LXI, 1094, quien lo define de nacionalidad escita. De familia poderosa, terminó siendo aún muy joven sus estudios clásicos. Junto con su amigo Germán, al cual se sentía muy unido, se embarcó en un viaje hacia Oriente, interesándose sobre todo en el testimonio cristiano que daban los monjes que poblaban esos lugares. Se detuvo en Palestina por unos dos años, en un monasterio de Belén. No consta, sin embargo, que haya conocido personalmente a Gerólamo. Aparentemente, lo conoció y lo estimó sólo por sus escritos. Después de dos años, Casiano y Germán se dirigieron a los desiertos de Egipto, en particular a Escete y a Nitria. Volvieron ocho años después y nuevamente partieron por tres años más. 

   En el 399 se dirigieron a Constantinopla, debiendo huir de Egipto a causa de su "origenismo." Casiano fue admirador y partidario de Orígenes, particularmente en lo que se refiere a su exégesis escriturística. Mantuvo, sin embargo, una posición equilibrada y evitó seguirlo en ciertos aspectos más dudosos y menos ortodoxos. 

   En Constantinopla, Casiano fue ordenado diácono por Juan Crisóstomo, por el cual conservó siempre una profunda devoción. Luego que Juan Crisóstomo fuera expulsado, también los dos amigos se tuvieron que ir, y se dirigieron a Roma, al papa Inocencio I, para solicitar su ayuda en favor del obispo perseguido. Desde ese momento se pierde el rastro de Germán, a quien suponemos muerto en Roma. Con toda probabilidad, Casiano fue ordenado presbítero en Roma. De allí se dirigió a Marsella, en el año 415, donde fundó el monasterio de san Víctor y un monasterio femenino, Murió alrededor del año 435. Por medio de sus dos grandes obras, Instituciones cenobíticas y Colaciones espirituales, Casiano transmitió a Occidente un conocimiento bastante exacto a propósito de la institución monástica en Oriente y Occidente. Durante el tiempo transcurrido en Marsella, Casiano intervino en las disputas doctrinales relativas a la gracia y, poco dotado para este tipo de cosas, incurrió en formulaciones erróneas o imprecisas, de carácter semipelagiano. Sin embargo, aun en este delicado tema, su santidad y su tendencia hacia la dulzura y la sumisión, no fueron menos evidentes. Casiano, no bien advirtió su error, se retiró y calló. 


                     
Los cuatro volúmenes que completan la obra





NILO, EL ASCETA


             La patria del bienaventurado Nilo fue Constantinopla, y su maestro el bienaventurado Crisóstomo. Floreció alrededor del año 442. Poseedor de nobleza y de riquezas, tuvo el título de gobernador de la ciudad donde vivió. Sin embargo, en cierto momento, se despidió de todos y escogió la vida ascética, pasando a vivir en el monte Sinaí. Rico poseedor de nuestra sabiduría y de la pagana, nos dejó distintos escritos llenos de sabiduría espiritual y de gracia indecible "Discurso sobre la oración" y "Asceticón,". 

   De este autor sobre quien Nicodemo el Hagiorita nos refiere una tradición legendaria, recogida por los Sinasarios bizantinos - no se poseen datos fidedignos. Sólo se sabe que el monje Nilo vivió seguramente en Ancira (Ankara), que posiblemente fue discípulo de Juan Crisóstomo, autor de un corpus de escritos exegéticos y ascéticos y de muchas cartas. A este corpus se agregaron escritos de otros autores, en particular de Evagrio. El corpus de las obras de Nilo, a pesar de la oscuridad que rodea al personaje después de su muerte, ha tenido mucha importancia entre los monjes y la espiritualidad oriental.





 DIACODO DE FÓTICE


              El mal no está en la naturaleza, y nadie es malo por naturaleza, pues Dios no hizo nada malvado. Cuando alguien, por su ambición, lleva al estado de forma aquello que carece de sustancia, esto comienza a ser lo que su voluntad le hace ser. Es Importante entonces, en una preocupación constante por el recuerdo de Dios, despreciar el hábito del mal, ya que la naturaleza del bien es mucho más fuerte que el hábito del mal, puesto que una es, mientras que la otra sólo tiene existencia en el acto. 

* * * 

   El libre arbitrio consiste en la disposición de la voluntad razonable a moverse hacia su objetivo. Persuadámosla, entonces, a no tener disposición más que hacia el bien, a fin de destruir en todo momento, mediante los buenos pensamientos, el recuerdo del mal. 

* * * 

   La ciencia es fruto de la oración y de una gran paz, unidas a una completa ausencia de inquietud; la sabiduría es fruto de la humilde meditación sobre la palabra de Dios y, sobre todo, de la gracia del dispensador, Cristo. 

* * * 

    Reconoceremos entonces, sin riesgo de equivocación, la calidad de la palabra divina, cuando nos consagramos, durante las horas en que no debemos hablar, a un silencio libre de preocupaciones, acompañados por un ardiente recuerdo de Dios.

 * * * 

   Escuchad el abismo de la fe y él alzará sus olas, consideradlo en una disposición de simplicidad, eso es la alabanza. El abismo de la fe, el leteo donde se olvidan los pecados, no tolera ser considerado por pensamientos indiscretos. Naveguemos en sus aguas con simplicidad de espíritu y así arribaremos al puerto de la voluntad divina. 

* * * 

   Purificándonos por una oración ardiente entraremos en posesión del objeto deseado; gracias a Dios, con una experiencia más plena. 

* * * 

   El combatiente debe en todo tiempo conservar quieta su inteligencia a fin de que el espíritu pueda discernir los pensamientos que la sostienen, encerrar aquellos que son buenos y enviados por Dios en los tesoros de la memoria y rechazar fuera de los depósitos de la naturaleza los pensamientos funestos y demoníacos...

 * * * 

   Muy raros son aquellos que conocen exactamente sus propias caídas y cuyo intelecto jamás deja de embelesarse con el recuerdo de Dios... 

* * * 

   Si su divinidad (la del Espíritu santo) no ilumina poderosamente los tesoros de nuestro corazón, es imposible que podamos gozarlos con un sentimiento indecible, es decir, con una total disposición. 

* * * 

   El sentimiento es la captación segura, por el intelecto, del objeto discernido... 

* * * 

   Cuando nuestro intelecto comienza a percibir el consuelo del Espíritu santo, entonces, durante el reposo nocturno, en el momento en que tendemos hacia una especie de sueño muy ligero, Satanás consuela al alma con un sentimiento de falsa dulzura. Si el intelecto se encuentra vigorosamente fortalecido por un recuerdo ardiente del santo nombre del Señor Jesús, y si hace de ese santo y glorioso nombre una arma contra la ilusión, el artesano de la mentira se retira para emprender una guerra abierta contra el alma. El intelecto reconoce entonces el fraude del maligno, sin tomar en cuenta que progresa, también, en la experiencia del discernimiento. 

* * * 

   El buen consuelo se produce, sea que el cuerpo vele, sea que se disponga a entrar en una especie de sueño, cuando alguien adhiere, por así decir, al amor de Dios con un ardiente recuerdo. El consuelo engañoso se produce siempre, ya lo he dicho, cuando el combatiente es tomado por un ligero sueño sin tener más que un semirecuerdo de Dios. El primero, siendo de Dios, viene, evidentemente, para un alivio profundo, para invitar al amor al alma del combatiente de la devoción. El segundo, cuya naturaleza consiste en soplar sobre el alma una brisa engañosa, intenta despojarla, a favor del sueño del cuerpo, de la experiencia que vive aquel que conserva intacto el recuerdo de Dios. Si el intelecto se encuentra, como he dicho, en un recuerdo atento del Señor Jesús, armado de la gracia y de la fiereza que le da su experiencia, disipa esta brisa de falsa dulzura del enemigo y, alegre, emprende el combate contra él. 

* * * 

   Si el alma, con un movimiento seguro y sin imágenes, se inflama de amor por Dios llevando, por así decirlo, al cuerpo mismo hasta las profundidades de ese amor indecible - ya sea que el cuerpo del que está movido por la santa gracia, vele o entre en el sueño - sin otro pensamiento que el término del movimiento que lo lleva, sabed que esto es obra del Espíritu santo. Pues, colmado totalmente por esta inexpresable suavidad, le es imposible concebir nada, en tanto que es raptado por una alegría inexpresable. Si el intelecto concibe, en esta moción, la menor duda o algún pensamiento impuro, incluso si recurre al santo nombre para rechazar el mal y no únicamente por amor de Dios, es necesario concluir que este consuelo, bajo su apariencia de alegría, viene del mentiroso. Esta alegría indecisa y desordenada es la del que viene para llevar el alma al adulterio. Cuando él ve el intelecto fuerte hundirse en esa experiencia sensible, por ciertos consuelos engañosos conduce al alma, para que, relajada por esta yana y cómoda dulzura, no reconozca la mezcla de mentira. Nosotros debemos discernir el espíritu de verdad del espíritu de mentira. Pues es imposible gustar íntimamente la bondad divina y experimentar conscientemente la amargura del demonio si no se tiene la certidumbre absoluta de que la gracia estableció su morada en lo profundo del intelecto, mientras que los espíritus malvados circulan alrededor de los miembros del corazón. Esto es lo que los demonios ocultan a los hombres a cualquier precio, a fin de que el intelecto, debidamente informado, no pueda precaverse contra ellos con el recuerdo de Dios.





 HESIQUIO DE BATOS


           La sobriedad es un método espiritual que nos libera enteramente, con la ayuda de Dios y mediante una práctica sostenida y decidida, de los pensamientos y palabras apasionadas así como de las malas acciones. Ella procura un conocimiento seguro del Dios incomprensible y resuelve de manera secreta los divinos y ocultos misterios. Cumple todos los mandamientos del antiguo y del nuevo testamento y procura todos los bienes de la vida futura. Ella es, ante todo, esa pureza de corazón que por su excelencia y su belleza, o más exactamente, por nuestra negligencia y desatención, se ha hecho tan rara entre los monjes de este tiempo y que Cristo ha bendecido: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8). A este respecto, ella posee un gran valor. La sobriedad guía al hombre que la practica con perseverancia en una vida justa y agradable a Dios. Ella es, además, una escala que conduce a la contemplación, nos enseña a dirigir convenientemente los movimientos de tres partes del alma (razón, irascible y concupiscible), a guardar con seguridad nuestros sentidos, aumentando, día a día, las cuatro grandes virtudes.

 * * * 

   Ten cuidado de que no se eleve en tu corazón un pensamiento secreto» (cf. Dt 1, 9). Moisés (o mejor dicho el Espíritu santo), entiende por ello la simple aparición de un objeto malo por odio a Dios, lo que los Padres llaman la sugestión. Ofrecida al corazón por el diablo, ella es seguida, tan pronto como se presenta a la inteligencia, por nuestros pensamientos que entablan con ella una conversación apasionada. 

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   La sobriedad es el camino de todas las virtudes y de todos los mandos de Dios. Consiste en la tranquilidad del corazón y en un espíritu perfectamente preservado de toda imaginación. 

* * * 

La atención es un corazón en reposo (hesychia) permanente de todo pensamiento, que sólo respira e invoca sin interrupción a Cristo Jesús Hijo de Dios, que combate valientemente a sus flancos y se confiesa a aquel que tiene el poder de perdonar los pecados. Que el alma, por una invocación sostenida, abrace a Cristo que escruta secretamente los corazones.., entonces el Maligno no encontrará resquicio por dónde introducir su malicia en el corazón y destruir, entre todas las obras, la perfecta.

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   La sobriedad es un centinela del espíritu, inmóvil y perseverante ante el portal del corazón, distinguiendo sutilmente los que se presentan, descubriendo sus propósitos, vigilando las maniobras de esos enemigos mortales, reconociendo la intención demoníaca que intenta, mediante la imaginación, confundir a nuestro espíritu. Esta obra, valientemente conducida, nos dará, silo queremos, una experiencia muy lúcida del combate interior.

 * * * 

   El doble temor, los abandonos y las pruebas pedagógicas que Dios utiliza con nosotros, tienen por efecto natural crear una continuidad de atención en el espíritu de quien se esfuerza por cegar la fuente de los malos pensamientos y acciones. Esa es la razón de los abandonos y de las tentaciones enviadas por Dios para enderezar nuestra conducta, sobre todo si, después de haber gustado la dulce paz de la atención, hemos caído en la negligencia. El esfuerzo sostenido engendra el hábito; éste, a su vez, genera una cierta continuidad de la sobriedad, la cual nos proporciona, poco a poco, una visión directa del combate; seguidamente, la perseverante oración de Jesús, nos trae el suave reposo del espíritu, libre de imaginaciones y en el estado establecido por Jesús. 

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   «No todo el que me dice: '¡ Señor! ¡ Señor!' entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre» (Mt 7, 21). Ahora bien, la voluntad de Dios es «detestar el mal» (Sal 97, 10). ¡Detestemos, pues, los malos pensamientos por la oración de Jesús y habremos cumplido la voluntad de Dios! 

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   De cuántas maneras, en mi opinión, la sobriedad purifica al espíritu de los pensamientos apasionados, os lo voy a indicar inmediatamente...







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CODEX AUREUS ESCURIALENSIS





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